
This is a copy + paste from my personal travel diary in Spanish. For cooler pictures and a more optimistic version of our trip, please visit www.pakette.org.
Día 120 del viaje, domingo 16 de septiembre. Mucha humedad, de nuevo la noche sin parar de llover, la tienda calada por enésima vez y los sacos también mojados y fríos.
Hemos llegado a Revelstoke tras una jornada facilonga de 60 km, principalmente cuesta abajo, a ratos con sol y otros con lluvia, pero con buenas vistas de las montañas.
Al igual que ayer, tuve que bajarme de la bici y subirme a la acera para pasar una especie de túneles que tienen en la autopista, snowsheds, en tramos con riesgo de avalancha. Pak pedaleó por el arcén tan ufano pero yo no me atreví con esas estrecheces.
Ya que nuestro anfitrión de WarmShowers nos ha dejado tirados en el último momento, se nos ha antojado alojarnos en una guest house estupenda, Poppi’s House, muy hippy, con muy buenas vibraciones.

Hemos podido guardar las bicis en un garaje muy peculiar, muy simpático… Hemos hecho colada tras una laaaarga ducha calentita y después hemos cocinado una opípara comida. Nos hacía mucha falta… Llevábamos cinco días bajo la lluvia, sin poder secar la ropa o los sacos en condiciones.
Día 119 del viaje, sábado 15 de septiembre. El camping donde pasamos la noche está situado en Waitabit Creek. El nombre sin duda viene de la cola que hay que hacer para usar la letrina, pero oye, a caballo regalado…
Mientras desmontábamos la tienda observamos a una docena de usuarios del camping congregarse en círculo y participar en una extraña ceremonia. No sabíamos (ni quisimos saber) si estaban en pleno acto de contrición, thanksgiving, oración… Había muchos niños, algunos de los cuales ya me sonaban, de haberlos visto en la cola de la letrina, con pinta de desarrapados y algo streetwise. Me imaginé que ya estaban más viajados que yo, por el estado de las tiendas de campaña y de los vehículos de sus padres, y me dieron un poco de penilla. No sé si le deseo a ningún niño una vida nómada de letrinas en campings gratuitos.
Nos despedimos de Bastien y su motocicleta y después hicimos algo más de 60 km, muy penosamente por la fuerte lluvia y las cuestas. Por suerte había buenos arcenes, y de hecho fue lo único bueno porque no vimos nada del paisaje por culpa de la niebla.
Habíamos parado a comer en el lindero del parque natural del paso de Rogers, donde había una foto del tal Rogers que no tiene desperdicio… ¡Tengo pendiente hacer una caricatura! La publicaré próximamente.
Rodamos separados varios kilómetros: yo iba muy lenta en las subidas. Al pasar junto a un camión averiado, bromeé con el camionero y su pareja: que si querían que les llevara en la bici… ¡Se rieron con ganas!
Llegué a un centro de información y allí estaba Pak esperándome. Supimos que el camping al que queríamos ir estaba cerrado, así que hicimos un par de kilómetros menos y fuimos al anterior, que resultó mucho mejor. Estaba lleno de alemanes o suizos (de hecho había un montón de carteles en alemán, o en Germanglish, mejor dicho) y regalaban la madera, así que hicimos una hogueraca y nos calentamos y secamos como pudimos mientras cenábamos la tortillita que cocinó Pak.
Con el nuevo cambio de hora (9 horas ya de diferencia con la España peninsular) a las 20:00 ya era noche cerrada y al rato nos dispusimos a dormir.
Día 118 del viaje, viernes 14 de septiembre. Hemos salido rapidito del camping pero nos hemos apalancado en la biblioteca de Golden, porque no hay tanta prisa hoy: haremos unos 30 kilometrillos hasta Donald, donde hay un camping gratuito.

…Los 30 kilómetros resultaron algo duros por las subidas, pero ha merecido la pena llegar a este camping porque es simpatiquejo. Tiene un riachuelo muy majo donde nos bañaríamos si hiciera calor, pero va a ser que no… También podríamos calentar agua para la ducha solar pero la sola idea de ponerse en pelotas o bañador con este frío, espanta bastante.
Recogimos leña para encender una hoguera y secar un poco nuestra ropa. Y al rato pareció en moto Bastien, un parisino en ruta Panamá-Canadá. Nos pidió acampar al lado y le hemos invitado a cenar de nuestra pasta du chef Pak, porque decía no llevar nada más que una tableta de chocolate, el pobre.
Hemos charlado hasta que a las 22:00 la lluvia nos invitó “amablemente” a meternos en las tiendas a dormir.
Día 117 del viaje, jueves 13 de septiembre. Efectivamente, hizo un frío de aúpa y de hecho amanecimos con la tienda cubierta de escarcha. El camping estaba precioso: por mucho que no me guste la nieve, tengo que reconocer que la de aquí tiene una cualidad especial: es granulada, acristalada… No hace falta un microscopio para ver que cada copo brinda una imagen maravillosa, caleidoscópica. Y es muy interesante al tacto.

Pak se fue en bici al Lake Louise con la esperanza de hacer alguna foto portentosa, y yo me quedé acabando de empaquetar, después de darme una laaaarga ducha calentita. Me acordé de mi sista María y sus consejos de irme a un spa mientras Pak pedalea a su aire. Casi, casi, pensé en mi mini sauna improvisada…
Salimos tarde del camping e hicimos una penosa jornada de casi 90 km bajo la lluvia y el granizo, con los camiones duchándonos a cada paso pero con un arcén enorme y vistas A-LU-CI-NAN-TES de las Rocosas. Los riachuelos de aguas cristalinas me recordaban nuestro viaje por Eslovenia, pero estas dimensiones son mucho más bestias, claro.
Ya casi en Golden, Pak pinchó pero por suerte ya no llovía. Cambió la rueda mientras yo ayudaba como buenamente podía, ambos con las manos heladas… ¡Tengo que comprarme unos buenos guantes! Intentaré ir a una tienda de segunda mano… Llegamos a la ciudad al caer la noche y caímos rendidos en el camping municipal.

Día 116 del viaje, miércoles 12 de septiembre. Hemos dormido bien y hemos remoloneado bastante para salir del camping. ¡Nos han dado las 11!

La jornada ha sido dura por la lluvia, el frío y el viento, aunque hemos hecho apenas 60 km. De nuevo, en Lake Louise, otro lugar hiperturístico, no hemos visto otra posibilidad de pasar la noche que irnos al camping.
Gracias a la sugerencia de los de la oficina de información, nos hemos podido ofrecer para compartir plaza de camping, y una pareja ha venido y nos ha pagado la mitad; menos mal porque llevamos unos días con mucho gasto.
¡Esta noche va a hacer un frío de aúpa!

Día 115 del viaje, martes 11 de septiembre. Anoche fue un desastre, como ya he contado en esta entrada. Y aunque les tenemos ojeriza a los de National Park hemos pagado otra noche en el camping.
Pasamos el día paseando tranquilitos por Banff y Pak parece que se ha recuperado un poco de su dolorcillo en el tendón de Aquiles. Ha ajustado el sillín; esperemos que fuera ese el problema.
Comimos en un pub y luego blogueamos en la biblioteca.


Florian se pasó a saludar, y ha quedado claro que no rodaremos juntos, ya que se queda a esperar a unos amigos y hará pateíllos por la zona.
Día 114 del viaje, lunes 10 de septiembre. Coyotes aulladores, una familia ruidosa que llegó a última hora de la noche, el tren que pasaba a escasos metros… No ha sido una noche muy reparadora pero la jornada ha sido corta: hemos parado una eternidad en Canmore porque nos entretuvo Crazy Larry, un personajazo que nos hizo una entrevista: ¡Pasamos un rato muy divertido! Le deseamos mucha suerte para batir su récord.
Luego hemos hecho el delicioso Legacy Trail con las Rocosas de fondo, ¡qué vistarracas! Como para quitar el hipo.
Y ahora estamos en Banff esperando a Ladi, el checo que conocimos en Sault Ste. Marie, que viene los lunes a ayudar a repartir comida sobrante de los supermercados. No nos podrá alojar pero al menos le saludamos… Y quizás tenga algún buen consejo que darnos.
Día 113 del viaje, domingo 9 de septiembre. Pensé que no podría dormir, agobiada con el estrés del día anterior. Sin embargo, cerré los ojos y caí rendida a los pocos segundos, y eso que mi cama estaba llenita de mis trastos (había dos camas dobles en el apartamento que alquilamos y por supuesto, usamos las dos, por algo hemos pagado una pasta gansa).

Habíamos cenado opíparamente porque hicimos una gran compra en el supermercado: había que aprovechar esa cocina portentosa. Yo estuve agobiada y vigilante toda la tarde. Pak ya solo tenía un leve dolor de cabeza y parecía haber vuelto a su estado normal y sin embargo, al mismo tiempo, ¡estaba tan encantador! Era casi sospechoso, por inusual (en los últimos tiempos, “encantador” no es un epíteto que yo usaría para Pak).
Tal y como le dije a él, me recordaba a mi hermano Jesús, que es diabético, cuando está a punto de sufrir una hipoglucemia: levemente aturdido y al mismo tiempo eufórico, chistoso y zalamero. Debatí con Pak que sus síntomas no habían sido de diabetes, pero me quedé igualmente preocupada.
Tras rodar fuera de Calgary, con un estrés horrible por la circunvalación infernal, lloriqueé un poco, lo justo para desahogarme sin despistarme de la carretera… Tenía mucha ansiedad acumulada y me acordé de todos mis muertos y mis traumas, y le susurré a Dios que si existe, no me sea cabrón, que no use al Pak para ponerme a prueba, que me dé cuestas y vientos y fríos y bronquitis y dolores y lesiones y todo lo que le salga, pero que a mi Pak no me lo toque, por favor.
Una se acuerda de Dios solo cuando pasa algo chungo…

Hemos hecho 80 y pico km por paisajes hermosísimos, montañosos, de colores variaditos y boscosos y casi otoñales, con animales salvajes (dos potrancos) en medio de la carretera. Estamos acampados en un punto de iOverlander, sin agua para lavarnos y mucho ruido de carretera alrededor… Pero nos encontramos bien, gracias a Dios, o a Tutatis, o a lo que haya ahí fuera, si es que hay algo, que no lo tengo nada claro.
