Semana 26: Sedentarismo forzoso (IV)

Fragmentos de mi diario en orden cronológico inverso.

Día 182 del viaje, sábado 17 de noviembre. Excursión a Portland (yo diría más bien Pont-land, tierra de puentes)…

Ya no me duele la cabeza pero sigo estornudando a gogó.

IMG_20181117_183700_513

IMG_20181117_161158.jpg

IMG_20181117_183557_530

Hemos pateado durante 8 horas la ciudad en este hermoso día soleado y fresquísimo. No creo que le haya hecho mucho bien a mi catarro pero ya necesitábamos alejarnos de las cuatro paredes.

IMG_20181117_183731_423.JPG

IMG_20181117_183720_591

IMG_20181118_130259_676Tras recorrer el mercadillo entero (no una, sino un par de veces, porque había objetos muy curiosos y originales), hicimos una parada técnica en dos cervecerías para comer e hidratarnos y luego dimos un paseo de unos 8-10 km a lo largo del río, por un carril compartido muy civilizadamente entre ciclistas y peatones.

IMG_20181117_161302.jpg

IMG_20181117_183710_150

Hemos comprado unos bombones a los Totman y ya volvemos en tranvía + bus a la casa. La voz de los anuncios en español de los vagones del metro me recuerdan enormemente a Marco Mundstock, el integrante de Les Luthiers que tenía la voz más grave.

IMG_20181117_183802_385
Abordar un tren… ¿Te convierte en pirata?

Día 181 del viaje, viernes 16 de noviembre. Hoy propuso Pak ir a Portland porque ya está hartito de tanto inmovilismo, pero yo aún me sentía enferma: me dolía la cabeza y me invadía un cierto abotargamiento… Preferí quedarme leyendo y le dije que ya iríamos mañana.

Pak se entretuvo lidiando durante la mañana con temas diversos relacionados con el seguro, pero por ser viernes no hubo grandes avances. La semana próxima tampoco promete: el próximo jueves es Thanksgiving y quienes no hagan puente, estarán perezosones y no querrán trabajar.

Hemos tenido suerte de que desde neurología concertaran, ya la semana pasada, cita para el electroencefalograma, que la aseguradora D. N. no han tenido más que confirmar. Si llegamos a depender de la celeridad de las dos aseguradoras, el EEG hubiera corrido la misma suerte que la siguiente visita, que no se podrá concertar hasta váyase a saber cuándo.

Ya sé que no me debería quejar de cómo han ido las cosas, pero aún podrían ser más diligentes y usar menos excusas baratas, como que “Forest Grove es una localidad pequeña” (¡si nos están mandando cada vez a Portland!) o que hay que esperar a los resultados de una prueba para concertar cita para la siguiente (¡soberana tontería!).

Acabé de leer Out of the Silent Planet, de C. S. Lewis, el primero de una trilogía, y me quedé alucinada y reflexiva el resto de la tarde. Hacía mucho tiempo que no me calaba tan hondo un libro, con cuestiones tan metafísicas. Me ha emocionado a la vez que me ha entretenido con sus descripciones y diálogos bellísimos. Había incluso un episodio de interpretación consecutiva al final del libro que era la monda lironda, por lo bien que adaptaba Ransom el discurso a sus destinatarios. Ojalá me dé tiempo a acabar el resto de la trilogía (si no, me descargaré los libros en PDF, aunque me deje los ojillos leyendo…)

Anoté un fragmento sobre el que quiero escribir una reflexión más detallada en el blog:

“You are guilty of no evil, Ransom of Thulcandra, except a little fearfulness. For that, the journey you go on is your pain, and perhaps your cure: for you must be either mad or brave before it is ended.” (Oyarsa, en su despedida de Ransom).

Al caer la tarde fuimos a un pub los seis habituales y comimos y bebimos opíparamente. Como no nos dejaron invitar, insistimos en pagar las bebidas de todos. Me he tenido que poner “seria” y pedirles que se dejen homenajear, que queremos invitarles a cenar y no cejaremos en nuestro intento.

He llegado a casa con una pesadez de estómago digna de una boa. Menos mal que hemos reposado frente a la tele viendo series porque yo así no me podía ir a dormir.

Día 180 del viaje, jueves 15 de noviembre. Me da pereza escribir… Tampoco ha ocurrido nada especial hoy, a salvo de la mousaka portentosísima que ha preparado Pak, y que ha deleitado nuestro paladar de forma exquisita.

Hoy tocaba closet de la parroquia pero fue menos movidito que la semana anterior: avanzamos bastante colocando ropa en los percheros y la ropa nueva, especialmente los abrigos, casi nos los arrabataban antes de colgarlos de las perchas. Me daban ganas de gritar como en un mercadillo: “¡Me lo quitan de las manos, me lo quitan de las manoooos!”

Olden (uno de los voluntarios habituales) y yo nos pusimos a clasificar ropa de bebé y nuestras caras de perplejidad eran un poema: ni idea de tallas. ¿Qué diferencia había entre 2T y 24 meses? (Luego Anneka nos explicó: llevar o no llevar pañal.) Doblábamos la ropa con una mezcla de delicadeza y asquito: era evidente que a ninguno de los dos nos despertaba especial ternura la ropa de críos.

IMG_20181117_183544_187

Por la noche hablamos más de Olden: Anneka nos contó que sufrió un ictus hace unos años. Es cierto que al hombre se le notan unos cuantos tics que indican algún problema neurológico, pero en general está estupendo: ojalá todo el mundo se recuperara tan bien de un ictus.

Por la noche vimos una peli de vaqueros rodada en Australia… Tengo que buscar el título, Quigley Down Under creo que era… Y del año de la tana: 1975, pero muy entretenida y bastante aceptable (de prota, el actor de Magnum, mostacho incluido).

Día 179 del viaje, miércoles 14 de noviembre. Ayer por la noche fuimos al médico y me recetó medicamentos por la friolera de 120 y pico dólares, pero ha merecido la pena porque me encuentro mejor. Espero que el seguro no ponga pegas y reembolse el importe íntegro.

Nada destacable hoy, salvo la continuación de la pelotera con el Biciclown que ya mencioné hace un par de días en esta entrada.

Pak me rapó los laterales y la nuca y yo me corté la parte de arriba: otra sesión de loción + liendrera y yo ya me considero fuera de peligro piojeril.

Fuimos al super a comprar ingredientes y provisiones pero nos falló el café: queremos que Mike y Shari prueben la marca Lavazza pero no la vendían en el supermercado Winco.

Por la noche vimos un nuevo episodio de The Rookie y yo me fui a dormir muy cansada; quizás sea la codeína del jarabe que me han recetado.

Día 178 del viaje, martes 13 de noviembre. El seguro nos acaba de confirmar que les ha llegado el informe de la neuróloga, menos mal. También hemos aprovechado para abrir una incidencia para mí, dado que mi catarro va a peor.

Estamos a la espera de noticias sobre las próximas visitas médicas que nos quedan y Pak está que se sube por las paredes, porque llevamos más de 30 horas entre cuatro paredes. Le he dicho que se vaya a dar una vuelta mientras yo me quedo a atender las llamadas. Desde luego no estoy como para irme a tomar el fresco.

Shari nos ha anunciado hoy que su nieta Emma está infestadita de piojos y como pasó dos días en la casa, le ha dado un frenesí de limpieza y un ataque de higiene que poco le ha faltado para pasarnos a nosotros la aspiradora por encima. Yo llevo en mis alforjas loción y liendrera así que me pude tratar de inmediato el cuero cabelludo. Pak no corre peligro porque lleva el pelo tan corto, que los piojos le patinan por el cráneo: ahí no anida ni Pepito Grillo.

Día 177 del viaje, lunes 12 de noviembre. Hoy es festivo aquí (ya que el Remembrance Day cayó en domingo) y no nos hemos movido de casa, entre el frío, la pereza y mi catarro.

He aprovechado para comprar online los dos libros autobiográficos de Roald Dahl que les quiero regalar a Mike y Shari, Boy y Going solo, y he empezado a leer Out of the Silent Planet, de C.S. Lewis.

También he patrocinado con unos pocos euros a los ciclistas Heinz Stücke y Biciclown, y con este último he intercambiado un par de e-mails.

Me ha acabado ya de caer mal del todo: está tan cegado por su arrogancia y su egolatría, que no se da cuenta de que por cada fan nuevo, pierde dos o tres de sus fans antiguos. Por supuesto, se ha pasado por el forro tanto mis consejos, como los de otros seguidores… O no, porque sus últimos mensajes en Facebook han sido menos negativos y quejumbrosos. En fin, quizás haya esperanza y este hombre llegue a hacer algo verdaderamente bueno por el ciclismo, en vez de obsesionarse por su autobombo y por vivir de sus charlas, ya manidas y cansinas.

Por la noche le hemos puesto a Shari el episodio piloto de Ozark y casi nos hemos arrepentido, porque es de los más desagradables de toda la serie. Esperamos que no le cause pesadillas…

Día 176 del viaje, domingo 11 de noviembre. Emma, una de las hijas adoptivas de Bethany, ha pasado la noche en casa de sus abuelos y hemos estado ayudando a entretenerla. Ayer les acompañamos a ir de compras, al cine (El Cascanueces) y a cenar a un restaurante. La nena nos cayó bien y total, nosotros no teníamos otra cosa que hacer.

IMG_20181117_183917_319.JPG

Tras los estupendos pancakes del desayuno, fuimos a misa con los Totman y ayudamos de nuevo con la Christmas experience. De nuevo, el pastor soltó un sermón sobre la vida eterna, pero fue muy interesante porque puso un vídeo con testimonios de gente que recelan de su existencia. ¿Qué es la vida eterna? Parece un tostonaco de silencio y paz sin fin donde la gente está despojada de su cuerpo y ataduras terrenales para siempre: ¡menudo peñazo! Normal —decía el pastor— que la gente no tenga ganas de morir y no se fíen mucho de lo que viene después. El hombrito fue sincero: no tiene respuestas sobre cómo será la vida eterna, pero solo por estar con Jesucristo, le consta que merecerá la pena.

IMG_20181117_183627_473

Mientras escuchaba al cura, me vinieron a la mente los conciertos esos multitudinarios donde uno está 7 horas haciendo cola para al final resignarse a ver muy de lejos cantar a su artista favorito: la vida eterna se me antoja un poco así, mucho esperar y no sabes si te va a decepcionar, pero por tu artista favorito esperarás y sufrirás todo lo que haga falta (eso venía a transmitir el sermón, pero a mí siguen sin convencerme).

No creo en la vida eterna, pero tampoco temo la muerte. Poseo la vaga noción de que los muertos no se van del todo; siguen por aquí en tanto uno piense en ellos… Mientras alguien nos recuerde durante un puñado de años o un par de generaciones, en cierto modo, seguimos ahí, incorpóreos.

El servicio religioso culminó con la comunión: fila a fila fueron pasándose una bandeja donde estaban distribuidas hostias pequeñitas y vasitos de vino. Yo no comulgué (Pak tampoco: había salido ya de la sala) y me gustaría explicarle a Mike y a Shari por qué. En nuestra iglesia católica apostólica y romana se supone que uno debe estar libre de pecado para poder comulgar. Yo hace 25 años que no me confieso a un cura (ni lo pienso hacer, me parece anacrónico y absurdo) así que no comulgar, en mi caso, es una muestra de respeto; de otra manera, considero que sería hipocresía por mi parte.

Tras la misa fui con Shari a comprar algunos ingredientes y luego, después de comer, jugamos con Emma un rato a su juego de desactivar bombas haciendo malabarismos entre cuerdas, muy a lo “Misión Imposible”.

Por la tarde, Pak y yo acompañamos a Shari a llevar a su nieta a casa, previa parada obligatoria en una juguetería donde quería acabar de gastarse su paga de regalo.

Saludamos brevemente a Bethany y compañía antes de volver a Forest Grove a peliculear y pasar el resto de la velada en la agradable compañía de Mike y Shari.

IMG_20181117_183903_621

Gracias por leerme. Si te gusta mi blog, puedes suscribirte a pie de página para recibir alertas de cada nueva publicación.

Leave a comment