You’ll soon be able to read about our travels in English at http://www.pakette.org!
Mientras tanto, tendrás que contentarte con una versión censurada de mi diario personal, en orden cronológico inverso.
Día 140 del viaje, sábado 6 de octubre. Dormimos muy bien en casa de Matt, nuestro anfitrión. Muy agradecidos por habernos ofrecido techo espontáneamente ayer. Yo me sentí muy tranquila, calentita y segura en la habitación que nos ofreció junto a la entrada, durmiendo al lado de las bicis.

Tras desayunar, me he quedado charlando con Matt mientras Pak me reparaba la rueda de atrás. No dejamos de tener problemas con las ruedas, y yo creo sinceramente que necesito cámaras y cubiertas nuevas. Imagino que para las cubiertas podemos esperar a recuperar las que enviamos a Oregón, pero esta idea de Pak de reparar y usar las cámaras viejas… Al final es doble trabajo porque no están bien y vuelven a pinchar o desinflarse cada dos por tres.
Pak miró la ruta y al final, para no dar mil vueltas y acabar en Seattle y asqueados con el tráfico, nos conviene volver a Port Angeles y rodar hacia el oeste… Y estamos pasándolas canutas intentando comprar online los billetes del bus de Greyhound.
Mientras Pak busca una solución, yo estoy aquí cuidando las bicis y me acabo de percatar de que otra vez está la rueda de atrás deshinchada del todo…
… Al final fui yo al visitor center mientras Pak reparaba la rueda y la señora que trabajaba allí nos sugirió una ruta alternativa y baratísima para llegar a Sequim con el bus de línea, que también puede llevar las bicis en la parrilla delantera, y si queremos enlazar luego con el bus a Port Angeles… Pero por suerte hemos podido dejarnos mimar aquí en Sequim, gracias de nuevo a WarmShowers.
Hans y Bonnie nos han acogido en su casa y hemos ido todos a cenar a casa de Martha and Dave, otros potenciales anfitriones a los que habíamos contactado, ¡y resulta que eran amigos! Velada maravillosa, cena estupenda de atún fresco, verduritas… ¡Para saltarse las lágrimas de la emoción!

Día 139 del viaje, viernes 5 de octubre. No dormí tampoco demasiado bien en la granja de Lonnie, preocupada por nuestras bicis cargadas a tope ahí fuera. Me puse un poco paranoica por el hecho de que nuestro anfitrión publique abiertamente su dirección completa en todo tipo de redes sociales y webs cualquiera pueda venir. Pero nadie nos tocó las bicis y por el día la habitación tiene mucha mejor pinta que por la noche, dónde va a parar…
Desayunamos tranquilitos en esa cocina desastroseja, mientras Lonnie nos intentaba convencer de no salir con la lluvia y quedarnos otro día más, pero decidimos seguir.

Hemos hecho más de 70 km bajo la lluvia, pero el sendero era delicioso, perfectamente ciclable y no había ni el Tato. Los últimos 25 km han sido por carretera, muy duros por las cuestas y la falta de arcén, pero la entrada a Port Townsend fue también por senderillo, ¡ciervos incluidos!

Paramos a comprar sopa en el super para calentarnos los huesos y Matt, un espontáneo, nos ofreció ir a su casa, aunque nos advirtió que se acababa de mudar y estaba hecha un desastre… Hemos cocinado juntos, pasta con verduritas, cerveza… Muy buena música, y sobremesa tranquila viendo la película Popeye, con Robin Williams de protagonista. ¡Genial! No la conocíamos y nos ha gustado mucho.
Día 138 del viaje, jueves 4 de octubre. Muy triste por irme de Canadá… No dormí apenas.
Fuimos a cambiar los frenos a una tienda de bicis que nos clavó la friolera de 63 dólares… Eso sí, van como la seda.
Tras una emotiva despedida de Mary y Les, fuimos al ferry y cruzamos a Port Angeles, EE.UU., con unas vistas del mar increíbles.

Luego, veinte km de sendero muy bonito, junto al agua y entre árboles. Cuestitas chungas pero las subí con ganas de llegar ya a nuestro destino, porque caía la tarde.
La granja de Lonnie es un sitio muy peculiar, pero indudablemente él es muy amable y encantador y ha hecho un esfuerzo evidente para ofrecer un lugar de acampada, cocina y descanso acogedor.
Por la noche vino otra pareja y ya somos varios por aquí: Chris, un alemán, una señora que va a un evento de cangrejos, ellos y nosotros.
Día 137 del viaje, miércoles 3 de octubre. Día de descanso en Victoria: vimos a Chas, al que habíamos conocido en P.E.I., paseo por la ciudad, comida en un pub (Darcy’s), compra de ingredientes y cena estupenda con Mary, Les, uno de sus hijos con su novia y un amigo de la familia que tenía anécdotas escabrosillas, pero a humor negro no nos gana nadie… Lo pasamos muy bien y me da mucha pena irme.

Son estupendos, Mary y Les. Espero que Mary haga buenas migas con mi madre cuando vaya a ser hospitalera del albergue de Salamanca en febrero.

Día 136 del viaje, martes 2 de octubre. ¡Ayer fue una delicia salir de Nanaimo! Hicimos un poco de autopista pero luego salimos a una carretera secundaria con mucha cuestita, pero poco tráfico y bosques preciosos, con claros repentinos desde donde se veía el mar. Al llegar a Crofton, Pak me estaba esperando junto a cuatro cervatillos que estaban ahí tan tranquilos, dos machos y dos hembras, mascando hierba como si tal cosa.
Mike, Laura, y sus hijos Oscar, Ren y Ava, nuestros anfitriones de Crofton, nos esperaban con la cena preparada: ingredientes para hacernos fajitas. Luego les acompañamos al Community Hall para oír a varios candidatos de alcalde en plena jornada pre-electoral, con turnos de preguntas y respuestas, muy a lo EE.UU. ¡Muy interesante!
Dormimos como troncos en su cabaña del jardín y hoy durante el desayuno nos explicaron las diferencias entre seguir hacia el sur por la isla o cruzar a la isla de al lado, Salt Spring.
Finalmente hemos cruzado en ferry y ha sido genial, rodada por carreterillas aún más secundarias que ayer, con cuestas aún más pronunciadas, con vistas cada cual más bucólica, pero apenas dos o tres coches.

Ahora mismo estamos cruzando de nuevo a la isla principal, con vistas alucinantes de las costas, y tendremos que hacer unos 35 km más por sendero a Victoria, donde nos espera Mary, nuestra nueva anfitriona.

Día 135 del viaje, lunes 1 de octubre. Ayer llegamos de noche a Nanaimo y fue un estrés salir del puerto circulando a oscuras entre los coches. Por suerte tenemos buenos faros, pero al no haber farolas, tenía uno que fijarse bien en el reflejo de la lluvia en el asfalto para anticiparse a los baches.
Deborah, Mike y su hija Jordan nos dieron una estupenda bienvenida. Un curry delicioso, y una habitación de ensueño… Por desgracia he dormido mal, de nuevo por pasar calor y resultarme blando el colchón. Yo duermo mejor en el suelo…
Después del desayuno delicioso de pancakes, nos apalancamos en la biblioteca de Nanaimo, pero yo no me alejé un segundo de las bicis: tienen un serio problema de robos, por una macrocomunidad de sin techo que se han instalado allí desde el verano. Y el riesgo era real: bandas organizadas, por suerte muy amateurs. Alguno intentó distraerme, otro tiró disimuladamente de un pantalón de Pak que estaba enrollado encima de una alforja, pero desistió cuando lo notó enganchado y yo mirándole con cara de pocos amigos. No eran peligrosos: jóvenes, homeless de nueva hornada que ni siquiera parecían homeless, aseados y con una mochilillla. Parecían turistas pero a mí no me la daban con queso. Íbamos prevenidos pero además, al venir de Europa, no hemos perdido el sexto sentido de los robos.
A eso de las dos nos contestaron de Crofton y allá que fuimos.

¡Gracias por leerme! Si te gusta mi blog, te animo a suscribirte con tu e-mail a pie de página, para que te lleguen alertas de cada nueva publicación.
1 Comment