Semana 25: Sedentarismo forzoso (III)

Fragmentos de mi diario personal, en orden cronológico inverso.

Día 175 del viaje, sábado 10 de noviembre. Dentro de 5 días haremos seis meses de viaje (sigue siendo un viaje aunque lleve 20 días interrumpido).

Mike y Pak se han ido a la parroquia, a una reunión de hombres: “Men Breakfast”. No entiendo el porqué de la discriminación de género pero imagino que algunos hombres se animan más a tratar ciertos temas o problemas si no hay mujeres por medio. También hay “Women Breakfast”, en cualquier caso.

Mientras esperamos a que terminen, yo ando rumiando los acontecimientos de los últimos días, bebiendo sorbito tras sorbito de café y echando pestes de la neuróloga, que se fue de vacaciones sin firmar el informe médico.  No solo nos dejó perplejos con su receta, sino que para colmo nos ha condenado, con su negligencia, a esperar por más tiempo la autorización del seguro.

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Casi tres semanas aquí… Me preocupa que el entorno de los Totmans (no tanto su familia, sino sus amigos y otros parroquianos) nos consideren unos gorrones… Nosotros ya no sabemos cómo ayudar más y cómo aportar más económicamente (no nos dejan pagar alquiler y nos cuesta Dios y ayuda que nos dejen invitar y pagar compras, gasolina…).

Creo sinceramente que ellos disfrutan de nuestra compañía tanto como nosotros de la suya, pero quizás ya empieza a ser una estancia un pelín larga para todo el mundo.

Día 174 del viaje, viernes 9 de noviembre. Ayer fue bastante duro y complicado el trabajo en el closet de la parroquia, porque estaba abarrotado de gente. Esta vez ayudé abajo, en la recepción, mientras Pak colocaba ropa y objetos arriba.

A una supuesta refugiada de Guatemala le dijo Anneka: “Llévate todo lo que necesites” y la mujer arrambló con 20 pares de zapatos y cuatro bolsas grandes de basura llenas de ropa. Tiene tres hijos, sí, pero… ¿Veinte pares de zapatos?? Les dije a Mike y Anneka que no se extrañen si de repente vienen muchos “refugiados”…

A otra doña la pillé inscribiéndose con su segundo apellido y al buscar el primero, resulta que tenía otra ficha y recolectaba ropa con una u otra ficha, según le conviniera. La picardía hispana es exportación directa de los españoles, cultivada durante siglos…

La última anécdota del día la protagonizaron los sujetadores. Una donación de unos 50 sujetadores de la marca Victoria’s Secret, talla grande, causó furor. Pero como cada mujer sólo podía llevarse un sujetador, sorprendimos a algunas con intentos desesperados de llevarse más, como marcar los sujetadores adicionales como ropa de sus niñas pequeñas, esconderlos entre otras prendas… Pero a mí no se me escapaba ni una, hasta el punto de que Mike me apodó la “bra defender”, defensora implacable anti-robo de sujetadores.

Llegué agotada y no me animé a ir a la clase de Aquagym de Anneka. Y hoy me he despertado algo más tarde de las 9 de la mañana.

Por la mañana fui con Shari a la granja donde tienen alojados sus caballos y vimos montar a Hanna y a dos de las hijas de Bethany (los niños no están atados a horarios porque reciben su formación escolar en casa, lo que se llama home schooling). Luego pasamos por casa de Bethany a hacer tiempito y llegaron Mike y Pak.

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Ya todos reunidos y bien encafeinados, fuimos a ver a Alicia, otra hija de Bethany, montar a su caballo Tiny, aunque por desgracia no llegamos a verla hacer piruetas sobre el caballo.

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Me sorprendió ver que en los establos, todos los dueños de caballos que vimos eran mujeres, y me pregunto si es habitual esto: quizás muchas mujeres pueden permitirse el lujo de no trabajar y mantener un caballo mientras sus maridos ganan el pan. No es el caso de Shari y Mike, que fueron profesores y durante muchos años las pasaron canutas para financiar la pasión por los caballos de sus hijas…

Anneka y Jeremy se han ido de vacaciones así que en la casa nos hemos quedado Mike, Shari, Pak y yo. Por la tarde merendamos tranquilitos y nos fuimos los cuatro a tomar una cerveza al pub de la esquina.

Día 173 del viaje, jueves 8 de noviembre. Hemos leído con tristeza que Valérie, Raphaël, Manon y Lison, la pareja francesa que conocimos cerca de Gatineau, y que viajaba con sus dos niñas de 5 y 7 años, sufrieron un ataque violento en Arizona. Un tipo les amenazó con una pistola… Y no han querido contar más, pero han abandonado el continente americano y tras dos semanas de reflexión han decidido que continuarán su viaje por Asia, por países que ellos ya han recorrido y conocen bien. Las niñas no parecen haber sufrido más allá del susto, pero los adultos hay algo de su trauma que no cuentan, que no quieren contar, y no sé qué es peor, porque se imagina una cosas horribles…

Creemos que su decisión es correcta: alejarse del lugar del trauma pero continuar con el viaje, porque parar y encerrarse entre cuatro paredes regurgitando lo que ha pasado no es la mejor solución. Una pena que se queden sin conocer América Latina… Quizás puedan volver en un futuro y retomar la ruta.

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Hoy estamos un poco parados, hastiados y aburridejos: queremos que acabe ya nuestro viacrucis por varios servicios médicos.

Por la tarde toca ayudar con la ropa donada en el closet de la parroquia y por la noche creo que volveré a la clase de aquagym con Anneka, porque este sedentarismo ya me está poniendo kilos encima y me estoy anquilosando.

Día 172 del viaje, miércoles 7 de noviembre. Madrugamos un porrón y fuimos en Uber hasta Tualatin: una hora en carretera y llegamos tarde, por lo que nos hicieron firmar formularios a toda prisa y se les olvidó el que autoriza a transmitir los resultados al seguro (como supimos después).

La neuróloga nos dio más información de lo que se veía en la resonancia pero no se quiso mojar mucho sobre si es la causa de los desmayos. Recetó un medicamento para las convulsiones (¿qué convulsiones? Pak no ha sufrido convulsiones) y nos remitió a un neurocirujano para una segunda opinión especializada, además de encargar un electroencefalograma: es decir, aún nos quedan dos visitas médicas como poco.

Volvimos en dos buses (¡dos horas de viaje!) y en uno de ellos perdí el soporte de la tarjeta sim del móvil, por lo cual ya no podré llamar ni recibir llamadas… ¡Me da mucha rabia! Con Vodafone las llamadas a España desde Estados Unidos costaban igual que desde cualquier otro país de la UE.

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Por la tarde hubo un poco de rifirrafe telefónico con los seguros porque a pesar de nuestros e-mails, no se habían enterado de la visita concertada para hoy; ciertamente es una fecha más temprana que la del día 20 que nos ofrecía el seguro, y se consiguió gracias a las gestiones de Shari, pero Pak había insistido por teléfono que contactaran con Doctors Now antes de confirmar la cita y así dijeron que habían hecho (y parece ser que no).

El principal problema derivado de esta confusión (y del olvido de la secretaria, en cuanto al formulario de autorización) es que los seguros tardarán más en revisar y autorizar las siguientes visitas. Si logramos que nos vean a principios de la semana próxima, ya será un milagro…

(Días más tarde supimos que, para empeorar aún más las cosas, la neuróloga se fue de vacaciones sin firmar el informe médico.)

Por la tarde hemos ayudado a Jeremy y Mike a mover los últimos trastos de la ya casi ex casa de Anneka y Jeremy. Luego por la noche hemos participado en una especie de catequesis que celebraban aquí los Totman: un grupillo de adultos de la parroquia debatiendo la biblia y rezando juntos.

Pak tenía cara de aguantar con mucho estoicismo; yo intenté sacar lo positivo de lo que oía, despojándolo de lo beato e intentando ir más allá del rollo del sacrificio para la vida eterna. Y dale con la vida eterna… Bastaría predicar el amor al prójimo como bien en sí mismo, sin prometer el más allá.

Al acabar, pronuncié una retahíla de agradecimientos al grupo por habernos dejado estar presentes en su reunión, expresando mi admiración por los Totman. Espero que no sonara muy pasteloso y exagerado, porque mis sentimientos son sinceros.

Día 171 del viaje, martes 6 de noviembre. Pak se levantó temprano pero yo remoloneé hasta las 8:30 para no interferir con la familia de Anneka, porque cuando está su hijo, el chaval se pega 45 minutos bajo la ducha mientras su madre y su padrastro se estresan preparándole el lunch en la cocina… Mejor no estar por medio.

A las 10 y pico vino un Uber y nos fuimos a que Pak se hiciera la ecografía del corazón. Yo esta vez no entré porque en mi propia experiencia, no se distingue gran cosa, e hice bien porque la técnica le confió a Pak que ella lo veía todo muy normal (quizás si yo hubiera estado delante, se habría cortado más para emitir su opinión, por eso de que aquí lo tienen prohibido a no ser que sean médicos).

Luego hicimos tiempo por la zona: mientras yo hojeaba libros en una librería, Pak buscó una nueva sim que nos permitiera usar el móvil como hotspot (para yo tener wifi), y luego nos fuimos a tomar un café, comimos, nos tomamos una cervecita…

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A las 15:00 vinieron a la zona Mike, Shari y Jeremy para arreglar los papeles de la compraventa y nos fuimos todos a casa, previo paso por Costco para pillar la cena, un plato muy sabroso de pasta con salchichas, espinacas, tomates y una salsa de vino y ajo.

Cenamos a gustito en familia, seguimos las evolución de las elecciones, y luego vimos un par de episodios de series en la tele.

Mañana madrugamos para ir al neurólogo…

Día 170 del viaje, lunes 5 de noviembre. Amanecimos sin prisa porque hasta las 11 no habíamos quedado con Anneka en ir a ayudar con el closet de la parroquia. Fuimos hasta allá caminando tranquilitos y estuvimos ayudando a colgar y ordenar la ropa limpia que se expone al público candidato de donaciones gratuitas. Había por ahí un muchacho muy cantarín que dedujimos tenía algún problema neurológico, y efectivamente estuvo “dando la nota” repetitivamente la hora y pico que estuvo por allí. Nos contó luego Anneka que a veces ponen de ayudantes a personas que necesitan adquirir habilidades sociales y sentirse valoradas, y que cuesta encontrar voluntarios como nosotros: ágiles, eficientes y que captan las instrucciones a la primera. Nosotros también estamos agradecidos de que nos den ocupación, porque si no, la espera se haría insoportable.

Comimos de sobras y el resto de la tarde remoloneamos mientras Mike hacía costillas en la barbacoa y Shari preparaba una ensaladita de papas.

¡La cena fue portentosa! De nuevo en familia, y en buena compañía.

Día 169 del viaje, domingo 4 de noviembre. Anoche estuvimos hasta tarde charlando y peliculeando (A knights’ tale, malucha y surrealista, petada de anacronismos, pero entretenidilla) y a pesar del cambio de hora hemos resentido el madrugón para ir a ayudar con la Christmas experience. En todo caso, nuestra labor era sencilla: explicar cómo donar regalos y asegurarnos de que solo entregábamos las tarjetas individualizadas a quienes se comprometían a aportar.

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La misa de hoy la tragamos peor: de nuevo conciertillo en vivo con música chachi, poperilla, y buen ambiente y camaradería, pero esta vez quien nos sermoneó fue el pastor, y no un feligrés, con un rollo macabeo sobre patriotismo, sacrificio y vida eterna. Lo más interesante fue un vídeo sobre Pearl Harbor y los veteranos supervivientes, pero la deriva hacia el ensalce de la nación y de la importancia de sacrificarse por el prójimo para ganar la vida eterna ya nos repateó bastante.

Por supuesto, nos abstuvimos de hacer comentarios críticos, porque estamos muy agradecidos con los Totman y su comunidad y no queremos incomodar a nadie.

Más interesante me pareció el bautizo de un chaval de unos 8 años: fue su madre quien le sumergió en la pila bautismal hinchable que habían improvisado allí, ya que se da a los bautizandos la opción de elegir quién debe ejercer de Juan Bautista. De nuevo, otro ejemplo de concesión a las mujeres de un papel relevante, cosa que yo no he visto jamás en los rituales católicos.

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Comimos pizza y crudités en la casa, los habituales y también Ashley y Zack, hija y yerno de Jeremy. Luego Pak y yo paseamos por un senderillo que hay en el pueblo, el B Street Trail. Era una tarde soleada y no muy fría, con los bellos tonos naranjas y rojizos del otoño por doquier.

Por la tarde nos hemos relajado, leyendo y viendo la tele hasta tarde (mola la serie The Rookie, sobre un policía novato cuarentón).

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