Semana 12: Oh what fun is it to ride!

IMG-20180812-WA0000You’ll soon have a more optimistic account of this trip (in English!) in http://www.pakette.org.

Mientras tanto, puedes leer esta versión ligeramente censurada de mi diario personal.

Día 84 del viaje, sábado 11 de agosto. Tras el diluvio universal de la noche anterior, amanecimos con la tienda y las bicis caladas pero sin nada importante mojado. Todo encharcado y el lago con unas buenas olacas, los pebbles (guijarros) de la Pebble Beach entrechocando como locos.

Salir de Marathon ya requería recorrer una cuesta impresionante (la que yo bajé el día anterior rezando por no tener que volverla a subir), pero era una colinilla comparada con la montaña rusa que nos esperaba a lo largo de la jornada.

Fueron unos 80 km infinitamente más duros que los 100 del día anterior, pero también mucho más bellos: bajadas vertiginosas entre montañas y pinos para ir a parar a lagos cristalinos que refrescaban el aire. Rodar a tanta velocidad gritando “¡Jerónimooooo!” era delicioso, un verdadero placer, aunque la sonrisa se helaba (o mejor dicho, se derretía) a la vista de la siguiente cuesta empinadísima, que había que remontar con un calor asfixiante.

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Yo lo pasé muy mal con el bochorno: sensación de 35° C por culpa de la humedad. Iba tapada a tope para no quemarme y prefería sudar a abrasarme la piel. Bebí 3 litros de agua, inaudito en mí, y milagrosamente no tuve síntomas de insolación. En una cuesta terrible me dio un vuelquillo el corazón y pensé: “Ay Dios, aquí me quedo”, y me aterrorizó la idea de palmarla allí mismo, quedarme pajarito, sin haber tenido ocasión de escribir palabras más amables sobre Pak.

Hemos llegado a Terrace Bay y hemos acampado en su playa tranquilita. Mañana va ser un día de bel far niente.

IMG_20180812_144014_1Día 83 del viaje, viernes 10 de agosto. Amanecimos a las 6, una niebla espesa y fantasmagórica sobre la misma playa que nos brindó ayer una puesta de sol tan increíble. Me puse inmediatamente a guardar los sacos, mientras Pak preparaba el café, para que no diga que tiene que hacerlo él todo, pero me dolían los dedos, me pesaba todo, y me quedaba sin aliento con unos gestos tan nimios como los de empujar el saco dentro de la funda.

Me gustaría que estuviera un solo día en mi piel para saber lo que es tener la tensión tan baja y necesitar un litro de café al día, con el chute mañanero absolutamente imprescindible. Necesito DE-SA-YU-NAR para empezar.

Empezamos sin broncas ni cabreos, así que rodé a mi ritmo, meditando a cada paso sobre mi carácter, mis errores del pasado, reconciliándome conmigo misma. Fue una jornada fácil por las cuestas pero muy larga, muy dura por el calor, de más de 100 km. Yo agradecía poder ir sola y saber que Pak iba acompañado por gente que iba a su ritmo. La verdad es que veo muchas virtudes a este grupo y espero que no empecemos a cagarla y se disuelva, aunque con este tipo de “formaciones espontáneas” es inevitable que la ruta, las diferencias de carácter o la cuestión económica haga que eventualmente se vaya todo al peo.

Al llegar a Marathon tuve un momento de estrés que es sintomático de que hay un problema que tenemos que resolver. El grupo me esperaba en lo que yo suponía que era una intersección “pelada” hacia la ciudad, sin nada alrededor, vaya. Yo aún estaba a 5 km de esa intersección y Pak me contactó por el walkie para preguntarme si me esperaban o bajaban ya por el sendero. Yo les dije que bajaran, que no creía que hubiera mucha posibilidad de perderme, y Pak me dijo que preguntara en el centro de información si tenía dudas. Quedamos en que él me esperaría en un punto visible si, al llegar a la ciudad, la cosa no estaba clara.

De repente me topé con un centro de información, y yo no estaba en ninguna intersección pero claro, aún no había hecho 5 km. Me paré a preguntar si había estado ahí un grupo de ciclistas y, sí, afirmativo. Me indicaron en un mapa el lugar que les habían sugerido y me mandaron hacia la autopista 17. Yo antes de salir miré el mapa e intenté encontrarle una lógica a lo hablado con el Pak y, efectivamente, había un sendero de tierra un par de kilómetros más allá, yendo por la 17. Y venga a rodar y venga a rodar y llego a una gasolinera Esso y me empiezan a entrar dudas: ¿habrán bajado a la ciudad o han comprado aquí e ido al lugar indicado por las mujeres de la ofi de información, para no recorrer tantos km?

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Me paré en la gasolinera: no habían visto a  ciclistas. Pedí la clave wifi, intenté comunicarme pero nadie estaba conectado. Al final deduje que estaban en la ciudad, puesto que no habían comprado en la gasolinera. Ya eran las 18 y me agobié, me imaginé a Pak esperándome en alguna esquina, “ya está, ya me he perdido yo”, me culpaba. Me imaginé las tiendas cerradas y Pak sin poder comprar por mi culpa, la bronca morrocotuda que me iba a caer y delante de estos pobres.

Francamente, tenía miedo de Pak, de la bronca, de los reproches, de la humillación que me esperaba y de su imposibilidad de atender a explicaciones.

Llegué a la zona comercial, frío y calambres en las piernas, y estaban todas las bicis; uf, alivio: la de Pak también. Expliqué a los otros mis andanzas y apareció Pak tan ufano, con su compra.  Resulta que habían tomado el sendero detrás del centro de información, y no la autopista. Que habían acelerado pero que por suerte los comercios cierran más tarde los viernes. Pak no me había esperado cabreado en ninguna esquina, no hubo bronca. De nuevo, las bondades de estar en grupo y dar prioridad a las necesidades del grupo me habían salvado. Pero tenemos que hablar: no puede ser que mis temores a una nueva bronca añadan estrés a mis ya de por sí durísimas jornadas.

Estamos en Pebble Beach. La previsión es que va a caer la tormenta del siglo durante la noche, pero hemos tenido ocasión de disfrutar de la cena, a gustito en nuestro grupo de 5 magníficos.

Estoy agotada hasta el punto de no querer ni bañarme. 100 km. CIEN. Después de todo el tute que llevamos. Mañana ya paramos un día en Terrace Bay.

Día 82 del viaje, jueves 9 de agosto. Dormimos bien a pesar de las estrecheces de montar la tienda sin vestíbulos y sin tensar los vientos, para que cupiéramos todos a resguardo de la lluvia en el soportal de la oficina de turismo.

Hemos madrugado todos para irnos antes de las 8, como acordamos, y mientras recogíamos la tienda he tenido una pelotera con Pak que me ha venido muy bien para rodar muy cabreada, furibunda de hecho, así que he ido muy rápido y pedaleando con una rabia inusitada en mí.

Luego, bromeando, hemos acordado todos que hay que enfadarme cada mañana.

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La jornada fue dura, con todo. Más de 90 km de docenas de cuestas, calor y arcenes de supermierda, para matarse si se colaba una rueda por las grietas… Pero también había zonas recién asfaltadas.

Hemos llegado a Picnic Beach Road de White River, tal y como nos indicó Winnie the Pooh en WarmShowers, y hemos interactuado with the locals,  es un decir: los tres franceses han echado una partidilla de frisbee y se han bañado con unos chavales muy majos, y luego hemos cenado todos, muy bien regado todo con cervezas, mientras contemplábamos la puesta de sol absolutamente alucinante.

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Día 81 del viaje, miércoles 8 de agosto. Amanecimos con sol en este lugar paradisíaco, las aguas tranquilas tras una noche de viento. Hubo bastante ruido y nos despertamos mucho, sobre todo por las ardillas que mordisqueaban nuestra bolsa de comida.

Hoy también habrá mucha cuesta hasta Wawa, pero por fin llegamos a la civilización y tendremos wifi.

… Sí hubo bastantes cuestas, sí, y mucho calor, pero la parada a comer en Old Woman’s Bay fue alucinante, y hemos llegado a Wawa y solo con preguntar en la oficina de turismo nos han dejado quedarnos en la parte de atrás. Hemos cenado de nuevo los 5 en alegre compañía, ¡se puede uno acostumbrar a esto!

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Día 80 del viaje, martes 7 de agosto. Anoche se debieron colar un par de mosquitos en la tienda, porque he amanecido acribilladita, las nalgas y los muslos llenos de picotazos.

Hemos rodado 80 km, con mucha cuesta y mucha niebla, y yo con mucho apuro porque a cada tanto me estaban esperando, a pesar de que yo les suplicaba que tiraran p’alante y solo me esperaran al final.

Hemos parado a comer, con hornillo y todo, qué excepcional y qué maravilloso.

Y finalmente hemos llegado a este paraíso, Katherine Cove, a 80 km de Wawa, donde hemos acampado a pie de playa, ¡y hay retretes y todo!

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Día 79 del viaje, lunes 6 de agosto. Hoy ha sido festivo en Canadá y se ha notado: muy pocos camiones y ningún obrero en la autopista. Hemos hecho 82 km hasta una preciosa playa en el lago, pasado el parque de Batchawana Bay. Hemos quedado con los franceses que conocimos en Vélorution, Florence, Florien y Alex, para acampar juntos, y de hecho hicimos juntos los últimos 12 km. Son muy majos: yo tenía mis reservas de ir con otros ciclistas porque soy muy lenta y me agobia ralentizar a los demás, pero este tramo final teníamos todos un ritmo bastante adaptable. Este lugar es maravilloso: nos hemos bañado en el lago y hemos charlado un ratito agradable.

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Me parece una experiencia muy buena ver cómo hacen otros ciclistas: estos paran siempre a comer, no como nosotros, que nos apañamos con una miserable barrita de cereales o fruta y solo comemos bien al final del día (el desayuno potente, eso sí). También es bueno para comprobar las virtudes e inconvenientes de la acampada libre.

Día 78 del viaje, domingo 5 de agosto. Nos hemos quedado otro día de perezosones en este paraíso para ciclistas. Al menos hemos ido caminando hasta centro… Maravilloso, descansar.

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