Día 77 del viaje, sábado 4 de agosto. Las gaviotas montaron una buena escandalera por la mañana, como ya nos habían prevenido ayer los muchachos de Montreal en este oasis para ciclistas, Vélorution.
Anoche cenamos juntos los de Montreal, un muchacho checo y nosotros dos mientras bailábamos la conga en nuestros asientos para que no nos picaran los mosquitos. Un ambiente estupendo, el de esta tienda de ciclismo con espacio de acampada y baños regentada por Jan y llevada tan bien por sus simpáticos empleados.
Hoy descansaremos, haremos colada y nos aprovisionaremos de combustible y comida antes de seguir por la Highway 17.

Día 76 del viaje, viernes 3 de agosto. He dormido fatal porque estábamos expuestísimos, al paso de todo el mundo y junto a la carretera. Ya sé que esto es Canadá pero en otro país nuestras alforjas no habrían durado ni un telediario. Lo peor es que tampoco he dejado dormir al Pak.
Una mala organización del día, ayer: no nos adaptamos a las circunstancias, pero yo no me puedo quejar para no añadir más leña al fuego de un día de mierda.
Hoy haremos más de 100 km sin haber dormido ni medianamente el tiempo necesario para recuperar los músculos.
… Al final no fue para tanto, cómo exagero… Hicimos 80 y pico km, la carretera regular, a veces en mal estado, pero en general bastante bien, sin más incidente que el que me ocurrió a unos 25 km de nuestro destino, que relato en inglés en www.pakette.org: iba muy lento porque buscaba en vano dónde orinar y una policía se paró a preguntarme si estaba bien: varios conductores habían llamado, preocupados por mi pedaleo “errático”.
Día 75 del viaje, jueves 2 de agosto. El día empezó mal y nos pasó de todo. Ya al salir seguí quejándome de lo dura que encontraba la cadena. “Me voy a lesionar”, le decía a Pak, por hacer más esfuerzo muscular de lo normal. Y no me lesioné pero vamos, debió ser lo único que me faltó ayer.
Pak había planeado 90 km hasta un camping municipal, en Bruce Mines. Yo prefería hacer 70 y quedarnos con un WarmShowers en Thessalon, pero Pak insistía en la importancia de llegar el viernes a Sault Ste. Marie para tener el sábado libre, descansar y hacer compras.
Al poco de salir, empezó a diluviar lo más grande. Nos empapamos en cuestión de segundos, no nos dio tiempo ni a pensar en sacar la ropa impermeable. El agua rebosaba de los zapatos, chof chof a cada pedalada. Paramos cuando llegamos a un pueblo, pero no parecía haber cafeterías ni un lugar donde cambiarnos. Rodamos hasta el ayuntamiento y preguntamos, y allí nos dejaron usar los baños. Antes de volver a la carretera, Pak palpó mis ruedas y las encontró bajas: quizás ese era el motivo de mis dificultades. Y al ir a hincharlas, se rasgó la base de la válvula y hala, a la porra, había que cambiar la goma entera, bajo un calor incipiente.
Se hizo ya la hora de comer, así que rodamos un poco más hasta el siguiente pueblo, y paramos a comer en cuanto pudimos, en un Subway. Al menos comimos ensalada y unos bocatas muy decentes. Y antes de salir, Pak se dispuso a hinchar mi otra rueda y… ¡Volvió a pasar lo mismo!
¿Obsolescencia programada? No es normal que las válvulas se rompan así… Y a todo esto, menos mal que esto le pasó a Pak, porque si se me hubieran desgraciado a mí, la culpa habría sido mía, porque hago todo a lo “me cago en diez”, según Pak.
Hala, otra vez a cambiar la cámara, esta vez de la rueda delantera… Para cuando acabamos eran más de las 2 y yo veía muy poco realista hacer 75 km, pero no me atrevía a imponer mi punto de vista, al fin y al cabo el Pak ya llevaba un día fino y yo no quería empezar discusiones.
Lo más sensato habría sido contactar con el anfitrión en Thessalon y pedirle alojamiento. En vez de eso, intentamos llegar hasta Bruce Mines y qué va, empezaron unas cuestas horrorosas, larguísimas, y yo no era capaz de acelerar lo más mínimo.
Pues al llegar a la entrada de Thessalon, ya casi las 7 de la tarde, Pak por fin propuso ir al camping de allí. Una ciudad de 1500 habitantes donde había un WarmShowers majísimo, y nos toca malacampar junto a recepción del camping porque estaba lleno a reventar, “for a ball game”, nos dijeron.
Día 74 del viaje, miércoles 1 de agosto. Nos despertamos de nuestra acampada libre y no nos había comido ningún oso. Es más, ningún bicho se había comido o siquiera mordisqueado la comida, que dejé colgando de un tronco a pocos cm del suelo, a unos 100 pasos de la tienda.
No tuve una noche muy, muy reparadora pero no me desperté tanto ni estuve tan intranquila como otras veces que hemos acampado en la naturaleza.
Hemos hecho 78 km por carretera bastante llana e incluso con carril bici en algunos tramos, pero en las cuestas se me hacía la cadena durísima, como si algo le rozara o frenara, como en mi bici híbrida cuando se le pone la dinamo. Pak sugirió que en una de las últimas caídas de la bici (cuando se me ha caído al quitar alguna alforja o por ceder la pata) se me habrá golpeado el sistema de cambios y me gira torcida. Será eso, ahora lo mirará él y yo también lo miraré con mis ojos inexpertos.
Estamos en el camping Serpent River, en Spragge, tiene muy buena pinta, tranquilito, junto al río, con nuestra tienda a la sombra de un arbolaco. Hemos comprado en Spanish, un pueblo anterior, y me ha parecido todo carísimo. La leche está prohibitiva en Ontario: el litro no baja de los 2,5 $.

Me duelen las piernas, son tres días de muchos km, dos con la cadena más dura de lo normal, aunque ayer creí que eran los frenos.
… El momento carcajada de la tarde no tiene precio. Estaba montando yo la tienda, completamente sola, ni un alma alrededor, y ha venido una rafagaza de aire que ha levantado la tienda a lo kite surf. He tenido que hacer fuerza para sujetarla y por un momento he pensado que me iba yo a echar a volar detrás. De repente, el aire se ha parado y la tienda se me ha caido encima; ha rebotado contra mí antes de quedar totalmente del revés, como un globo aerostático venido a menos. Si hubiera habido alguien, me hubiera dado mucha vergüenza y si hubiera estado Pak, como poco me hubiera echado la bronca (“¡Pero como pones las varillas sin clavar la tienda antes!”, parece que le oigo decir). Pero no había nadie y me he podido reír a carcajada limpia, desternillarme yo sola, alegrarme de ser imperfecta, ser caótica y ser un desastre, porque es lo que me hace especial, lo que me saca de la zona gris. Tanto que me costó aceptar mi entropía, y tanto que sufro ahora por estar con alguien que actúa como si fuera perfecto solo lo que hace él, y sentirme por ello tan defectuosa, que se me había olvidado que soy divertida, y soy genial… Y no tengo abuela. Me amo.
Día 73 del viaje, martes 31 de julio. Qué bien se duerme en una cama, pardiez. Qué tranquilidad tener aquí al lado las bicis (nos dejaron, una vez más, meterlas en la habitación).
Hemos rodado más de 80 km por la Highway 17 con muchos tramos en obras; mucho estrés por la estrechez de la carretera. En un punto nos dejaron pasar a la carretera nueva y en otro punto nos tomamos nosotros la libertad de pasar, pero vino un seguritas y nos hizo salir. Noto que no me rueda bien, la bici; no sé si son los frenos.
Al llegar a Nairn Center hemos parado a comer en el Truck Stop que ya venía mencionado en la app iOverlander. Al preguntar a las amabilísimas camareras si podríamos acampar ahí, nos han remitido a la jefa y ha dicho que nanay, por nuestra propia seguridad (nos puede arrollar un camión, que se llama truck stop por algo).
Las camareras nos sugirieron el lugar del río que ya conocíamos por iOverlander. Otra nos habló del concepto de Crown land, terreno público, baldío, donde se puede acampar discretamente. Pak incluso encontró online un plano catastral del pueblo con esas zonas marcadas.
Y ya más tranquilos por no estar haciendo nada ilegal, fuimos hasta el punto de Spanish river indicado y acampamos. Me bañé en el río y llené los depósitos de agua del filtro y la ducha solar, y estuvimos un rato agustito oyendo la radio hasta que nos empezaron a comer los mosquitos.

No sé qué tal dormiré, dependerá de quién o qué animales nos visiten durante la noche.
Día 72 del viaje, lunes 30 de julio. Toda la tregua que nos dieron ayer los mosquitos, se la han cobrado con creces esta mañana.
Hemos hecho 72 km con mucho calor y muchas cuestas en el último tramo, pero nos hemos premiado con una noche de motel a unos 20 km de Sudbury (tampoco hay mucha otra alternativa) y tiene cocinita, frigo, microondas… Un lujazo, vaya…
Hasta poderse mirar en el espejo en pelotas, es un lujo. Yo me veo demasiado cachas, parezco una vigoréxica, demasiado masculina para mi gusto.
Día 71 del viaje, domingo 29 de julio. Qué bueno dejarnos dormir, en nuestro día de descanso. Yo me desperté sobre las 10 y me maravillé de las vistas del lago desde este estupendo camping, Big Oak. Se podía oler el humo de los incendios al otro lado del lago; fue lo único que empañó la mañana deliciosa.

Se fueron yendo otros campistas y nos quedamos muy tranquilos, sin nadie alrededor, solo algunos de los seasonal que venían a pasear o bañarse a la orilla.
Volvimos a hablar del reparto de nuestros roles, cómo organizarnos para que Pak no cargue con todas las tareas. El pacto “de igualdad” que hicimos en Quebec es impracticable: yo no tengo los medios de guiar en la ruta: ni siquiera tengo un soporte para fijar el móvil al manillar y mirar el mapa; pero por fin me explicó cómo se enciende el hornillo, para que yo pueda cocinar a veces, y ya ha accedido a dejarme montar la tienda, una tarea que ya he hecho yo mayoritariamente desde Quebec. Aún queda mucho por hacer: yo implicarme más y ofrecer ayuda para planificar la ruta y otras tareas (y ahora que me voy encontrando mejor, estoy menos hecha puré para aportar mi granito de arena); él también tiene que dejar hacer y explicar.
A día de hoy esto sigue siendo el viaje de Pak y yo soy una mera acompañante, no me corresponde ningún elogio por esta aventura. Pero al menos ya soy menos lastre y hago alguito.