Sandra nos ha brindado aquí un oasis de paz y alegría increíble; yo no me podía imaginar ni de lejos, ni en sueños, que se nos prodigaría un recibimiento así en México.
Mientras escribo esto se me saltan las lágrimas de puro agradecimiento, de la emoción de sentirme parte de esta familia y esta comunidad maravillosas. No sé si seremos capaces de salir mañana en dirección a Ensenada, pero el plan es que sí…


Estás leyendo fragmentos de mi diario en orden cronológico inverso.
Llevamos cinco días en Tijuana. Es una ciudad muy especial. A cachos destartalada, con agujeros por las aceras donde uno podría fácilmente partirse un tobillo mientras camina, pero también luminosa, colorida, caótica, oliendo a comida, llena a reventar de gente…
No se puede obviar que hay pobreza y seguramente una violencia horrible en Tijuana, pero durante el día el ajetreo de la ciudad parece ocultar su lado más oscuro.
Día 230 del viaje, viernes 4 de enero. Hoy de nuevo dormí genial, viene a ser día sí y día no, últimamente, o sea que mañana me toca dormir mal…
No logramos poner la denuncia por la pérdida de mi tarjeta porque la oficina correspondiente de la policía estaba cerrada hasta el día 7, por vacaciones. Vamos, que si a uno le pasa algo grave, mejor que sea después de Reyes porque la policía no está, welcome to Tijuana! No pasa nada porque mi tarjeta está ya cancelada y la había bloqueado antes de que pudiera haber ningún cargo: denunciar la pérdida era una simple formalidad.
Tras un paseíllo, entramos a comer tacos y guacamole en un restaurante cerca de la oficina de las hermanas de Sandra, ¡delicioso todo! Luego llevamos a arreglar la rueda de Cristina, quedamos con ella para recoger su furgoneta del taller, y subimos a la casa porque nos esperaba una sorpresa de cena, preparada por el sobrino de Sandra, Álex y otro muchacho de la familia. ¡Qué bien nos están tratando!
Día 229 del viaje, jueves 3 de enero. Dormí regular porque habíamos cenado tantísimo (¡pero deliciosísimo!) anoche, invitados por Marcia y Jorge. Nos van a acostumbrar mal con tanto mimo…
Hemos empezado el día tranquilitos, bebiendo zumo de nopal y toronja, jugando con Panty, la gata gordita y escuchando música, debatiendo con Sandra sobre bandas tan dispares como Queen, Coldplay, Kings of Leon, Seasick Steve, Jeremy’s Loops… Cristina se ha ido con Víctor a ultimar la puesta a punto de la furgoneta, árdua tarea…

Colada y preparación de la ruta por donde acometeremos el descenso por la península de Baja California… Sandra nos ha dado todo lujo de detalles de dónde dormir, dónde comer, dónde se sufren las cuestas y dónde los empujará el viento de cola. ¡Qué anfitriona más maravillosa!

Fuimos al Scotia Bank para ver si mi tarjeta se la había tragado el cajero o se la había llevado alguien. No apareció pero al menos está desactivada y no ha habido cargos extraños. Mañana, por precaución, presentaré una denuncia a la policía y cancelaré la tarjeta del todo. Tengo otra tarjeta así que no es el fin del mundo.
¡Hemos probado los tacos! De asada, adobada, soadero, cabeza… También he degustado por fin una quesadilla auténtica y bebido agua de Jamaica, qué delicia todo para el paladar: ¡estamos encantados con la gastronomía de este país! Una vez que salgamos de Tijuana ya habrá lujos que no podremos permitirnos (nada de verdura cruda ni bebidas elaboradas con agua del grifo), así que estamos aprovechando.
Estoy utilizando el resto de la tarde para actualizar el diario y comenzar una merecida dedicatoria en el libro de visitas de nuestra anfitriona. También le estamos traduciendo a Sandra, del francés al español, la dedicatoria que le escribió otro huésped.
Día 228 del viaje, miércoles 2 de enero. Dormí muy bien, muchas horas de un tirón porque me puse tapones y no me quité el gorro de lana, que hace un fresquete por la noche de quedarse uno pajarito…
Sandra nos ha preparado un batido de chocolate, leche y plátano, ¡qué bomba energética más estupenda para empezar la mañana!
Hemos acompañado a Cristina, con Sandra y Víctor, en su periplo para poner a punto su carro. Aquí en Tijuana hay una barbaridad de mecánicos, pero cada uno especializado: este en radiadores, aquel en neumáticos… Cada uno de ellos requiere una cuidadosa negociación del presupuesto: ¡por suerte Víctor sabe mucho de mecánica!
Mientras hacíamos tiempo, fuimos al increíble mercado Hidalgo, con infinitos puestos de fruta y verdura, de especias, cerámicas, piñatas… Nos comimos dos cocos que nos abrieron y cortaron allí mismo con pulcrísima higiene: el hombre no rozó con sus manos la carne del coco en ningún momento, y la leche nos la vertió cuidadosamente en bolsitas que nos brindó con popotes —pajitas— (envueltas en sus saquitos individuales) para beberla. Cris no quiso arriesgarse porque ha tenido mala suerte comiendo cocos; las dos veces que lo intentó le sentó mal. Nosotros no tuvimos problema.
¡Compramos ingredientes para hacer mojo verde! Cristina ha preparado papitas arrugadas…

A eso de las 6 nos fuimos en Uber adonde nos había citado Marcia: ¡un restaurante español! Era muy cañí, cabeza de toro disecado y todo… Me pedí la fabada del pescador porque tenía pulpo, mejillones, pescado… ¡Sublime! Postre, copita… Tengo que preguntar cómo se llama la mezcla de cerveza que me tomé, y también el postre. Madre mía, si no fuera por la bici me pondría como una vaca oronda en este país: ¡todo está delicioso!!!
Día 227 del viaje, martes 1 de enero. Leve resaca pero sobre todo por no haber bebido agua antes de ir a dormir, y luego por haber dormido poco.
Nuestra anfitriona nos hizo crepes, nosotros rallamos chocolate para echarlo por encima…
Día de relax y charlar los cuatro… Por la noche fuimos a comprar tamales (de carne y piña) y champurrados (batidos), y comimos opíparamente en la casa. Tiene pinta de que en este país no vamos a pasar hambre…
Día 226 del viaje, lunes 31 de diciembre. Jerry nos acompañó un buen puñado de kilómetros hasta la salida de San Diego, pasando por el museo naval y una estatua enorme de un marinero dando un beso de despedida (o bienvenida) a su novia. Hubo trayectos muy chulos, por carril bici, a lo largo del puerto. Había mucha gente en la calle; normal, siendo víspera de fiesta.

Cuando nuestro anfitrión se despidió de nosotros, pude al fin bajar un poco el ritmo, que había sido endiablado, horrible para mis estándares. A la primera mesa de picnic que encontramos, casi le tuve que suplicar a Pak que paráramos a comer algo, porque estaba desfallecida. Teníamos poco que llevarnos a la boca (las manzanas que nos dio Barbara, zanahorias, queso…) y hacía un frío horroroso, pero yo me sentí mucho mejor después de comer.
A pocos kilómetros llegamos a un Walmart y entré a comprar algunas tonterías para fin de año: sombreros de papel, gafas horteras, globos…
Y unos 15 km más allá, tras una colina, apareció ante nuestros ojos la gran mole desordenada y luminosa de Tijuana. Su tamaño me impresionó: no sé por qué pensaba que sería más pueblillo.
El tránsito fronterizo fue muy sencillo y los oficiales muy amables. Entregamos el papelito de salida a las autoridades estadounidenses y luego rellenamos un formulario ante la autoridad mexicana. Tuvimos que pagar 1.066 pesos (menos de 50 euros) por nuestros dos permisos de 6 meses, desmontar las bicis y pasar todo el equipaje por el escáner, pero la agente que se ocupaba de la máquina tuvo mucha paciencia y buen humor. Nos sorprendió que solo estuviera una persona pero es cierto que al fondo de la sala había también un militar con una metralleta, velando por la seguridad de la sala.
A la salida de la frontera nos esperaba Sandra con el coche de su amigo Jorge. Cargamos todo y fuimos a un supermercado a comprar algunas cosas para la cena familiar; de nuestra parte, cervezas y dos tartas de postre.
Al llegar a la casa, conocimos a Araceli, la hermana de Sandra, a Víctor, su cuñado, y a demás familia: Álex, Gonzalo, Carolina… También nos presentaron a Cristina Spinola, y tengo que decir que me emocionó y me impresionó mucho verla en persona, cuando ya la había visto tantas veces en vídeo.
Charlamos un ratito todos antes de instalarnos en el salón de Sandra, y al poco nos fuimos todos a cenar a casa de Marcia, la otra hermana de Sandra. Estaban varios sobrinos, hijos de unos u otros, y amigos de la familia.
La cena fue deliciosa y pasamos un rato genial con esta familia, que además tiene la costumbre de cumplir simultáneamente con varios rituales de fin de año, como habréis podido ver en Facebook si nos seguís por ahí: comer las uvas, brindar, dar una vuelta alrededor de la casa con una maleta, barrer hacia fuera, tirar agua fuera de la casa y tirar unas monedas hacia el interior. Que si para ahuyentar las lágrimas o la mala suerte, atraer la riqueza… ¡Divertidísimo!
Jugamos a las cartas (al “Continental”) hasta las 2 de la mañana y luego volvimos a casa en el coche de Araceli y Víctor. ¡Nunca me hubiera imaginado que tendríamos una velada tan especial!
Día 225 del viaje, domingo 30 de diciembre. Día de relax y de ordenar alforjas, zurcir rotos, lavar bidones… Jerry y Barbara se fueron a comer con la familia y luego volvieron sobre las 16:00 para llevarnos a dar una vuelta por la Universidad, donde trabajaron hasta la jubilación. Ha sido un paseo muy agradable: junto a la biblioteca, la estatua de Dr. Seuss y una casita colgando de un edificio que simboliza lo fuera de lugar que se sintió su autor; estatua del dios Sol, paseo por el bosque musical…
Cenamos la tortilla portentosa que había preparado Pak mientras yo hablaba con familia y amigos…
Lo que no conté del día anterior:
La reparación del pedal no fue tan cara.
El encuentro con Jerry y Barbara fue muy especial, porque llevábamos tres semanas mandándonos e-mails sobre la piecita de mi móvil que habían recibido en nuestro nombre y teníamos muchas ganas de conocernos. Cenamos con sus amigos Lou and Joanne y estuvimos manteniendo conversaciones de lo más variopintas: sobre Baja California, por ejemplo… O, sacando a colación a nuestro Paketten Pis, incluso hablamos de unos estudios sobre el tiempo que tardan los animales y las personas en orinar, que resulta ser similar en todo el reino animal, independientemente del tamaño de la vejiga: entre 10 y 21 segundos. Fascinante…

Gracias por leerme. Siento no haber hecho muchas fotos esta semana. Podrás ver más fotos próximamente en http://www.pakette.org y en las redes sociales, a las que puedes acceder a través de dicho blog “oficial”.