2022

Tenía ganas de dedicarle una entrada del blog a este año pasado, que ha sido excepcional, y entonces no sé por qué me dado por pensar que todos los años acabados en 2 han marcado hitos bastante significativos en mi vida.

En el 82 hice la primera transacción económica de mi vida: vender un cromo (¿o era una pegatina?) de Naranjito; en el 92 planté mi primer árbol, una encina, Quercus ilex, y me dieron mi primer beso; en 2002 me harté del Reino Unido y me mudé a Alemania, partiendo un corazón, además del mío propio, en el proceso; en 2012 me casé con el amor de mi vida, murió mi padre y, por una macabra broma del destino, me quedé embarazada; finalmente, en este maravilloso 2022 no trabajé ni un solo día y escribí un libro, cerrando así el ciclo de plantar, engendrar, crear que dictan todos los cánones.

“Ya me puedo morir”, me he dicho muchísimas veces, en cada hito que marca la absoluta plenitud y felicidad que reina en mi vida, y la ironía es que, cuando de verdad me visite la parca, todavía me quedaré sorprendida: “¿Ya?”, diré. “¿Te sorprende? ¿No llevas diciendo nosecuántas veces que ya te puedes morir?”, contestará ella.

Pues sí, ya me puedo morir, pero tiene pinta de que aún voy a dar mucha guerra porque me siento más fuerte, más joven y más poderosa que nunca.

Este ha sido un año muy feliz, el más feliz desde aquel 2012, que no sé si es porque lo tengo idealizado, pero pensé que jamás encontraría parangón.

(He dejado que mi móvil me haga una selección de fotos, porque tengo tantísimas, que me daba una pereza horrorosa ponerme a mirar. La selección es bastante horripilante y dejo muchísimas cosas en el tintero: culpemos a la “inteligencia artificial”.)

El año empezó como un escupitajo en el ojo. Daba un poco de miedo quedarse sin trabajo, recién salidos de una pandemia, pero hice cuentas y con lo poquísimo que gasto, resolví que podría aguantar muchos meses.

Me fui a mi hogar, Canarias: decidí asentarme aquí de nuevo mientras hacía algún que otro curso para que no se me anquilosasen las neuronas.

Alquilé una habitación de mi piso para tener algún ingresillo, siempre con la condición de que yo pudiese entrar y salir como TE por su casa.

Me comprometí a ver a cuantos amigos me diese tiempo a ver, a lo largo del año, y por supuesto empecé con el núcleo duro.

Comulgué con la naturaleza de mi entorno, descubriendo increíbles paisajes de cardones a tan solo diez minutos a pie de mi casa.

Mi segundo propósito del año fue gozar de la música en vivo y en directo tantas veces como tuviese ocasión, y es así como esta leona se topó con esta otra Lioness y me compré el primer CD del lustro (hacía una barbaridad que no me compraba música).

Me entregué a muchas sea welcome dances: nadé, buceé, bailé, corrí, leí, siesteé, reí y lloré.

Pisé suelos de sequoia en el viejo Tribunal que una vez me acogió en su seno, y de paso hice picnics con los amigos de siempre.

De vuelta donde mora mi amol, fuimos a lugares con dos (y más) pelotas.

Fuimos a una de mis top fives y saludamos a la familia.

Hice mi primer viaje en bici en solitario, como ya he relatado en este blog, y con una buena amiga y otras treinta mujeres llegué hasta Cantabria.

En Bilbao vi a una querida amiga, perdí un reloj y compré libros, muchos libros, que devoré en el camino a casa.

Quedamos en Holanda con nuestros viejos amigos canadienses.

De regreso al hogar, celebramos nuestras nupcias de estaño con un puñado de amigos que vinieron a celebrar con nosotros nuestro amol.

Mi sis me hizo descubrir la ciudad que me vio nacer con nuevos ojos.

Disfrutamos del arte, la naturaleza, la arquitectura, el teatro… Mi móvil es estúpido porque no ha seleccionado ninguna de las fotos preciosas de ese periodo.

Rematamos el verano con la familia no de sangre en una remota cueva de Granada.

Música, y más música: perdí joyas en ese concierto pero me llevé oro para el alma en forma de música y baile.

La vida nos regaló poder contemplar a una nueva personita venida al mundo; no era la primera y no sería la última porque aún nos presentarían a otra personita en Fuerteventura; da gusto verlos llegar a familias donde son muy bienvenidos y bienamados.

Risas y llantos con la familia, en el drama que estamos viviendo y sin embargo, no empaña un ápice la felicidad global de este año sinigual.

Regreso al pasado: lo fea que era esta ciudad en mi adolescencia y lo bonica que está ahora…

Gran hazaña ciclística en el Entreviñas: yo no lo he narrado en este blog pero Pak sí: https://pakette.org/nuestro-primer-entrevinas/

En las Palmas durante el Womad

Visita a la “España vaciada” con mi amigo F., ¡al que no había vuelto a ver desde 2013!! Que hayan decidido comprar aquí tan cerca es una de las mejores noticias del año.

Lanzarote > Tenerife > Fuerteventura, lo que será otra entrada autónoma en este blog, en los próximos días.

Paisajes insólitos, compañía y soledad en cómodas dosis.

San Pak de Asín

¡Acabamos el año con muy buenos vientos!

(Con la de fotos preciosas que tengo de este año… De verdad, la máquina selecciona como el c…)

Leave a comment