¿Y si la clave es la bicicleta?

Obvio, me dirán, pero va a ser que llevarse la bici más adaptada a las circunstancias del viaje influye positivamente en el rendimiento físico de esta ciclista… A lo largo del último año recorrí 12.000 km con una bici buenísima, casi nueva, especialmente diseñada para el cicloturismo, y no dejé de sufrir ni un solo día. Y ahora vengo de completar 1.300 km sin apenas problemas con una bici híbrida viejuna que gané en un concurso literario hace 28 años. ¿Qué ha pasado? Principalmente que el camino ha sido llano y asfaltado, pero no solo eso… Analicemos.

bicitoria
Bic(i)toria, aka Bicky.

Ruedas grandes para piernas cortas

Bicky, mi Bianchi híbrida ensamblada en un año en que Freddy Mercury aún se afeitaba el bigote, es la bici con la que yo más tiempo he rodado en mi vida. He tenido otras bicis y durante mucho tiempo Bicky estuvo lejos de mí, custodiada por uno de mis hermanos o mis amigas Elena y Silvia, pero a raíz de este viaje ya lo sé, no me cabe duda: estamos hechas la una para la otra y nos hemos esculpido mutuamente. Mis malas posturas las he adquirido con ella, y al mismo tiempo cada una de sus piezas está ya habituada a mi manera de pedalear: nada se rompe.

Más relevante aún: tiene las ruedas más grandes que la Fahrrad Manufaktur cicloturista de mi compañero (misma marca que yo me llevé a Norteamérica y Nueva Zelanda). Abandoné la física y las matemáticas el mismo año que me dieron esta bici y soy muy lerda para los cálculos, pero no hace falta ser un genio para darse cuenta que con una bici grande y unas buenas marchas se cubre más recorrido y en menos tiempo que con ruedas más pequeñas.

También ayudan las leyes de la aerodinámica si las ruedas son más finas y se lleva poco bulto: el viento o la rugosidad de la superficie ofrecen menos resistencia. Ha sido un hecho que he rodado más rápido en este viaje: en todo momento le he visto la espalda a mi compañero, algo inaudito en otros periplos nuestros.

Música o podcasts para momentos chungos

Pedalear cuesta arriba me resulta francamente insoportable, pero las penas con música son menos penas. En nuestra ruta por Bélgica, Holanda y Alemania apenas hemos sufrido grandes cuestas pero hubo tramos muy duros por el calor, los adoquines o la gravilla. En esos momentos en que hay que bajarse de la bici y empujar penosamente, llevar música agradable o sintonizar un buen programa de radio ayuda a mitigar las cuitas. Pak lleva una radio pequeñita colgada del manillar y yo me conecto con mi teléfono y un solo auricular (para estar con la otra oreja atenta a los ruidos de la carretera). Me encanta el idioma alemán por lo que he disfrutado muchísimo oyendo la radio en este viaje.

breakfast
¡Me voy a desayunar!

Comida, bebida y por supuesto drogas

Hemos aligerado mucho esta vez (cuatro alforjas entre los dos, en vez de ocho) pero llevar siempre comida y agua suficiente y hacer pausas en el camino para recuperar las fuerzas ha seguido siendo un sine qua non. Además, logré encontrar al distribuidor de Nuun en Bélgica y me pude llevar los complejos vitamínicos, hidratantes y cafeinantes que me salvaron el pellejo en Canadá y Estados Unidos. Me llevé otras marcas de electrolitos a Nueva Zelanda y fue un fiasco, así que permaneceré fiel a Nuun de por vida, al menos mientras siga haciendo deporte.

Asunción de roles y limitaciones

Pak ha asimilado que es el dueño y señor de la ruta y que yo soy la reina de las pausas. Mientras él se ha convertido en un experto en organizar el día según las inclemencias climáticas, los desniveles o rugosidades del terreno y la disponibilidad de comida y alojamiento, yo sigo en mis trece de que hay que parar cuando hay que parar. Cierto es también que me amilano menos ante las dificultades y lo que antes era un mundo ahora me parecen tonterías; por ejemplo, me caí dos veces en este viaje pero en cuanto vi que no tenía heridas abiertas, me levanté como si nada y seguí silbando mi buena suerte de no haberme lesionado. Del mismo modo, ahora cuando me pican, se me pasean y se me cuelan insectos me da bastante igual, mientras que hace un año me lamentaba de mi mísera suerte cada vez que se cruzaba un bicho en mi camino y me quedaba temblando de puro susto y asco. Tras haber estado en América, eso sí, cabe decir que el tamaño y peligrosidad de los insectos que tenemos en Europa es de risa.

sillínLast but not least, the SADdle

El sillín volvió a darme problemas y durante unos días fui cantando mi propia versión de la canción de los Kings of Leon, My chichi is on fire (for different reasons). Por suerte encontré una funda de gel baratita en un supermercado que con el acertadísimo nombre de TitAnus hizo maravillas para las vibraciones y fricciones del camino.

Concluyendo que es gerundio

Se puede viajar con Superman, sobre todo cuando finalmente asume que Lois Lane no es inmortal ni sabe volar, y aparca la capa de vez en cuando. Suena heteropatriarcal pero en nuestros viajes en bici, siento tener que decirlo, reina la desigualdad y yo ya he mencionado en otros lugares de este blog que lo he asumido y me va mejor desde que me resigné a mi rol de paquete.

En cualquier caso, una buena elección de las bici ayuda. Nosotros llevábamos las mismas bicis en nuestro viaje transoceánico porque así necesitábamos menos piezas de repuesto, pero cuando hay disponibilidad de tiendas y talleres, las divergencias entre ambos velocípedos no es un problema. Todos los demás factores: peso de la carga, perfil de la ruta, tipo de superficie e inclemencias del tiempo (viento, temperatura, humedad) también deben estudiarse teniendo en cuenta las capacidades, limitaciones y preferencias de los viajantes, porque lo que a uno le gusta puede ser una tortura para el otro (la lluvia, por poner un ejemplo).

Intentaré publicar más sobre este viaje, aunque me cuesta escribir cuando no hay grandes sufrimientos que contar.

In the meantime, you can read more about our last trip at http://www.pakette.org (in English).

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