Muchas dificultades para encontrar wifi o cobertura… No podré subir muchas fotos. ¡Esperamos poder publicar pronto en http://www.pakette.org!

Estás leyendo fragmentos de mi diario personal, en orden cronológico inverso.
Día 238 del viaje, sábado 12 de enero. Se oían todos los ruidos del pueblo junto a la taquería (perros, risas, juerga finsemanera, gallinas) pero finalmente hemos dormido bien —yo, al menos, gracias a los tapones.
Parece que estoy mejor de mi orzuelo incipiente en el ojo derecho y mi herpes pequeñito en el interior de una de mis fosas nasales. Desde el jueves, tras la noche en la tienda La Mía, filtramos el agua que sale de los grifos para lavarnos; en esta zona a menudo el agua de los baños viene de depósitos que tienen en los tejados y ahí puede haber caído de todo, no solo la lluvia.
Bastante que nos dan acceso a agua, la verdad, porque aquí es un bien preciosísimo. Nosotros compramos agua para beber, cocinar y lavarnos los dientes (y mucosas delicadas); para lavarnos el resto del cuerpo, hervimos o filtramos la del grifo porque estos dos últimos días hemos notado que la piel se nos resiente (esto de ser tan delicaditos es una desgracia).
En Tijuana no tuvimos problema con el agua; ya nos advirtió Sandra que estaba clorada pero era segura (para el baño, no para beber). Al salir de la capital, ya es otro cantar: la disponibilidad y la calidad del agua son lujos casi innaccesibles. Solo en Ensenada, Jose y Gabi nos explicaban que hay cortes constantes, y eso que es un municipio bastante importantejo.
Hoy seguimos hacia el sur y no tenemos esperanza de encontrar wifi o tener cobertura hasta llegar a San Felipe. Por suerte el GPS nos funciona y podemos escribir sms en caso de apuro.
Día 237 del viaje, viernes 11 de enero. Me levanté en mitad de la noche a comprobar el origen de un par de ruidos extraños, que resultó ser el viento meneando una silla y una lona en el exterior, junto a la piscina. Había supuesto que sería quizás el perro blanco que vino a visitarnos por la tarde, al que bauticé David Bowie por sus ojos bicolor. Volví al saco y dormí de un tirón hasta las seis y pico.



Por la mañana, recogimos tranquilitos y al salir le dimos una propina a Carlos. No nos había fijado un precio el día anterior: “Lo que quieran darme”, nos había dicho, y nosotros tuvimos muy en cuenta que estuvimos a cubierto, que había agua y que podíamos haber usado las sábanas limpias que había, de haber querido (pero no quisimos porque sabemos lo difícil que es lavar la ropa en esta zona, con tanta escasez de agua).
La jornada de hoy ha sido muy tranquila y agradable. Hubo cuestas largas solamente durante los primeros 10 kilómetros. Luego, algunos “columpios”, que diría Sandra, con poquísimo tráfico y paisajes muy interesantes, desérticos pero llenos de vegetación verdísima y florida salpicando la arena: es todo lo verde que puede estar esta zona: somos unos privilegiados al coincidir en esta época del año.

Comimos en el punto que nos había recomendado nuestra anfitriona tijuanense, tras el cartel de Héroes de la Independencia; era un supermercadito (Kona) muy bien abastecido y con mesitas en en el exterior. Pudimos comprar leche (¡al fin!), huevos y verduras frescas; comimos tortillas de harina con queso, tomate, tajín y el pescado ahumado que aún nos sobraba desde Ensenada.
Llegamos a nuestro destino tras una bajada francamente deliciosa donde no nos adelantó ni un solo coche.
Lo único es que debimos malinterpretar a Sandra porque, en lugar de ir hacia la gasolinera, seguimos abajo por la carretera 3 y no vimos ningún restaurantito, solo una tienda de abarrotes. En cuanto vimos un “mini hotel” y una taquería, supimos que nos habíamos pasado de largo. Ya por no volver cuesta arriba preguntamos en la taquería Jacqueline, y muy amablemente nos han dejado acampar al lado.
Quisimos cenar allí para hacerles negocio pero por distintas circunstancias (matar una gallina entre otros menesteres) tuvieron que ausentarse, así que hemos cenado de hornillo: huevos con nopal, el chorizo que nos regaló Jose y otras delicias du chef Pak. Como se hizo de noche y no había gran cosa que hacer, nos retiramos tempranito.


Día 236 del viaje, jueves 10 de enero. Me desperté con picores por toda la cara, especialmente en los ojos y la nariz, y supe que había sido un error lavarme la noche anterior con el agua que salía del grifo del baño. No me había percatado que venía del depósito que tienen en el tejado de la tienda, y por tanto es agua de lluvia y lo que caiga…
Me lavé toda la cara con las toallitas desinfectantes para los ojos que llevo y me sentí mucho mejor. Le adverti a Pak que habrá que filtrar el agua del grifo, al menos para lavar partes delicadas del cuerpo, como las mucosas.
Nos despedimos con cariño de Alejandra, ella muy agradecida por las compras y la propinilla por dejarnos acampar; nosotros por nuestra parte, también muy agradecidos por su porche tan agradable y por la noche de tranquilidad.

Hemos hecho unos 40 kilómetros con mucha cuesta y mucho calor.
Al llegar al Rancho El Manzano, nos ha aliviado mucho ver que tenían habitaciones con duchas. No había agua caliente y las habitaciones estaban llenas de polvo, pero podernos duchar es casi un lujo asiático en estos lares…



Hemos cocinado, lavado ropa, escuchado un podcast a la luz de la lumbre… El tema era un poco inquietante (Kubrik, el cristianismo y su relación con el culto a Saturno). No sé si podré dormir…
(De hecho, caí redonda; me dormí en cuanto me metí en el saco).
Día 235 del viaje, miércoles 9 de enero. Hemos dormido bien en casa de Jose y Gabi, aunque yo no he descansado suficiente, como siempre que me tomo más de una cerveza. Ayer nos “propasamos” un poco porque fuimos a tres bares diferentes, y aunque comimos, también bebimos más de la cuenta… El alcohol no es buen consejero para una sesión de ciclismo. Para colmo, tuve una pesadilla muy extraña y macabra, que no tengo ganas de contar.
Desayunamos tranquilitos y salimos con pereza de la casa. Nos despedimos de la pareja con un abrazo y Jose nos acompañó un tramo para indicarnos una tiendita donde pudimos comprar agua y alguna verdura para complementar el pescado ahumado y el portentoso chorizo que nos regalaron nuestros anfitriones.
La salida de Ensenada ha sido dura porque no hacía ni pizca de viento y el calor se hacía insoportable. Cuestas arriba de vértigo, esquivando baches para romperse bien los piños, y respirando carburante a cada vehículo que nos adelantaba. Ya nos pasó en Encinitas, aún en EE.UU., y nos vuelve a pasar en cualquier ciudad de por aquí cuando hay tráfico cuesta arriba: tienen los tubos de escape fatal, sin filtros o yo qué sé, o el carburante es adulterado, ni idea, pero la peste que echan se puede mascar y nos deja sabor y hedor a plomo en la boca y fosas nasales, respectivamente.
Por suerte pronto nos vimos ya entre lomas y cerros, con poco tráfico y aire limpio. Podría ser cualquier paisaje de Canarias; de nuevo sensación de “deyaví”, que diría nuestra amiga Lola.

Mucho calor y lentitud exasperante para Pak, pero yo con resaca y encima menstruando, deshidratada perdida, no doy para más. Bebía y bebía pero como ya arrastraba la deshidratación del día anterior, no me daba mucho de sí.
La tiendita “La Mía” estaba antes de lo que pensamos pero, dado que faltaban 40 km para el Rancho El Manzano, hemos decidido no seguir. Luego, comprobando nuestras notas, resulta que podríamos haber seguido un trecho más en dirección a Ojos Negros (Rancho Agua Viva), pero bueno, aquí estamos bien.
Las compras han sido muy baratas en la tiendita, así que le hemos dejado casi el equivalente a 10 dólares como agradecimiento por dejarnos acampar. Hemos comido un poco del pescaíto ahumado que compramos ayer, fruta y queso.
Estamos aquí en el tunel del tiempo: nos han puesto música de Raphael y de Serrat y estamos aquí disfrutando la cantinela de gallinas, perros y cantautores viejunos.
Pronto prepararemos algo de cena e imagino que la noche nos obligará a ir a dormir temprano, a no ser que nos quedemos un rato en el porche de estos amables tenderos.
…Y sí, por la tarde jugamos con la nena de la casa, Mía, mientras cocinábamos. Muy salada, tendrá 3 años como mucho, entretenidísima con sus chapitas de botella de cerveza y cola.
Día 234 del viaje, martes 8 de enero. Hemos dormido muchas horas, yo gracias a que me puse tapones, porque se oía todo tipo de fauna del pueblillo y además los dos trabajadores del Balneario no dejaban de comunicarse a gritos entre sí.
La ruta a Ensenada ha sido muy agradable, salvo un par de momentos en que se paró el viento y nos fundía el calor. Las cuestas se han hecho llevaderas, yo las subí con —relativa— energía. La sombra y el viento ayudaron mucho.
Hemos llegado a casa de Jose y Gabi, amigos de nuestro amigo Fernando, y nos han recibido con un vaso bien frío de agua con limón, ¡qué detallazo!
Tras la ducha y un ratito de charla hemos salido a recorrer la ciudad: que si tiendita de ahumados donde compramos bonita, puesto de tacos de pescado, ¡exquisitos! y agua de tamarindo, que si tres cervecerías: Cantina Houssons, Agua Mala y Wendtland. En el Agua Mala me comí una tostada deliciosa de pescado y aguacate.

Se ha portado genial, la pareja, nos han invitado más veces de lo que hubiéramos debido dejarnos invitar. A mí me dio apuros porque la vida en Ensenada es un pelín más cara que en el resto de Baja.
Nos hemos ido a dormir con el corazón contento y un par de cervezas de más.
Día 233 del viaje, lunes 7 de enero. No paré de dar vueltas por la noche; serían las vitaminas, que me tomé ayer a deshoras, o bien me pudieron los nervios de retomar el viaje.
Desayunamos fuertecillo: cereales y un pedazo de rosca de Reyes que nos trajo Sandra anoche. Su cuñado Víctor nos ha llevado hasta Rosarito entre colinas verdes que me recordaban mucho a la zona de Los Realejos, en Tenerife, y hemos emprendido la ruta tras parar en el restaurante “La Tía” para comprar gorditas, unas tortillas rellenas de frijoles, carne deshebrada, queso o nopal.

Nuestro primer día de rodada por México ha ido bien: el firme era de asfalto o cemento, con algún bachecillo pero bastante limpio. Ha hecho calor pero las cuestas no eran muy pronunciadas.

Hemos parado en Los Alisitos para comernos las gorditas que habíamos comprado y abastecernos de leche y queso. Allí podríamos haber acampado pero Sandra nos había dicho que estaríamos más tranquilos en el Balneario Las Palmas; que estaba además cercado, y habría duchas.
Hemos llegado al Balneario; es muy bonito y recogido, aunque al final la ducha era con agua fría… En Los Alisitos hubiéramos tenido wifi pero también más inseguridad y ruidos. Yo creo que aquí dormiremos genial.


Día 232 del viaje, domingo 6 de enero. Por la amenaza de lluvia (que al final no fue tanto) decidimos no salir tampoco hoy. Nos despertamos con las fotos de Reyes de la familia pero olvidamos felicitar a mi sobrino David, qué metedura de pata…
Tras desayunar un potente batido de plátano con chocolate, fuimos al mercadillo porque Cristina necesitaba cosas para su viaje. Nosotros compramos al fin un vaso para los cafés mañaneros de Pak (que pudo al fin tirar un vaso de yogur que llevaba semanas usando) y bicarbonato para limpiar mi alforja recién reparada. Disfruté mucho del paseo; el mercadillo no era nada agobiante, nadie gritaba sus ofertas o intentaba convencerte de comprar.

Por la tarde toda la familia y Cristina cruzaron a Estados Unidos para una reunión familiar de Reyes. Nosotros ya no teníamos permiso para entrar en EE.UU. y de todas maneras necesitábamos organizarnos, limpiar, reparar algunos rotos… La vieja alforja negra de Pak ha quedado “como nueva” (ejem) después de coserle por fin uno de los bordes exteriores, que llevaba al menos dos o tres meses descosido.
Han vuelto relativamente pronto (sobre las 21:00) y todos nos hemos retirado temprano a dormir.
Día 231 del viaje, sábado 5 de enero. Llovía, había dormido mal y necesitabamos reparar la alforja negra de Pak para que yo pueda ponerla delante al ir por “terracería” (terreno no asfaltado), ya que la alforja de la marca Altura va arrastrando por el suelo. Con esas excusas más que válidas, no hemos salido hoy.
Por 30 pesos (poco más de un euro) me han puesto tres remaches y, por primera vez desde el mes de julio de 2018, esa alforja volverá al lateral de la bici, en vez de ir abultando detrás, encima de las alforjas traseras. ¡Seré aerodinámica! ¡Yiiiiijaaaaaa!!!
Por la tarde reposamos un poco y luego fuimos a ver a Roberto, un amigo de Sandra y a su pareja alemana, Anneka, que estaban de visita familiar por navidades. Pasamos un rato estupendo y nos dieron muy buenos consejos para Baja. ¡Nos enseñaron algunas fotos espectaculares de sus viajes!
¡Gracias por leerme! No tenemos mucho acceso a electricidad o Internet, así que mis notas están escritas deprisa y de cualquier manera. So sorry!
