Semana 27: Sedentarismo forzoso (V y fin)

Último día en Forest Grove. Han anunciado la extinción de los incendios en el sur de California pero también gravísimos altercados entre las fuerzas del orden y la caravana, en la frontera con Tijuana, que nos hacen plantearnos si cruzar en bus o desplazarnos al siguiente paso fronterizo: veremos dentro de un mes, que es el tiempo que tardaremos en llegar a México.

 

Estás leyendo fragmentos de mi diario en orden cronológico inverso.

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Día 189 del viaje, sábado 24 de noviembre. Mis botas (nuevitas hace 6 meses) tienen un agujero en la suela y se me cala un pie, así que hemos ido a Goodwill a ver si encontraba unas decentes de segunda mano. No he tenido suerte, así que mañana me compraré unas nuevas aprovechando los jugosos descuentos de estos días.

El día ha transcurrido sin pena ni gloria… Yo ando cansada porque no estoy durmiendo muy bien estos días, inquieta con la idea de reanudar el viaje.

Por la noche hemos ido a cenar los seis (¡por fin nos dejaron invitar!) y luego nos tomamos una cervecilla más mientras escuchábamos un concierto en vivo con Anneka y Jeremie. Me gustó mucho: rock clásico, desde los Beatles hasta Bob Dylan pasando por Supertramp.

A ratos contemplaba arrebolada a Pak, sentado al otro lado de la mesa, recordando los muchos conciertos a los que me ha llevado y la música estupenda que ha traído a mi vida. Le hubiera dado un morreo de quitar el hipo ahí en medio del bar pero me corté. A dónde irán los besos que no se dan…

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Día 188 del viaje, viernes 23 de noviembre. Hoy el día se pasó volando, en realidad sin hacer gran cosa. Yo aproveché para leer a destajo, pero no creo que llegue a acabarme el tercer libro de La Trilogía del Espacio de C.S. Lewis. De todas maneras, ya en la segunda novela, el autor se puso un poco pesadito con las descripciones y la trama se me hizo más dura de digerir.

Hemos comido y cenado de sobras; cómo no si hay pavo para dar y recibir… 

Hoy tampoco recibimos noticias del seguro y hemos aceptado la oferta que nos han hecho Mike y Shari de llevarnos en coche hasta el estado de California: nos queda poco más de un mes para salir de USA y dado que aquí no nos puede ver un médico próximamente, más nos vale seguir y ya concertaremos una revisión en otra ciudad, si procede.

Día 187 del viaje, jueves 22 de noviembre. Hoy es Thanksgiving aquí: salvados los apuros que sentíamos hace unos días por seguir aquí en plena celebración familiar, nos hemos sentido agradecidísimos de poder celebrarlo con esta gente maravillosa.

Hemos ido a casa de unos vecinos que tenían montado un “sarao” de 8 a 14 en su casa, y que resultaron ser majísimos y estar recién llegados… ¡de Girona! Además habían visitado Granada, Sevilla, Córdoba, Toledo… Hemos platicado alegremente y yo incluso me he quedado hasta más tarde ayudando a una de las hijas a desliar una madeja de lana que tenía convertida en un mar de nudos.

Luego hemos comido en familia, en petit comité con una pareja de amigos y un hijo de Jeremie al que aún no conocíamos. Pavo exquisito con sus side dishes, jello, pumpkin pie, etc, etc. Regado con cava aportado por nuestras mendas y con sparkling cider, ahí es nada…

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Por la tarde acompañamos a Anneka y a Jeremie a las rebajas del Black Friday porque necesitaban comprar ropa para el refugio de los sin techo. Fue menos terrible de lo que pintaba…

Nos hemos ido a dormir con los pies fríos pero el corazón contento.

Día 186 del viaje, miércoles 21 de noviembre. Madrugón para tomar transporte público y llegar en unas dos horas a la clínica de Portland donde le hacen a Pak el EEG.

El día está lluvioso y sombrío, pero la conductora está la mar de chistosa y tiene a la mitad del autobús partiéndose de risa. Es raro de ver: qué gusto da toparse con gente que convierte un trabajo tedioso en algo extraordinario con enorme valor añadido.

Ya en la clínica, he contemplado en silencio las bellísimas ondas cerebrales de Pak para no interrumpir la labor del técnico. No ha querido decir mucho pero ha insinuado que todo parecía muy normal.

Tras un segundo desayuno, hemos ido al Washington Park y hemos dado un paseazo por senderillos, entre árboles y colinas frondosísimas. Ha sido estupendo pero ahora tengo un hambre que me comería un bisonte caramelizado…

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Día 185 del viaje, martes 20 de noviembre. Poca actividad, hoy. Nos levantamos tarde y estuvimos leyendo tranquilos hasta que Mike y Shari nos llevaron a dar un paseo por un lago cercano y aprovecharon para enseñarnos la zona donde vivieron hace años, hasta que las ortigas pudieron más que ellos.

Efectué el baile de la oca (con una ídem) y paseamos los cuatro un ratito por la orilla, disfrutando del último día soleado de la semana.

Por la noche Shari nos sorprendió cocinando de nuevo un plato exquisito de carne con verduritas, y por primera vez en mi vida comí alcachofas hervidas. Me encantan las alcachofas pero solo había probado los corazones en lata. ¡Qué descubrimiento!

Por la noche vimos el tercer episodio de Ozark pero tuvieron que pararlo a la mitad. Una escena de sexo oral (entre homosexuales) fue más de lo que podían asimilar, los pobres. No se veía nada, era más implícito que explícito, pero claro, nuestros amigos septuagenarios no están muy habituados… Pak, muy diplomático, dijo que las series modernas quieren llegar a un público extenso, como es comprensible.

Hemos hablado un ratillo para suavizarles el mal trago antes de irnos a dormir.

Día 184 del viaje, lunes 19 de noviembre. Hoy acompañamos a Mike y Shari a la última revisión de su futura casa. Por suerte esta vez el inspector dio la luz verde con bombo y platillo y por la tarde firmaron la compraventa, muy ufanos. Esta vez no estaba Sarah, nuestra agente favorita (una mujer extraordinaria pero con una voz pequeñita); la veríamos al día siguiente.

Por la tarde recorrimos 20 km en bici para ir a comprar ingredientes al WinCo y todo bien, sin incidentes… El resto de la jornada la pasamos leyendo y escribiendo y al caer la noche cenamos fajitas hechas por Shari. ¡Deliciosas!

Día 183 del viaje, domingo 18 de noviembre. Una vez más, ayudamos a repartir las últimas tarjetas de la Christmas Experience pero esta vez sin gorros ni adornos navideños por temor a los piojos de Emma: la nena se había puesto diademas el domingo pasado y Shari no se fiaba.

El pastor soltó un buen sermón, pero para mi gusto lanzó dos mensajes contradictorios y le faltó la guinda para unir las dos ideas de forma coherente. Por un lado, habló de la importancia de saber “let go”: dejar que los hijos adultos se equivoquen solos, dejar a la pareja que maltrata o a la persona que intoxica; por otro lado, habló de “saber perdonar”, pero tal y como estaba expuesto no parecían guardar mucha relación. Quizás lo más lógico sería el orden inverso: primero perdonar y luego dejar marchar, sobre todo en el caso de las mujeres maltratadas, que tanto perdonan pero luego no acaban de cortar la soga. Me dieron ganas de debatirlo en familia pero luego me disuadí: es domingo y no tengo muchas ganas de comerme el coco.

Por la tarde Mike y Shari nos llevaron a unas marismas cerca del pueblo. Había senderos muy cuidados e infinidad de aves. Fue muy agradable, con la luz del ocaso alumbrando el paisaje con hermosos tonos rojizos.

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