Nueve meses: Reflexiones

Cuatro altos, cuatro crisis, cuatro veces que quise abandonar. Una Baja: la península de Baja California, que marca el fin de nuestra excursión americana.

IMG_20190214_174326

Hoy hace exactamente nueve meses que salimos de viaje. “¡Nueve meses! ¡El tiempo de un embarazo!”, nos ha dicho alguno o alguna aquí por México (clinc, clinc, guiño picarón incluido). Por respeto, nos abstenemos siempre de contestar alguna bordería, pero a la próxima vez que alguien nos haga el símil, tendré que decir que el embarazo no llegó a término: volvemos a Europa antes de lo previsto.

Los motivos

No voy a dar explicaciones de por qué volvemos antes: los motivos son múltiples y enumerarlos supondría necesariamente darle un orden prioritario a unos frente a otros. Si leen mi blog, que se autodestruirá en pocos días, sacarán sus propias conclusiones y sin embargo, probablemente se equivoquen flagrantemente: nosotros mismos no tenemos una idea clara y unánime de por qué hemos decidido salir ya del continente americano.

Qué cambiaría

En este tiempo han sucedido muchas cosas y no cambiaría ni una sola; sí hubiera preferido volver a ver a una tía mía muy querida, pero por desgracia la muerte es lo único que no tiene remedio.

Qué lamento

Me duele en el alma dejar México tan pronto, me quedo con hambre de conocer más a sus gentes, sus paisajes, su comida deliciosa, su historia y su carácter. Otra vez será.

También me duele que Pak deje de viajar, porque esto se le da muy bien; sin embargo, él no quiere viajar solo ni con otra persona.

Qué ha cambiado y qué no

  • Aprendí a valorar más que nunca lujos increíbles como el agua potable y el agua corriente;
  • Descubrí que la mayoría de la gente es maravillosa: merece la pena tener fe en la humanidad;
  • Descubrí que soy capaz de hacer deporte ocho horas seguidas;
  • … Y que la piel es capaz de acostumbrarse a todo;
  • Hablo más con la gente: de hecho, nunca antes había sido tan sociable;
  • Me volví un puntito menos melodramática; me quejo un poquito menos (solo un poquito);
  • Sigo teniendo miedo a que nos roben (al descuido) a cada momento, pero tengo menos miedo en general, y temo por mi integridad física menos que antes;
  • (Con todo, por si acaso moría en este viaje, dejé ya todo dicho);
  • Sigo cansándome mucho y sigo igual de hipocondriaca y tremendista, pero soy capaz de comprender y racionalizar por qué me siento como me siento;
  • (Ahora sé que la mayoría de las veces es psicosomático: necesito vitaminas y electrolitos en estados carenciales, y entonces me siento mejor);
  • Sigo sin saber de mecánica de bicis;
  • No pedaleo más rápido, pero sí más tiempo;
  • En general, puedo decir que recuperé la ilusión de vivir y la confianza en mí misma: ahora sé que tuve síntomas de depresión cuatro años, aunque no sé si estuve realmente (clínicamente) deprimida;

Concluyendo con el mismo símil odioso

No han sido nueves meses “como un embarazo” sino como un posparto:

  • Sumida literalmente en la mierda más a menudo que una quisiera;
  • Tan cansada a veces que ni me acordaba de comer o ducharme;
  • Todo el mundo nos daba consejo y a veces aceptábamos el consejo de desconocidos y rechazábamos el de los allegados porque “no comprenden”;
  • En público mentíamos como bellacos, o mejor dicho, ocultábamos lo jodido que es viajar, igualito que los padres que solo cantan las delicias de la paternidad;
  • Tuvimos que reinventarnos en el sexo: el cansancio o las heridas cambiaron las rutinas de pareja;
  • Se ve a la pareja con otra luz, tanto en lo chungo como en lo bueno: son muchas miserias juntos que sacan lo mejor y peor de cada uno;
  • (También hubo tiempo de maravillarse y alucinar con experiencias increíbles;)
  • Por mucho que se busque la igualdad, al final hay una especialización por tareas que, por desgracia, suele cuadrar con roles tradicionales de género;
  • Se llora, se llora mucho, y una se siente muy sola, a veces injustificadamente;

La mayor (felicísima) diferencia es que del hijo ya no te puedes deshacer por el resto de tu vida, pero a un viaje le puedes poner punto y final…

¡Hacer un diario ayuda mucho y da perspectiva! Uno relee lo escrito y es asombrosa la cantidad de profecías autocumplidas.

¡Gracias por leerme! Haremos más viajes, pero borraré este blog tan pronto como me sea posible almacenar sus contenidos. Su finalidad era informar a familia y amigos y quien lo quiso leer, leyó y quien no, pues no pasa nada…

THE END

6 Comments

  1. Qué maravilla Tere! Aunque yo (aún) no he hecho un viaje de esas características (siempre en barco o en avión, cómodamente y a lugares “desarrollados”) siento que he aprendido con el tuyo ( sobre todo con este último post). No he leído todo lo que has publicado, pero te he seguido intermitentemente y me he maravillado con lo fuerte que has llegado a ser. Un beso grande y te espero para tomar más que un café; es más te ofrezco mi casa-cueva para celebrar una fiestuqui con tus amistades canarias cuando vengas por aquí que espero sea pronto. 💙

    Like

  2. Gracias por todos los grandes ratos que me has hecho pasar Súper Teresa. Para mi siempre serás ejemplo a seguir luchadora, constante y con ese humor que tanto me gusta y con el que tanto me río.
    Gracias, gracias por todo y por estar ahí que es lo más importante.
    Todo lo demás da igual. Las decisiones sean cuál sean son válidas para aquellos que las toman y el resto opina.
    Un besote de los graaaaandes y un abrazo enoooooormeeeee.

    Like

Leave a comment