Semana 28: Secuoyas (¡secos, ya!)

Estás leyendo fragmentos de mi diario en orden cronológico inverso. 

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Día 196 del viaje, sábado 1 de diciembre. La lluvia aporreó bien nuestra tienda anoche pero hemos dormido bien, calentitos y tranquilos en este camping de Rio Dell. Hay una pequeña gotera en un rincón del habitáculo de la tienda que tendremos que solucionar con el superpegamento sellador de Pak: nada grave.

Como tantas otras veces en este viaje, hemos desayunado en la lavandería del camping porque había una mesa y era el único lugar (aparte del baño) donde refugiarse de la lluvia. No suele haber cocina en los campings de Canadá y Estados Unidos porque los campistas cocinan en sus caravanas.

Hemos recorrido la Avenue of the Giants, una carretera nacional paralela a la 101 que transcurre entre secuoyas y vegetación frondosísima. Llovió todo el día con diferente intensidad pero precisamente esa lluvia y la niebla dotaban al paisaje de una belleza muy especial. Cuando salía el sol parecía que estábamos en plena selva, los rayos acuchillando los efluvios de vapor de agua entre lianas, ramas cubiertas de moho y troncos gigantescos de hermosos tonos ocres.

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Hemos comido rapidillo junto al Visitor Center porque teníamos prisa por acomodarnos en la cabaña que habíamos reservado, pero al final, entre las compras en el supermercado de Myers Flats (como quien dice, los Llanos de Aridane en californiano) y un problema que tuve con la cadena, hemos llegado al ocaso.

La cabaña no ha resultado ser la pera limonera pero tenemos el lujo de la calefacción y otros electrodomésticos, con todo lo mojado tendido alrededor secándose.

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Hoy por desgracia falleció el padre de nuestra querida amiga S., pero también fue el cumple de mi amiga R., que sobrevivió a una enfermedad muy grave y ahí está para contarlo. Arrieritos somos: hay que aprovechar el día porque nuestras vidas duran un telediario…

Día 195 del viaje, viernes 30 de noviembre. Hemos dormido muy bien en el suelo del salón de Abbey y Daniel: les confesé que los anfitriones que nos ofrecen dormir con las esterillas y sacos nos hacen un favor enorme, porque yo no aguanto las camas, a no ser que tengan un colchón de piedra.

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Nos despedimos con prisas porque tenían que irse a trabajar, y acabamos de empaquetar fuera, justo en un momento de tregua de la lluvia. Rodamos por senderillos y carreteras secundarias, poco transitadas, que nos depararon alguna que otra sorpresa…

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En las cuestas yo sufrí bastante: necesito vitaminarme de nuevo y hacer el cuerpo a estos esfuerzos…

Paramos a comer en el primer hueco decente que vimos en la carretera: un club de amigos de Suiza. Mientras sacábamos los ingredientes de hacer sándwiches aparecieron dos coches y resultaron ser la presidenta del club y su esposo, que muy amablemente nos abrieron la puerta para poder usar los baños y nos contaron un poco sus cuitas con el club: básicamente que no hay sangre fresca, que nadie quiere oír música de acordeón, y que tendrán que cerrar. Nos dio penilla y prometimos publicar algo en Facebook o en nuestro blog, por si suena la flauta.

Llegamos a Rio Dell y el camping no tenía tarifa reducida de Hikers & Bikers, pero no quedaba mucha luz diurna así que apechugamos. Al menos los baños estaban limpísimos y pudimos hacer colada. La zona de acampada es bonita y muy tranquila: en verano tiene que ser un primor.

Día 194 del viaje, jueves 29 de noviembre.  Escribo hoy poco y mal porque estoy reventada… Salimos tarde del camping, no sin antes ver a otro ciervo majestuosísimo pastando por allí tranquilito… Estuve gestionando con mi hermano la reclamación que tenemos que hacer a Correos por nuestra caja de 16 kg que está apalancada en aduanas. Á. y L. nos han dado consejos muy valiosos, a ver qué tal…

Hoy hubo un par de cuestas chungas por la 101 pero la mayor parte de la ruta fueron carreteras secundarias, muy hechas polvo pero tranquilas, junto a la costa.

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Al llegar a Arcata ya caía la noche y le pedi a Pak que mientras yo compraba él buscase un anfitrión de WS o motel porque estabamos calados y ateridos y no quería seguir hasta Eureka.

¡Y Eureka (en Arcata)! Unos jovencillos nos han acogido en su piso maravilloso, lleno de rincones muy peculiaritos, mapas antiguos, cerámica preciosa hecha por él… Cocinaremos para ellos y regaremos los gaznates alegremente con nuestras cervezas.

Día 193 del viaje, miércoles 28 de noviembre. De buena nos libró Katie porque llovió a cántaros. Le hubiera dado otro abrazo pero a las 9:30 aún no había llegado y había que aprovechar el solarro.

Seguimos sus estupendísimos consejos: museo indio interesantísimo ¡y gratuito! en Trees of Mistery, drive thru car con baile de emus incluido…

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Llegamos al camping Elk Prairies y estaba plagadito de ciervos!! Nos espera una noche de lluvia torrencial pero estamos muy agradecidos por un día tan especial, gracias a Katie.

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Día 192 del viaje, martes 27 de noviembre. Dormí mal y tuve pesadillas de las mías, sorprendentes y de dar más bien poco miedito. A ver si me animo a escribir sobre esto… ¡Ojalá siempre fueran así todas pesadillas!

La ducha no funcionaba y Pak fue a preguntar a recepción. Nos dieron la llave de la habitación de al lado pero todo este rifirrafe nos retrasó bastante. Cuando llegamos al vestíbulo, Mike y Shari ya habían empezado con el desayuno frugal y bastante cutroncete del motel.

Llovía a cántaros cuando acabamos de pertrechar las bicis… Pero en un momento de tregua climática decidimos salir. Nos despedimos con mucha pena y nos abrazamos como si no hubiera mañana… Mike me pareció más frágil y pequeñito que nunca. Nunca les olvidaremos…

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Arrancamos y empezó de nuevo la lluvia. Subimos penosamente por una carretera secundaria pero al entrar al Jedediah Smith Park el paisaje empezó a llenarse de árboles gigantescos e increíbles: redwoods, un tipo de secuoya. Ante tanta belleza e inmensidad, se me olvidó que me dolían las rodillas, las caderas –allá donde pierden su nombre– y la cabeza.

Paramos un rato a caminar por Stout Creek y alucinamos con esas catedrales de la naturaleza. ¡Qué insignificante es el ser humano!

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Al retomar el sendero, Pak empezó con sus “escapaditas” y yo me tuve que cabrear, porque habíamos quedado en que se dejaría vigilar. Le anuncié un carnet por puntos y le llegué a quitar dos por seguir pedaleando lejos de mi vista a pesar de mis bocinazos. No se toma en serio que debo estar cerca por si se desmaya, y él también debe vigilarme una vez salgamos de la frontera estadounidense. Cuando no se deja cuidar, ¡me descuida a mí también!

A la enésima escapada, me bajé de la bici, le dije que me negaba a pedalear  más y caminé 6-8 km de regreso a Crescent City.

Tras recuperar la cámara de Pak del motel, donde la había olvidado, contactamos con la anfitriona de WS que nos habían recomendado en el Visitor Center y aceptó encantada.

Katie ha resultado ser una WarmShowers maravillosa: ¡nos abrió la parroquia de St. Paul (de la iglesia episcopal anglicana) enterita para nuestro uso y disfrute!

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IMG_20181202_194203_563Nos disponemos a dormir en este cómodo salón de la parroquia, con esta cocina y estos baños portentosos… Eso, si los sin techo que se han acoplado fuera en el porche dejan de hacer ruido, los jodíos…

(Al poco rato se fueron y solo quedó el ruido de la lluvia).

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Día 191 del viaje, lunes 26 de noviembre. Mike y Shari han recorrido en coche la friolera de 535 km para llevarnos hasta el estado de California. Ha sido un viaje estupendo junto a la costa, con varias paraditas para estirar las piernas junto a acantilados increíbles.

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Hemos llegado al motel que había reservado Pak y luego nos hemos ido a cenar pescadito y mariscos junto al puerto.

Nos hemos recogido pronto… Pese a todo, sé que no dormiré mucho porque hay un pitido constante de un faro, que se oye a través de los tapones. Estoy un poco harta de no dormir bien… Por suerte cuando empiece con la bici caeré rendida todas las noches, como era habitual antes de este parón de un mes.

Día 190 del viaje, domingo 25 de noviembre. Hemos ido por última vez a la parroquia con la familia. El sermón trató el tema de la gratitud, como no podía ser menos, tras Thanksgiving. Rudy, el pastor, lo hizo muy ameno, la verdad: casi se podría haber titulado “Fisiología de la gratitud” porque hablaba de lo bueno que es para el hígado y el corazón el sentirse agradecido. Que si bajan los niveles de creatinina, etc, etc. La verdad es que es un ejercicio muy sano: ver el vaso medio lleno, concentrarse en lo mucho que uno tiene.

Mencionó el agua… Qué cierto es y qué poco valoramos eso de abrir un grifo y poder beber directamente: a nosotros pronto se nos acabará el chollo, porque en el sur de California ya hay que filtrar todo el agua, incluso para lavar los platos y enjuagarse la boca.

Al sonar la música pop y rock que ponía fin al servicio religioso se me escaparon un par de lagrimones, lo confieso… Me da pena dejar a los Totman, y ya me había acostumbrado a estar en este pueblo. No fui la única que se emocionó (por los motivos que sean) porque más de uno y una salieron con los ojos llorosos y sorbiéndose la moquina.

Fuimos todos a comer a un restaurante chino (me tomé un tazón de sopa que más bien era palangana: casi podía uno lavarse las manos a lo Pilatos, de lo grande que era); luego ayudamos a Anneka y Jeremie a colocar los regalos de la Christmas Experience y también fuimos a comprar mis botas. ¡Yujuuu, botas nuevas, calenticas e impermeables!

El resto de la tarde estuvimos haciendo el equipaje y viendo la tele en familia: The Office, ¡un puntazo de serie! ¿Dónde he estado yo metida para no haberla visto antes?

La cena fue emotiva: a Mike se le quebró la voz mientras bendecía la mesa. Nos dimos todos un abrazo antes de ir a dormir por última vez a la caravana que ha sido nuestro hogar durante todo un mes.

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