Semana 32: Mañana, mañana… México

Mañana, o a más tardar pasado mañana, cruzamos la frontera por Tijuana, rumbo a la península de Baja California.

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Estás leyendo fragmentos de mi diario en orden cronológico inverso. 

Día 224 del viaje, sábado 29 de diciembre. Anoche insistimos en dormir en el suelo con nuestras esterillas y sacos de dormir: no queríamos complicarle la vida a nuestra anfitriona, que va a tener un fin de semana movidito entre carreras, entrenamientos en tándem y visitas de sus hijos.

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Tras un desayuno largo y tendido, con buena música, bien relajaditos, hemos emprendido el camino hacia casa de Jerry, en San Diego, pasando de nuevo por playas interminables llenas de deportistas (runners, beachvolleyers y de todo) y el entrañable pueblo de Encinitas, con sus mercadillos y tienditas de colores.

Pak ha logrado comprar su roldana del cambiador y luego hemos parado en un taller de bicis en Solana Beach a que le miren el pedal. El desgaste es más grave de lo que pensábamos y seguramente tengan que serrar una pieza que se ha doblado para poder reemplazar los rodamientos del interior. No sabemos si nos va a costar caro pero es mejor solucionar el problema aquí que averiarnos en medio de ninguna parte.

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Esta noche cuando lleguemos a casa de Jerry volveré a tener por fin el móvil completamente operativo, porque hace 3 semanas encargué a China la pieza que había perdido en Oregón, un soporte metálico para la sim, y le llegó a su casa. Tenemos ganas de conocer a este hombre que tan generosamente nos cedió su dirección para el envío y ha estado pendiente de nosotros estos días.

Día 223 del viaje, viernes 28 de diciembre. Salimos antes de las 6 del camping, como habíamos acordado con la agente, el día anterior. Desayunamos nuestra leche con cereales de cualquier manera en un cruce de caminos, mientras amanecía.

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Llegamos pronto a Oceanside, así que hicimos tiempo primero en la playa, y luego en la biblioteca. Pak escribió en el blog y yo me quedé fuera vigilando las bicis y también zurciendo rotos, leyendo el único libro que llevo en mi equipaje, haciéndome las uñas… Como una auténtica sin techo: vida en la calle, en plena vía pública. Les tuve que contar nuestro viaje a 8 personas, vigilar las bicis a dos extraños que me lo pidieron y también, tras dos horas de espera, mandarle mensajitos secretos a Pak por el Facebook de que necesitaba ir a orinar… La conexión wifi del ayuntamiento no me dejaba usar ninguna app y ya estaba desesperadita…

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Por la tarde nos tomamos una cervecita en una terraza con Jodi y luego nos guió hasta su casa (cómo no, cuesta arriba: todos los anfitriones viven en lo alto de un promontorio). Mientras le preparábamos gazpacho y una tostita de aguacate, nos contó sus terribles accidentes de bici (cráneo abierto en dos, siete costillas rotas…) y cómo ha tardado muchos meses en recuperarse. Ya está volviendo a entrenar, esta triatleta espectacular de músculos de acero. ¡Cincuenta y muchos años y es un maquinón!

Día 222 del viaje, jueves 27 de diciembre. El amanecer no fue tan vistoso como el atardecer, en este rincón del camping El Moro, en Crystal Cove. Pero recogimos y desayunamos con calma antes de salir. ¡Los cinnamon rolls sobrantes del día anterior nos supieron a gloria!

Mucha cuesta arriba por una carretera con mucho tráfico y un solarro de aúpa (hubo que parar para ponernos crema) pero en seguida llegamos a la zona del parque estatal, previa parada en un súper para aprovisionarnos.

Pak no logró aún encontrar la roldana que necesita para su cambiador, van ya lo menos 5 tiendas de bicis. No es urgente todavía, pero en San Diego debería comprar una sin falta, porque la arena y el salitre de Baja California le acabarán de fastidiar del todo la ruedilla de marras.

Un ciclista nos comentó que el camping del parque “no está supervisado” y que acampáramos sin tapujos. Llegamos muy pronto, sobre las 13:00, y nos acomodamos bien repanchingados: pusimos la tienda a secar, esparcimos nuestras cosas por la mesa… Pak se puso a ajustar sus frenos mientras yo limpiaba el interior de la tienda.

Una ranger pasó a eso de las 15:00 y pico y no nos dijo nada, ni hola siquiera… Al poco, unos surferos aparcaron al lado y se fueron a pillar olas; cuando volvieron, horas más tarde, nos preguntaron si nos constaba que se pudiera acampar y les dijimos que no sabíamos gran cosa, pero que una ranger no nos había reprochado tener la tienda ahí plantada. Y entonces fue cuando una policía llegó a aclarar la situación y poner los puntos sobre las íes: que el camping es solo day use en esta época del año, y que iba a cerrar las barreras, así que todo el mundo fuera.

Estaba ya haciéndose de noche y le preguntamos qué otras opciones teníamos. La mujer vio que teníamos todo desparramado sobre la mesa, o sea que si recogíamos, saldríamos ya de noche cerrada. Nos dijo muy subrepticiamente que mejor irnos, pero que si nos quedábamos, nada de hacer fuego, y que a las 6 de la mañana nos teníamos que haber ido. You MUST be gone by 6: nos quedó muy claro que iríamos a dormir tempranito para madrugar…

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Día 221 del viaje, miércoles 26 de diciembre. Hemos dormido bien en casa de Ken y Kenny, pero en cuanto nos hemos conectado, hemos visto que mi tía Bebita había fallecido. Sabíamos que estaba ingresada desde el día anterior por una insuficiencia respiratoria, pero no esperábamos este desenlace. A estas edades se es tan frágil…

Hablé con mi madre y con uno de mis primos. Ken nos agasajó en el desayuno con cinnamon rolls y nos dio ánimos para el camino.

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IMG_20181226_122512.jpgNo me he enterado mucho de la rodada, he ido un poco con el piloto automático, triste por mi tía.

Hemos llegado al camping de El Moro y estaba lleno. Para colmo, sabíamos que no tenía instalaciones para Hikers & Bikers y no se han mostrado muy interesados en ayudar. Pak tiró un poco de la cuerda y al final logró que nos propusieran acoplarnos un poco de extranjis en lo alto de una loma, cerca de unos baños. No tendríamos ducha pero la puesta de sol sería espectacular. ¡No nos han cobrado nada y estamos encantados!

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Día 220 del viaje, martes 25 de diciembre. Hemos dormido bien en la casa de esta familia india. Estamos muy agradecidos de que aceptaran alquilarnos una habitación la víspera de Navidad.

Pak ha cambiado las cadenas (más de 9.300 km rodados ya) y mientras yo felicitaba la Navidad a quien buenamente podía y buscaba materiales para hacerle un gorrito de Santa Claus a nuestro pequeño Paketten Pis.

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Luego hemos salido tranquilitos hacia Long Beach, donde nos esperaba Ken, nuestro próximo anfitrión (¡y miembro del equipo directivo!) de WarmShowers.

Hemos cenado muy agusto con Ken y Kenny, rodeados de sus mascotas, el pajarito Meepers y el perro lamedor, Elvin.

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Luego Pak se ha ocupado de la colada mientras yo daba un paseo por el vecindario con nuestros anfitriones y sus tres perros: luces de Navidad y adornos exagerados por doquier.

Día 219 del viaje, lunes 24 de diciembre. Apenas dormí unas horas en el camping, porque quería estar alerta y si no me pongo tapones, cada mínimo ruido me despierta. Pasó dos veces el vehículo de un ranger; si nos descubrió, se hizo el loco. Oí un buho, mapaches (más formalitos que los de la semana anterior) y coyotes a lo lejos. Fue una noche tranquila, hermosa, seca y de claridad selena. Pak roncaba suavito pero yo no descansé nada.

A las cinco levantamos el campamento; con la luz de la luna se veía perfectamente: no necesitamos linternas para desayunar y luego salir al alba. El mar estaba precioso tan temprano.

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Hemos hecho 73 kilómetros en bici hasta nuestro alojamiento (un AirBnb), casi todo por carriles bici junto a playas interminables: hermoso, relajantísimo… Venice Beach, Dockweiler Beach… Ya no recuerdo los nombres de todas, pero ha sido un trayecto eterno y maravilloso.

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Luego Pak ha insistido en salir “a ver algo de la ciudad” y antes de darme cuenta resulta que estábamos recorriendo 25 km en bus urbano hasta el walk of fame, Hollywood Blv. Cena, paseo yo ya un poco como un zombi, cansadísima, pero con el corazón contento. Pak, con su conocimiento enciclopédico, iba reconociendo los nombres de famosos, inscritos en los baldosines de estrellas.

Cenamos en un bar muy pintoresco, el camarero tocado de una cornamenta de reno… Todo es deliciosamente hortera por Navidad en este país, pero aquí no me molesta: it belongs.

Ahora de nuevo 25 km de bus urbano hasta el piso. ¡Por suerte mañana será una jornada más breve hasta Long Beach!

Día 218 del viaje, domingo 23 de diciembre. ¡Qué bien hemos dormido en el camping perfecto de Carpintería! Ha sido más fácil hacer 78 km hoy. Había carriles bici junto a los rompientes: ¡salpicaduras refrescantes de agua salada! Luego carreteras por zonas muy áridas de Santa Mónica, por suerte con buenos arcenes porque había mucho dominguero.

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Al llegar al camping Leo Carrillo, resulta que estaba cerrado: se había quemado en parte durante los incendios gravísimos del mes pasado. Mira que hablamos ayer de nuestro destino con gente, ¡y nadie sabía que estaba cerrado! No queríamos retroceder y era demasiado tarde para avanzar: nos colamos en el camping y buscamos un rincón discreto en la parte que no se había quemado. Esta vez, a diferencia de Banff, tumbamos las bicis para que los reflectantes no nos delataran al primer fogonazo de focos. Estábamos preparados para que nos echaran en cualquier momento, así que a las 18:00 ya intentamos dormir para descansar al máximo.

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Gracias por leerme. Puedes completar este relato y ver más fotos en la última publicación de http://www.pakette.org.

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