Un imperativo: k*garás en el campo

IMG_20180728_090950En aquella ocasión estábamos en medio del desierto del Sáhara, en plena tormenta de arena, el jeep ya encaminado de regreso hacia El Aaiún porque con la arena azotando los vidrios del vehículo ya no había nada que ver ni hacer. De repente, el conductor paró en seco y se soltó el cinturón. “¿Dónde va?”, le espetó alguno de nosotros. ” Lo siento, tengo que orinar”, contestó, saliendo y cerrando raudo la puerta. El hombrito se paró pocos metros más adelante y algunas miraron a otro lado, por pudor, pero yo no pude torcer la vista: ¿cómo se las iba a apañar con este viento, la arena y, sobre todo, la túnica o chilaba o como se llamara lo que llevaba puesto?

Muy fácil: se acuclilló, se recolocó algo ahí debajo de la ropa y en un momento, sin enseñar ni un centímetro cuadrado de carne, ya estaba listo.

Al volver vio que yo le miraba, divertida, y me explicó: “Aquí en el desierto, se hace así”.

Pues así hice yo también en mi emergencia. Me puse el Humphrey Beggar, mi chubasquero multiusos que me llega hasta los tobillos, me quité discretamente toda la ropa que llevaba de cintura para abajo y la dejé sobre la bici. Me llevé conmigo la pala plegable (pero sirve un palo o piedra), el papel h y una bolsa de plástico. Cavé un agujero, me acuclillé, hice mis cosas con gran tino en el agujero, me limpié, guardé después el papel en la bolsa de plástico (que tiré mucho después en una papelera cuando pude), tapé el agujero con tierra y volví a mi bici, me puse todo de nuevo, guardé el Humphrey y listos. No expuse ni un centímetro de carne, limpio y discreto.

Así se caga en el campo, discretamente a la vista de todos los conductores.

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