Semana 16: Fall is coming

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For a more optimistic account of our travels in English, please read http://www.pakette.org. This is just a censored version of my personal diary in Spanish.

Las noches empiezan a ser más frías, y yo tecleo en mi móvil con dificultad y pereza: ¡Quiero ya meter los brazos dentro del saco de dormir!

Recuerda: los días se narran en orden cronológico inverso.

Día 112 del viaje, sábado 8 de septiembre. Anoche llegamos bastante tarde a casa de Paul, nuestro anfitrión de WarmShowers, porque el bus llegó con dos horas de retraso y aún tardamos un poco en montar las alforjas e ir a buscar cervezas para regalar, como es nuestra costumbre.

Paul nos agasajó con pizza y una ensalada estupenda, aunque por desgracia no podía tomar alcohol por prescripción médica.

Hemos dormido muy bien porque estábamos reventados de la noche en blanco y del palizón del bus. Paul nos deleitó de nuevo el paladar en el desayuno con unos pancakes gruesotes, bien regados de sirope de arce, completados con cereales, yogur y la leche de arroz que teníamos aburrida en las alforjas.

Mirando retrospectivamente, es cierto que llevábamos dos días enteros sin apenas beber agua, si acaso algún café y alguna cerveza. Con todo, es preocupante lo que pasó esta mañana:

Paul vino unos km con nosotros para mostrarnos la salida de la ciudad, y mientras estaban los dos parados esperándome en lo alto de una colina, Pak se desvaneció y cayó hacia un lado, por suerte sobre un bordillo con césped. Yo llegué y no comprendía lo que estaba pasando: parecía que Pak se había tumbado a descansar con la bici encima. Justo en ese momento Paul se estaba dando cuenta de que algo iba mal, que parecía que Pak estaba gastando una broma, pero no era el caso.

En seguida Pak se recuperó, no creo que llegara a un minuto de desmayo. Estaba muy pálido y aturdido pero respondía sin problemas.

Hemos ido al médico y Paul ha estado con nosotros en todo momento, y eso que el hombre tenía que empaquetar para irse de viaje. Le han diagnosticado una posible deshidratación y yo estaré vigilante los próximos días.

Ya solo le queda un fuerte dolor de cabeza, pero no rodamos más hoy por si acaso.

IMG-20180908-WA0003.jpgDía 111 del viaje, viernes 7 de septiembre. Fue una noche larga y ruidosa en el aeropuerto. Los de seguridad, muy atentos, nos habían indicado que a la 01:00 se acabarían los vuelos y podríamos ir a los bancos de la zona de recogida de equipaje, que no tienen brazos, y allí podríamos tumbarnos. Así hicimos pero el personal de limpieza no dejó molestar toda la noche, y dormimos poco o nada.

Estoy un poco más reconciliada con la idea de volver a rodar Pak y yo solos. Al fin y al cabo, yo estaba retrasando a todo el grupo. Me consuela la idea de que probablemente Flo y Alex nos alcancen pronto, porque ya ayer hicieron 150 km y hoy podrán hacer incluso más, gracias al viento del este.

Sabíamos que había muchas posibilidades de verlos desde el autobús, y efectivamente los hemos adelantado a la salida de Chaplin, donde habían pasado la noche. La conductora es bien maja y ha accedido a pitarles al pasar. ¡El bus entero saludando a nuestros queridos La Terre vue d’une selle! Evidentemente no era cosa de parar, pero ha molado este saludo fugaz.

Los paisajes de humedales y salinas son preciosos, comparados con la monotonía de los campos de trigo de días anteriores. Casi me estoy arrepintiendo de no rodarlos (pero mañana, con el viento del oeste fastidiando de nuevo, no me arrepentiré).

Diez horas en bus hasta Calgary y yo dormiré todo lo que pueda.

Día 110 del viaje, jueves 6 de septiembre. Día triste, hoy. Estoy apesadumbrada, me pesa el alma y me dan ganas de llorar. Me había acostumbrado a Flo y a Alex y me cuesta mucho trabajo hacerme a la idea de viajar sin ellos. Sabía que en algún momento esto pasaría pero confiaba en que aún viajaríamos juntos hasta Vancouver.

El hecho de que sea decisión nuestra no lo hace más fácil: Pak vio que hay un bus de Regina a Calgary y propuso acelerar una semana para dejar de tener que aguantar los vientos e intentar evitar la nieve en las montañas Rocosas. Yo, qué puedo decir, si sufro terriblemente con cada racha y retraso a todo el mundo, si la idea de subir las Rocosas con frío y hielo me aterra y me da pereza a partes iguales. Qué puedo decir. Pues que sí, que qué remedio, que vayamos en bus a Calgary.

Llevamos horas en el aeropuerto (de donde sale el bus) empaquetando las bicis y el equipaje, agotador y estresante como siempre, y ahora que hemos terminado y nos quedan 14 horas de espera, me llega de lleno esta soledad de ser dos de nuevo. No sé si quiero.

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Día 109 del viaje, miércoles 5 de septiembre. Día de descanso aquí en el terreno privado de Helena, en pleno camping de Sherwood. ¡Hace un sol maravilloso! Hemos hecho un brunch a base de bacon, papas, tortilla del calabacinaco gigantesco encontrado en Regina, café, tostadas, dulces… ¡Sublime!

Cada uno a su historia: Florence y Pak con sus fotos, Alex cortando leña para Helena; yo de maruja, con la vajilla y la colada… Muy a gustito, yes.

Un poco de vergüenza que Wapella haya publicado mi carta con faltas de ortografía. Qué van a pensar mis compis los profes… No tengo excusa por haberlo “malescrito” sentada en el suelo y con prisas… “Anfán”, que dicen an fgansé…

Por la noche preparamos una rica cena de pasta y ensalada, y yo aún no sabía que sería la última cena con la pareja.

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Fui al baño del camping, noche cerrada cargada de estrellas, y el puente metálico tenía un aire fantasmagórico, con su halo de luz y su zumbido, como si fuera una puerta a otra dimensión. ¿Cruzar o no cruzar? Esa es la cuestión.

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Día 108 del viaje, martes 4 de septiembre. La noche en el campo de béisbol fue movidita por culpa del viento. Estábamos junto a un gran descampado de césped y el viento huracanado meneó con fuerza las hojas secas de los árboles, convirtiéndolas en una gran marea amarilla que barría el suelo a nuestro derredor. Yo soñé que estaba de nuevo en Pebble Beach y los guijarros entrechocaban a cada golpe de ola. Luego soñé que estaba en la playa del Verodal, en el Hierro, y me desperté varias veces con ese ruido ensordecedor, pero maravilloso, que nos depararon los vientos de esta tierra salvaje.

Esa noche, una vez más, me sentí feliz, y joven, reviviendo mis noches en playas desiertas de distintos momentos de mi historia. Soy una persona privilegiada, qué poco me he aburrido en mi vida y qué poco me aburro ahora, apurando al máximo este regalo efímero de eterna juventud en plenos cuarenta y un tacazos de edad.

… La pobre Florence se quejó de que pasó la noche temiendo que el viento tumbara un árbol sobre la tienda. Pak y Alex proclamaron haber dormido como benditos.

Fue una jornada muy, muy dura, de casi 100 km con un frío horrible y mucho viento. Yo fui retrasada toda la jornada, no lograba acelerar lo más mínimo. Me esperaron para comer y casi al final de la jornada paramos brevemente en Regina a comprar provisiones y bebidas para nuestra anfitriona, Helena. Me dolían terriblemente las rodillas y los riñones de haber pasado un frío atroz, pero por suerte se me fue pasando.

Hemos llegado a este rincón paradisíaco en Grand Coulée, el bosque de Sherwood sin Róbines en la costa. Dormimos en habitación con calefacción y Flo y Alex han elegido la casetilla sin calefacción, pero están también un pelín más aislados del ruido de la casa.

La cena preparada por Helena ha sido deliciosa, wok de verduritas, pollo y arroz, regado de nuestras cervezas y vino. ¡Delicioso!

Día 107 del viaje, lunes 3 de septiembre. Aunque por la noche pasó un coche por el camping, por la mañana seguíamos siendo los únicos en estar acampados. Recogimos y desayunamos sin prisas, porque estaba previsto hacer “pocos” kilómetros (menos de 70).

Al salir de Grenfell hacía un viento bestial que venía del sur, por el flanco izquierdo. Yo ya estaba ralentizando demasiado y se puso Alex al lado. ¡Maravilla! No sé si es porque las bicis de Alex y Flo son más altas: el caso es que el muchacho me hizo de barrera contra el viento y pude pedalear muy bien un buen rato. Luego se adelantó Pak y también me hizo de barrera, y todos avanzamos a buen ritmito.

Llegamos bastante pronto a Indian Head, nuestro destino previsto para la noche, y estuvimos deambulando bastante para encontrar un sitio idóneo para acampar. Al lado de la escuela estaba el campo de rodeo, pero claro, las clases comenzaban al día siguiente y seguro que algún janitor nos iba a echar temprano. “Detrás de la biblioteca”, sugirió una lugareña, pero estábamos muy expuestos; nada que ver con el rinconcito discreto de Wapella.

Finalmente seguimos el consejo de ir al campo de béisbol y allí nos pareció estupendo: habíamos llevado agua caliente en nuestros depósitos e improvisamos duchas en una esquina, detrás del edificio de los baños. Luego cenamos, platicamos un poco… Y nos fuimos pronto a dormir.

Día 106 del viaje, domingo 2 de septiembre. Hemos dormido sin percances en Wapella (una pelea de gatos y poco más), en una noche muy fría que nos dejó toda la tienda calada por la condensación, aunque luego se secó bien con una horilla de sol. Le he dejado una carta a la biblioteca para agradecer al pueblo su hospitalidad y también para elogiar, precisamente, el que tengan biblioteca pese a ser un pueblico canijo.

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Luego hemos hecho más de 70 km, el primer tramo con un viento horrible y el segundo algo mejor, con musiquita que puse yo en mi móvil y rodando los cuatro juntos. El paisaje sigue siendo muy monótono y hay animalicos atropellados cada dos por tres. Pobres…

Hemos llegado al camping municipal de Grenfell y hemos cocinado tortilla, muy rica, con alubias (ya sé que no parece una combinación de ingredientes digna de un “chef”, pero a nosotros nos supo de lujo). Luego me he cortado el pelo yo solita. El resultado no es tan horroroso como cabía esperar… ¡O eso me creo!

Hoy dormimos algo alejados de nuestros vecinos Flo y Alex, así que al menos no nos roncaremos y demás.

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