Semana 23: Sedentarismo forzoso (I)

Fragmentos de mi diario de viaje, en orden cronológico inverso.

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Revista en la sala de espera del médico

Día 161 del viaje, sábado 27 de octubre. Hoy hemos dormido bien los dos; supongo que una no puede estar preocupada eternamente. Hablamos con los del seguro y yo me cabreé porque me pareció que se estaban columpiando, pero luego reaccionaron rápido autorizando las dos pruebas que faltan por hacer: 48 horas con un Holter para medir la actividad cardiaca de Pak y una resonancia del cráneo. Quienes no son tan diligentes son los del seguro estadounidense. Podían haber concertado hoy cita con el centro que les sugeríamos pero no han hecho nada.

Mike y Shari siguen tan encantadores como siempre y nos han llevado al museo de aviación Evergreen a ver el Spruce Goose, un avión enorme de madera que construyó un ingeniero excéntrico a finales de los años 40 y que llegó a volar durante menos de un minuto, pero para la época fue una proeza y fue el antecesor de los grandes aviones de pasajeros que conocemos ahora.

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También había paneles con emotivas historias de compañerismo entre pilotos enemigos, como el de la foto…

Hemos estado en el museo unas buenas 4 horas y luego hemos hecho una merienda-cena en la casa y hemos visto Solo, la última película de la saga Star Wars.

Se puede uno acostumbrar a esta buena vida y tenemos una suerte inmensa de que nos hayan acogido estos amigos, pero lo cierto es que tenemos ya muchas ganas de que Pak se pueda hacer las pruebas médicas para saber qué causó el desmayo y poder continuar. La rodilla por suerte la tiene mejor.

Día 160 del viaje, viernes 26 de octubre. Pak durmió muy bien pero yo estuve intranquila, velando sus sueños.

Como a Pak le dolía la rodilla, me ocupé yo sola de llevar la caja a la oficina postal y la envié a casa de mi mamma por unos 145 dólares. Esperábamos que fuera mucho más caro, después de la clavada del envío a Ecuador…

Luego fuimos a ver al caballo que tienen en una granja y así de paso conocimos a Bethany y a Hanna, y a algunas de sus hijas. Muy majas, con muy buenos recuerdos de la estancia de Silvia. She’s so much fun!

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Tuvimos un día completito pero nos lo tomamos con mucha calma porque al fin y al cabo, Pak está convaleciente. Fuimos a ver la cascada junto a la garganta del río Columbia —Pak yendo más lento que yo por primera vez en su vida— comimos alguito y luego ya fuimos a nuestra cita con la doctora de medicina interna, que de nuevo midió la tensión y examinó las pupilas, además de comprobar los reflejos y la rapidez de reacción de Pak. Para la radiografía de la rodilla nos remitió al centro de ayer y también encargó una resonancia y un test de Holter, con un aparato para medir los latidos durante 2 días.

Salvo la radiografía de la rodilla, que muestra un derrame de líquido sinovial pero ninguna fractura, aún no se ha podido hacer ninguna prueba y dependemos de Doctors Now para concertar cita.

Al menos hemos logrado acordar que el seguro nos pague el transporte a los centros médicos, aunque aún hay que acordar con ellos exactamente qué tipo de transporte autorizan, por ejemplo si les vale que usemos Uber.

Hemos cenado las tres parejas (Mike, Shari, Jeremy, Anneka y nosotros) en un restaurante muy chulo. Ha pagado Shari y nosotros nos hemos rebelado en vano, pero mañana hacemos compra gorda para contribuir un poco a la economía familiar.

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Día 159 del viaje, jueves 25 de octubre. Anoche ya habíamos acordado con esta familia maravillosa quedarnos hasta el sábado, y menos mal porque el día se torció…

Pak se desmayó esta mañana en el baño de los Totman a eso de las 9:00. Yo aún no me había levantado, así que solo me enteré cuando me lo encontré sentado fuera, muy pálido y tranquilo, a eso de las 9:30. Tras las preguntas de rigor, fui a poner al corriente a Mike y convencimos a Pak de que entrara dentro y se sentase en el salón, ya que estaría más fresco que en la cocina pero más cálido que fuera. Estaba perfectamente lúcido pero pálido y aturdido.

Llamé al seguro y en menos de media hora ya me había llamado la empresa asociada en EE.UU, que tras hacer un par de averiguaciones nos indicó que teníamos cita a las 13:30 en una clínica en Beaverton, una población camino de Portland. Hicimos tiempo, pusimos al corriente al resto de la familia y cuando se acercó la hora, Mike y Shari nos llevaron en coche.

Allí una médica generalista practicó varias pruebas a Pak: medir la tensión, auscultar, comprobar las pupilas, oídos, garganta, equilibrio, reflejos… Pero no podía hacer más pruebas y siendo el segundo desmayo en dos meses, nos remitió a otra clínica de urgencias. Esta segunda clínica era ya en Portland, pero en menos de una hora ya nos estaban atendiendo y haciendo todo tipo de pruebas a Pak: análisis de sangre, de orina, electrocardiograma, radiografía del pecho…

Fueron super eficientes pero me daba mucho apuro por Mike y Shari, que estaban ahí esperando pacientemente. Sobre las 4 ya estábamos fuera y los resultados eran perfectos: Pak está sano como un roble, está hecho un toro… Los leucocitos un poco altos pero sin saberse por qué. El desmayo sigue siendo un misterio.

Mañana tenemos cita a las 15:30 para saber los resultados de otras pruebas y quizás hacerse una resonancia.

Los pobres Mike y Shari nos condujeron de vuelta a través de un tráfico infame, aunque dijeron que estaban muy acostumbrados porque durante un tiempo llevaban y traían al hijo de Anneka.

Logramos que se dejaran invitar a cenar y luego fuimos a la iglesia a ayudar a Anneka y Jeremy a clasificar y colgar ropa donada. La iglesia es un centro comunitario alucinante, que tiene hasta sala de conciertos y varias habitaciones para las donaciones de ropa y asociaciones varias de ayuda a mujeres, drogodependientes, personas sin hogar… Había una banda de rock ensayando y eso no sonaba a kumbayá, sino a pop-rock del bueno, pero con contenido religioso. Uao, los baptistas sí que saben, no como la ranciedad de las iglesias católicas.

Hemos estado un ratito de velada hasta las 22:00 y Pak se encuentra mejor pero evidentemente hay que llegar al fondo del asunto…

Día 158 del viaje, miércoles 24 de octubre. De nuevo hemos dormido genial, no solo por la maravillosísima dureza de la cama, sino porque necesitamos un poco de frío para dormir bien, y podemos apagar el calefactor muy fácilmente.

Hoy llevó Pak a arreglar un radio que se le había roto en la rueda trasera, y luego fuimos a enviar unos 3-4 kg en repuestos de bici, y la mosquitera, a Ecuador, de nuevo gracias a Silvia y a sus amistades internacionales. Ha costado un ojo de la cara enviarlo pero es el precio de ir más ligericos y no lesionarnos…

De todas maneras, si esto nos ha parecido caro, mañana vamos a flipar con lo que nos va a costar el envío a España de nuestros más de 12 kg…

Hemos comido y cenado todos con las muchas sobras que tenían en el frigorífico, ¡incluidas las de nuestra cena de anoche! Y luego hemos ido con Anneka y Jeremy a Portland a ayudar a repartir comida en un hogar para los sin techo (comida en este caso preparada por Shari). Normalmente van Mike y Shari pero hoy tenían home group, una reunión con un grupo de su parroquia, y además Shari tiene tendinitis en un hombro y no puede hacer demasiado esfuerzo.

Ha sido una experiencia estupenda, y ha ido muy rápido porque hoy había muchos voluntarios. Los sin techo del hogar ya son con techo, y se les ve aseados, sociables… Es un primer paso para la integración, una iniciativa increíble. ¡A Marina le gustará conocer esta experiencia!

Hemos parado a comernos un yogur helado antes de volver a la casa, y hemos charlado un ratito con Mike y Shari antes de disponernos a pasar otra noche en este reducto de paz y armonía.

Día 157 del viaje, martes 23 de octubre. Hemos dormido genial en la caravana. Qué cama más dura, ¡es estupendísima! Mike y Shari se rieron un montón cuando les expliqué que es la única cama que he tolerado desde hace muchos meses…

Hemos organizado nuestras cosas y parece que lograremos tirar y/o enviar bastantes trastos. Mañana pesamos y medimos los paquetes para pedir presupuesto.

Shari nos ha llevado al Safeway a comprar ingredientes para la cena que queremos preparar.

Tras la compra, Pak ha sugerido que parásemos a comer en el pub de ayer, y yo encantada: ¡quería probar las coles de bruselas rebozadas!

Hemos hecho una cenaca WarmShowers style: gazpacho, melón con jamón, tortilla, pan con tomate… Parece que les ha gustado y estaban muy agradecidos, pero somos nosotros quienes nos sentimos muy afortunados… ¡Me dispongo a dormir genial de nuevo en esta cama maravillosa!

Día 156 del viaje, lunes 22 de octubre. Nos despertamos antes que Lynn y Marc y trasladamos las cosas del desayuno a otra mesa para no hacer mucho ruido, pero al poco tiempo asomaron fuera de su furgoneta verde y nos acercamos para desayunar con ellos. No tomaron gran cosa, y nosotros en cambio devoramos, como siempre, dos boles llenos de cereales y dos tostadas (¡cada uno!).

Salieron antes que nosotros; empaquetamos la tienda calada por el rocío mañanero y salimos al sendero maravillosísimo del día anterior, hacia Banks. Por desgracia no volvimos a ver a nuestros anfitriones en el sendero, pero esperamos que nos sigan por el blog y podamos agradecerles de nuevo el dejarnos un cachito de camping…

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En Banks hablamos con dos ciclistas, una barcelonesa y otra mejicana, afincadas allí desde hace años. Y luego tomamos carreterillas secundarias, entre campos de cultivo y viñedos, para llegar a nuestro ansiado Forest Grove.

Forest Grove es un hito muy especial en nuestro viaje, al menos para mí. Durante más de un mes, al principio de Ontario, cuando discutía con Pak día sí y día también, me consolaba pensando que aquí acabaría mi viaje, que tenía que aguantar hasta aquí para recuperar nuestra caja de 11 kg y ya empaquetar y largarme.

Y sin embargo ya no me queda ni sombra de duda de que quiero seguir, al menos un poco más, todo lo que aguante, y parece que voy aguantando más de lo que yo me imaginaba que aguantaría…

Llegamos a casa de Mike y Shari y fue muy emotivo, nos recibieron con un abrazo y nos trataron como a familia desde el primer momento. Nos trajeron la caja preguntándonos dónde pensábamos meter las cosas, con todo el equipaje que llevábamos. Ciertamente parecía imposible ir más cargado… Les explicamos que tenemos que deshacernos de más kg de los que ahora recogemos…

Tras una duchita y dejarnos acomodar las cosas en la caravana donde nos alojan, nos han llevado a un pub a cenar y hemos estado a gustito contando nuestras anécdotas del viaje, contando cómo conocimos a Silvia y cómo nos conocimos nosotros dos gracias a Silvia. Ha sido muy agradable, ¡estamos encantados!

Día 155 del viaje, domingo 21 de octubre. Hemos dormido genial detrás de la oficina del sheriff; yo al menos he dormido 10 horas de un tirón. Ni los ladridos de los perros, ni el zumbido del generador de al lado, ni los polluelos del nido encima del tejado: ningún ruido ha perturbado la tranquilidad que nos ha supuesto dormir pegados a las dependencias de la autoridad policial.

Tras nuestro desayuno copioso, hemos recogido en mitad de la niebla espesa —la tienda calada por la humedad del aire— y hemos salido ágiles y animadillos de nuevo por la carretera 202, a muy buen ritmo. De nuevo, tranquilita con poco tráfico y menos cuestas que ayer, y preciosa por el toque fantasmagórico de la niebla. Luego supimos que el pueblo Mist, por el que pasamos, de hecho se llama así porque este fenómeno climatológico es la regla y no la excepción.

Al llegar a Vernonia, donde teníamos previsto comer, ¡zasca, de repente la rueda de atrás se me quedó bloqueada! No perdí el equilibrio de milagro. Perplejos, nos ponemos a mirar qué bloqueaba la rueda… ¡Y era el guardabarros, que se había plegado sobre si mismo, como si fuera papel! No comprendíamos nada… ¿Cómo había podido pasar? Y entonces Pak vio el clavo que atravesaba el lateral de la rueda. Un clavo enorme, de 4-5 cm, que había empujado el guardabarros hacia dentro, sobre la rueda y bajo sí mismo. Increíble…

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Pak ha salvado lo que ha podido del guardabarros pero de nuevo ha tenido que cambiar la goma. Qué pinchazos más cansinos… Ahora, con tanta práctica Pak se está volviendo super rápido en el tema cambiar cámaras pinchadas…

Muertos ya de hambre, compramos en el super y comimos en una mesa de ahí al lado. Y Lynn y Marc, dos espontáneos, han venido a hablar con nosotros y nos han invitado a compartir su plaza de camping.

Hemos rodado 17 km más por un carril bici estupendo (solo dos cuestas de dejar ahí los higadillos) y allí hemos llegado… Hemos estado tan agustito cocinando salmón y verduritas en nuestro wog* sobre su hoguera, mientras bebíamos nosotros nuestras cervezas y ellos su vino, charlando sobre las diferencias interregionales en España, Francia, Canadá… Marc es mitad francés, mitad danés, así que conoce bien Europa.

Nos disponemos a dormir al son del canto de grillos, tan felices y contentos.

*Wog es un término que nos hemos inventado para designar el cacharro de metal que usamos como wok. Suponemos que en su otra vida fue un bol para perros, de ahí el llevar la g de “dog”.

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Día 154 del viaje, sábado 20 de octubre. Cerré los ojos más allá de la medianoche y no daba dos duros por descansar bien pero oye, al final dormí como una tronca casi ocho horas, de un tirón. Me he levantado a las 8:30 descansada y pletórica; ya había desayunado todo el mundo y los holandeses ya se estaban despidiendo. Luego se han ido Pascale y Johnny, y finalmente nosotros, tras pasarle a Steve algunos datos sobre el camino de Santiago, que quiere hacer en abril. A lo mejor se ven allí incluso con la otra pareja que también quieren ir a España por esas fechas. Jolín qué envidia, todo el mundo pa’ España y yo pa’ la Patagonia. Pata-agonía, más bien…

Hemos hecho unos 50 km de rompepiernas por la carreterilla 202, ya encaminados hacia Forest Grove. Preciosa, serpenteante entre bosques con poquísimos coches, y encima venían todos del otro lado y ninguno por detrás. Cuestas muy empinadas, sí, y luego bajadas para pillar la pulmonía perfecta, pero en conjunto muy, muy agradable. En un momento, en plena subida, grité en español: “¡Quiero bajar hostia yaaaa!” pensando que estaba más sola que la una, y entonces apareció un ciclista en la dirección opuesta mirándome como si estuviera loca. “Good morning!”, le dije todo sonrisas…

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Hemos comido en una mesita de picnic junto al camino a unas cascadas, y un poco más lejos hemos llegado a una reserva natural donde se pueden avistar renos si tienes tiempo y paciencia. Idílica, perfecta para pasar la noche si se pudiera, pero Pak ha preguntado a una pareja de Matusalenes que parecían ejercer de guardas de la reserva y nos han dicho que efectivamente no se puede acampar ahí, pero un poco más abajo sí, tras la oficina del Sheriff.

El Sheriff no estaba, como también nos habían dicho que podría pasar, pero ya nos habían asegurado que no tuviéramos reparo en plantar la tienda, que siempre se lo recomiendan a los ciclistas y no somos los primeros ni los últimos.

Y aquí estamos, sentaditos detrás de uno de los edificios, esperando la noche. El lugar es discreto y tranquilo, y no se ve desde la carretera.

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