Soon you’ll be able to see at http://www.pakette.org some of Pak’s astonishing pictures of the Olympic Discovery Trail and the Washingtonian coast!
In the meantime, you’re welcome to see some of my pictures and read my diary in Spanish.

(En orden cronológico inverso.)
Día 147 del viaje, sábado 13 de octubre. Apuraremos hasta la hora tope de salida del camping, porque hoy ya bajamos hacia el sur y nos esperan dos días de acampada libre o de camping sin ducha (los campings que vienen son muy baratos, pero porque solo tienen letrinas) y sin muchas poblaciones, por lo que llevamos comida y agua para 2-3 días (también podríamos filtrar de los ríos en caso de apuro).
No sabemos si tendremos cobertura…
Día 146 del viaje, viernes 12 de octubre. No dormimos muy allá por culpa de los “vecinos”, unos que llegaron a las 5 y montaron la tienda con ruido y fogonazos de las linternas.
Nos levantamos antes del alba y desayunamos a oscuras. Tal y como habíamos hecho en el otro camping el día anterior, dejamos todo en la tienda y agarramos las bicis para recorrer unos kilometrillos hasta la playa.

La cruzamos entera a pie y llegamos a The Hole in the Wall, que pudimos cruzar gracias a la marea baja. Las piscinitas saladas estan cubiertas de algas en esta época del año, pero se veía alguna anémona y algún pececillo.

Personalmente me gustó más 2nd Beach, pero también mereció la pena el madrugón para ver esta.
Yo aceleré hacias las bicis, temiendo por la subida de la marea, y Pak remoloneó un poco haciendo fotos pero no tardó mucho.
Volvimos, recogimos campamento y rodamos tranquilitos al bar del piscolabis del día anterior, donde yo me tomé lo mismo, una gloriosa hamburguesa de salmón, mientras Pak degustaba los dulces de la casa.

Tenían tontunas de ‘Twilight’, la peli “Crepúsculo”. La autora de la novela es de Forks y se ve que en la trama aprovecha para lucir bien toda la región…
Una quincena de kilómetros más tarde ya estábamos en Forks, donde nos reencontramos en el camping con nuestras abandonadas alforjas (arg, vuelta a cargar como mulas), hicimos colada y nos pegamos una ducha eterna para compensar los tres días en que nuestra piel no cató agua…
Le he prometido a Jennifer, la dueña del camping, que les mencionaremos en el blog, así que ojalá no se nos olvide…
Día 145 del viaje, jueves 11 de octubre. El viento en los troncos huecos de esta playa produce unos sonidos increíbles. Si las ballenas aullaran, la percepción sensorial sería así: olor a viento, apariencia de bruma, sabor a mar y sonido de repercusión en una caja torácica a lo bestia, reverberante.

Dormí reguleras pero porque me negaba a privar a mis oídos de este concierto único, inigualable. Finalmente me obligué a ponerme tapones porque, aunque no haríamos muchos kilómetros hoy, no quería estar de un humor insoportable.
Desayunamos rapidito y dejamos todo dentro de la tienda, con candados, para irnos pitando a la 2nd Beach y pillarla con marea baja. Candamos las bicis a un cartel y subimos, para luego bajar, por un sendero angosto, con escalones pero perfectamente transitable. Y al llegar, flipamos: se salvan unos cuantos troncazos y de repente te encuentras ante una playa amplísima, incólume, llena de islotes en lontananza que parecen fauces de dragones gigantes boqueando en busca de aire, la arena con unas piscinitas y unas texturas que yo nunca había visto, y que también parecían lomos y escamas de dragón. Me di con un canto en los dientes por haber olvidado el móvil, pero casi mejor porque me esforcé por contemplar más rato y retener este paisaje asombroso.
Un sitio fascinante, desierto, todo para nosotros (bueno, y una pareja que parecía haber acampado por allí), lleno de anémonas, percebes y mejillones. Para quedarse todo el día sentado, flipando y mirando el mar.
…Pero subía la marea y había que ahuecar el ala en el camping antes del mediodía. Nos costó encontrar la salida: no sabíamos que los accesos a senderos están marcados con una señal; un círculo cortado en cuatro, como una tarta de chocolate y fresa.
Llegamos al camping, hablamos con la pareja de surfistas que iban a ocupar nuestra plaza, y nos aseguraron que podríamos recoger nuestras cosas con calma chicha, porque ellos iban a coger olas.
Luego rodamos hasta 3rd Beach, que solo vio Pak porque yo no quise dejar las bicis cargadas en el parking (pero no era tan espectacular, dijo). Me entretuve mirando carteles y contemplando una oruga enorme, amarilla y negra (banana slug).

Tras una parada para comer algo en el restaurantillo del desvío hacia La Mora, llegamos al camping de Rialto Beach, plantamos la tienda y fuimos en bici a la playa para darle un primer tiento antes de mañana, que será el paseo largo.

Accidente con la marea y las botas de Pak, que hemos secado en la máquina secamanos de los baños. Cena un tanto aburrideja de pasta con casi nada (mañana tenemos que comer más sano) y a dormir… Este camping me recuerda al de Lake Louise, pero sin la juerga, que aquí hay principalmente jubilados.
De nuevo, dolor punzante en el costillamen al tumbarme, pero mejor que ayer.
Día 144 del viaje, miércoles 10 de octubre. Caray, cada vez me da más pereza escribir… Y luego se me acumulan los días, un montón de información… Espero no dejarme cosas en el “tintero”.

Hoy amanecí sin apenas dolores, yo que me temía estar hecha puré por la caída de ayer. Pak se levantó antes que yo, como siempre, y yo perezoseé aún un poco. Incluso me dormí un rato más sobre el “lado malo” y no sentí apenas dolor; no hay nada como dormir las horas suficientes para que el cuerpo se repare. ¡Me parece alucinante! No daba dos duros por poderme levantar.
Tardamos mucho en desayunar y recoger. Yo me di otra ducha, Pak hizo selección de equipaje, secamos al sol —”vuelta y vuelta”— la tienda, felicitamos a los cumpleañeros (Mel, Tomás, Alex), escribí un e-mail cariñoso a Bonnie y Hans, chateé con mamma mia, incluso fuimos a comprar comida al súper y comimos…
Habíamos hablado con Andrea, la chica de recepción del camping, y estuvo de acuerdo en que dejáramos cinco alforjas en la oficina hasta el viernes. Así que a eso de la una y pico hemos enfilado muuuuy ligeritos una veintena de km hasta La Push por la 101, pero sin mucho tráfico. Impresionante cómo se notaba que nos habíamos quitado 15-20 kg cada uno…
Hemos acampado en la reserva india, junto a la playa, por un precio reducido (temporada baja) de 18 $ más tasas, y la verdad que merece la pena porque esta playa impresiona con su amplitud, sus islotes y su cementerio de árboles: unos troncazos enormes con sus raíces extendidas en todas direcciones. El cielo estaba cubierto pero no por ello perdía un ápice de su belleza.

Hemos paseado largo y tendido por la playa, toqueteado los árboles y trepado por las piedras. Ha sido un momento muy especial, incluso romántico, a nuestra manera… Al menos por el hecho de caminar juntos, y no Pak delante y yo corriendo y resoplando detrás, como suele ser lo habitual.
Hemos cenado junto a la tienda mientras se apagaba la luz del día, casi de repente. Mañana iremos a ver la 2nd Beach y luego recogeremos para ir a Rialto Beach.
… Al tumbarme, de nuevo un dolor agudo en las costillas, y tengo la zona inflamada… Pero se oye de fondo el rugir del Pacífico, y soy feliz porque soñaré de nuevo que estoy durmiendo al raso en una playa canaria.

Día 143 del viaje, martes 9 de octubre. Despertamos en este rincón mágico, silencioso y tranquilo junto al río. Es uno de los lugares más increíbles desde que dejamos los lagos de Ontario, aquel mes inolvidable con los franceses.

Nos levantamos con pereza, con ganas de esperar a que el sol secara nuestra tienda. Pienso que yo he evolucionado en todo este tiempo pero también ha cambiado Pak, que no se obsesiona tanto por salir, cumplir horarios, hacer kilómetros a dolor. Empiezo a tener esperanza de que lleguemos a disfrutar juntos de este viaje, algo impensable hace unos meses.
Recorrimos unos 500 metros hasta el inicio del sendero, donde había unas letrinas y unos contenedores de basura e hicimos parada técnica para aligerar carga.
El sendero era de grava en su primer tramo y comenzaba con bastantes cuestas. En una de las cuestas abajo me confié, tomé velocidad, patiné y caí estrepitosamente hacia el lado izquierdo. Me limpié el polvo y el barro, examiné la bici y a mi menda, y concluí que no había sido grave, aunque me quedé temblorosa del susto.
Pak me esperaba un poco más adelante y cuando le conté la caída, volví a examinarme y me descubrí una herida en el codo, que me curé con un spray que tenemos para rozaduras. Me empezó a doler el costado pero no tenía más que unos rasguños…
Y apechugué: rodé temblorosa y con el equilibrio regular, bajándome a caminar cuando el sendero se estrechaba. Pak se adelantó bastante pero yo fui despacito y a mi ritmo por ese sendero increíble, a ratos junto al agua y otros entre árboles milenarios y bambies saltarines, como en un sueño.
Los últimos 30 km hasta Forks fueron por carretera pero se hicieron agradables… Había bastante descenso.
En Forks paramos a preguntar en el parque nacional pero estaba todo cerrado. Entonces salió una ranger y le preguntamos dónde podríamos acampar, y nos explicó cómo funcionaba en Estados Unidos lo del dispersed camping. Se portó genial porque llamó a una amiga para preguntar, y finamente nos recomendó el RV Park junto a la oficina de información pero también nos ofreció acampar en su jardín.
Puesto que vivía unos km más atrás y nos suponía retroceder, finalmente fuimos al RV Park y nos hicieron un 10% de descuento por ser yo profe… Pero escribimos a Kimberly (la ranger) de nuevo por su amabilidad y su generosidad. La pobre se quedó con ganas de presentarnos a su hijuela y hablar español.
Al ducharme, me volví a examinar… No tengo más que rasguños y el dolor de las costillas. ¡Ay, si hubiera tenido más chicha para amortiguar el golpe!
Me he tumbado y he visto las estrellas… Ya veremos cómo amanezco mañana y cómo evolucionan mis dolores.
Día 142 del viaje, lunes 8 de octubre. Hoy sí dormí como una tronca. El que durmió menos fue el Pak, haciendo el post para el blog, pero le quedó estupendo, eso sí… Yo me veo siempre horrenda en las fotos (salvo en dos) pero ya me bastante igual, la verdad.
Salimos sobre las 9 tras un buen desayuno y tras charlar de nuevo largo y tendido con nuestros anfitriones. Nos despedimos con pena (a mí cada vez me cuesta más despedirme y asumir que quizás no vuelva a ver a esta gente maravillosa) y rodamos de vuelta a Port Angeles por el sendero que ya conocíamos. Mucho mejor, más bajadas…

Pasé por el rincón donde me había dado un ataque de ansiedad tres días antes (me pararon tres personas a hablar, y Pak no me esperaba) y me sorprendí de cómo han bastado 4 días y 5 personas para cambiar radicalmente mis prejuicios sobre los estadounidenses.
Hemos comido medio rapidejo en el pueblo y luego hemos seguido por carreterillas secundarias absolutamente maravillosas hasta este punto mágico que nos recomendó Dave, un rincón paradisiaco para acampar junto al río, escondido de todo el mundo mundial, donde nos disponemos a dormir felices y tranquilos.
Día 141 del viaje, domingo 7 de octubre. Estuve hasta las 2 de la madrugada releyendo el diario y repescando gente a la que queríamos expresar nuestro agradecimiento por Thanksgiving. Y aunque dormí 6 horas y en otra vida me hubiera bastado, me sentí reventada todo el día y cuando Bonnie nos dijo que podíamos quedarnos otro día, aceptamos encantados. Hans nos acompañó a Walmart (aunque lo aborrece, como es lógico) para que pudiéramos comprar una tarjeta sim, y luego preparé una tortilla y Pak alioli. Bien acompañadita de ensalada, resultó una comida estupenda.

Estuvimos por la tarde en silencio, cada uno leyendo lo suyo, y a la noche comimos una pizza excelente, de nuevo con ensalada y cervecitas, y charlamos de la estancia de Bonnie y Hans como profesores en Alaska, su boda en el pueblo, la diferente interpretación del mundo que tienen los esquimales, lo mucho que se emocionaron en el pueblo cuando volvieron, años después, y fueron profesores de los hijos e incluso nietos de anteriores alumnos. Fue una conversación muy interesante, y ellos son una pareja fascinante. Les deseo lo mejor y que su hijo científico vuelva del Polo Sur sano y salvo.
——–
Gracias por leerme. Si te gusta mi blog, suscríbete con tu e-mail a pie de página para recibir alertas de mis publicaciones.
