Better read http://www.pakette.org for a more optimistic account of our journey.
Esto no es más que un triste corta y pega de mi diario personal.
Día 70 del viaje, såbado 28 de julio. Amanecimos descansados en el hermoso jardín de Chris, nuestro último anfitrión de WarmShowers. Nos dimos un paseíto mañanero por el mercado del agricultor de North Bay y compramos un par de cervezas para dejarlas en la casa con una notita de agradecimiento. Justo antes de salir, cuando nos disponíamos a fotografiar al Paketten Pis, apareció el padre de Chris y charlamos un rato con él; muy majete, el hombre.
Hoy hemos hecho una cincuentenilla de km por un tramo llano, con algún chirimiri de lluvia por el que no mereció la pena parar a cubrirse con la ropa de plástico.
Hemos hecho paradas técnicas dos veces: una en el área de descanso en el lago Nipissing (a sí-pissing), y una segunda vez junto al pueblo, para comprar comida. Nos disponemos a pasar una tarde de descanso en un camping junto a este lago de nombre tan poco diurético mientras ponemos nuestros blogs y demás al día.

Día 69 del viaje, viernes 27 de julio. Aunque el rincón que nos dejaron en el camping junto a la playa del río Mattawa era paradisiaco, dormí fatal por un cúmulo de circunstancias: los kumbayás que estuvieron hasta las tantas cantando al son de una guitarra, con una tipa que tenía claro afán de protagonismo, a lo triunfita; los ruidos de gente entrando al camping, el chofchof de los botes amarrados al lado, los pequeños ruidillos que hacía en su tienda nuestro “vecino” Max… Y mi sempiterna preocupación por las bicis, que de nuevo dejamos cargadas con las alforjas y sin candar. Es normal, en Canadá; Max hizo lo mismo con la suya… Pero yo debo insistir en asegurarlas para mi tranquilidad, para dormir tranquila. No es la primera vez que lo digo pero espero cumplir cada noche a partir de ahora, para que este no sea un factor que perturbe mi descanso.
Un poco hartos ya de no encontrar wifi y de que cuando haya, tire fatal… Intenté hablar con la mamma antes de salir y fue un diálogo para besugos.
Hemos recorrido unos 60 km hasta North Bay, con mucha lluvia a ratos que nos forzaba a pararnos y ponernos las chaquetas y pantalones de plástico, aunque solo fuera para que los coches no nos ducharan al pasar. De nuevo Pak me adelantó y se fue a su bola, incapaz de ralentizar en las cuestas para adaptarse a mi ritmo tortuguil. Fui despacio y muy a gusto, sumida en un estado de extraño bienestar porque esta vez me puse lentillas y gafas de sol y el paisaje oscurecido me daba una enorme sensación de frescor, porque me parecía ir a la sombra.
Para mayor placer, cuando paraba a beber el agua me sabía deliciosa y fresquísima. No recuerdo que me haya sabido tan rica el agua antes… Lo juro: las únicas drogas que tomo son las vitaminas con cafeína, y sin embargo pedaleé en un estado de feliz embriaguez, puramente psicológica, alucinando con los paisajes agrestes y las nubes increíbles.
Cuando faltaban unos 15 km, Pak me estaba esperando con un refresco que había comprado en un garito: tomamos un desvío de 7 km muy agradable por una carretera secundaria, charla con una ciclista incluida, y al poco rato ya estábamos en North Bay.

Qué lugar más peculiar, qué rótulos en las tiendas, cada cual más rarita, y que rica cena en un restaurante. ¡Nos supo!
Día 68 del viaje, jueves 26 de julio. Hoy he dormido genial, de un tirón y profundamente. Una de esas pocas ocasiones en que uno se despierta sin tener ni idea de dónde está, de lo que le cuesta al cerebro salir de los brazos de Morfeo.
Hablando de brazos, tengo una picadura en uno que es monumental. De unos 3 cm de diámetro, me deforma el brazo. ¿Qué bicho habrá sido esta vez? Sin exagerar: tengo una buena sesentena de picaduras por todo el cuerpo.
Hemos hecho 87 km de carrusel, colina arriba, colina abajo, cada uno por su lado porque no podíamos aguantarnos nuestros ritmos. A los 60 km por fin se conectaron nuestros walkies: Pak me estaba esperando en una zona de descanso y unos pocos km más de subir y bajar estábamos en Mattawa.
En el camping no había sitio porque mañana empieza el “festival de voyagers”, y como somos voyagers y nos hemos pegado esta paliza de casi 80 km, nos han hecho el favor de dejarnos acampar junto a la playa. También ha acampado Max, otro ciclista de Montreal y hemos acabado cenando con él en un pub local. ¡Pierogis, he cenado yo! Y bastante buenos.

Día 67 del viaje, miércoles 25 de julio. No hubo osos por la noche. Normal, porque no paró de diluviar. Por lo visto se ha marcado un récord de cm cúbicos de lluvia, no superado desde 1969.
Salimos bien fresquitos por la Highway 17, atravesando la zona militar que rodea el camping como si tal cosa; aquí no están tan histéricos por el tema seguridad (y ojalá puedan seguir así de tranquilos, aunque el último ataque en Toronto haya soliviantado los ánimos).
La autopista fue llana hasta Deep River, luego empezó a ser colina arriba y colina abajo. Factible, pedaleable… Y con arcenes pasables, pero Pak se hartó un par de veces y me sobrepasó. No le culpo.
Me cagué en la madre de algunos de los camioneros que me pasaron a un escaso metro. Pobres madres, qué culpa tienen de que les hayan salido así de energúmenos.
Llegamos al paradisíaco camping Lake View e insistí en preguntar. Barato y precioso pero sin lavadora ni wifi. Hemos lavado a mano y no tiene pinta de secarse bien. Los mosquitos están encantados de conocernos… Hemos cocinado lo que hemos podido y mañana desayunaremos sin leche. Pero esto es precioso y a mí me compensa. Dormiré tranquila y me hace falta.

Día 66 del viaje, martes 24 de julio. La previsión era de lluvia pero no se cumplió. Por la noche sí llovió y Pak ha debido cargar con la tienda mojada, el pobre, pero a lo largo del día ni una triste gota nos ha concedido el beneficio de refrescarnos de este asqueroso y pegajoso bochorno.
Estoy acribillada de picaduras, entre la ruta de ayer, el camping y la ruta de hoy. A algunas especies de bichos se la refanfinfla nuestro magnífico repelente.
También estoy reglosa perdida pero esta vez lo tenía cuidadosamente previsto y no he arruinado más el saco. Voy a escribir a los de la marca del saco y me voy a cagar en su p… madre. ¿A quién se le ocurre hacer el saco de mujeres de color azul claro y verde claro? El de hombres es negro por fuera y ROJO por dentro, qué ironía. No, no podemos intercambiarlos porque el mío es más cálido: tiene más plumas.
Hoy hemos alternado carretera con sendero, de hecho el sendero no estaba previsto, pero tenía tan buena pinta que hemos caído en la trampa. Nos ha tocado arrepentirnos porque enseguida se convirtió en un camino de grava intransitable y, cómo no, lleno de bichos.
Muy amable, el de turismo, de recomendarnos el camping Black Bear. Lo que no nos dijo es que se llama así porque está infestadito. Tenemos instrucciones estrictas y un teléfono para llamar a los militares si oímos un oso fuera de la tienda.
Día 65 del viaje, lunes 23 de julio. Bochorno algo agobiante, si bien por suerte se nubló pronto. Fuimos unos 35 minutos por sendero y los mosquitos no nos dieron tregua, a pesar del repelente y las mallas de la cabeza.
Muchas ramas caídas… Hasta que llegamos a un árbol entero caído, y Pak improvisó una sierra con un hilo de metal que tiene al efecto y se puso a cortar ramas. Descargamos las alforjas y pasamos todo penosamente sobre las ramas.
Al segundo árbol caído ya nos rayamos y salimos a la carretera por una cuesta enorme en la que tuvo Pak que ayudarme a empujar.
Paramos en Fort Coulogne, acalorados y reventados, y decidimos comer algo, abastecernos con más comida y pillar wifi en la biblioteca. Menos mal porque hemos llegado al camping y de wifi, nada. Ahora, el hombrito, fan del scrabble y los viajes transcanadienses, nos ha dejado acampar gratis, así que a caballo regalado…
Allí rescaté a un animalillo que se había quedado atrapado en un cubo, un punto más para mi karma.

Día 64 del viaje, domingo 22 de julio. Soñé que era leona y paseaba por el piso, muy extraño y algo perturbador. Al final me va a pasar con Gatineau lo mismo que con Leipzig: ciudades que me enamoran pero a las que no vuelvo porque mi subconsciente me lo desaconseja por diversos motivos.
Salimos a las 9 y ya no coincidimos con Louis y Fanny, que habían llegado tarde de juerga la noche anterior. Pasamos delante del salón varias veces, cargando primero el equipaje, luego las bicis… Pero por suerte no despertamos a Fanny.
Salimos de la ciudad pasando junto a la exposición Mosaïc Culture y por un carril bici estupendo, donde Natalie, una chica muy maja, nos paró espontáneamente para darnos el teléfono de sus padres en Manitoba, insistiendo encarecidamente que no nos cortáramos y pidiéramos pasar allí la noche.
Rodamos unos 80 km y finalmente fue un día muy sui generis, la comida una birria en un restaurante de camioneros, la perra “Canela” que nos acompañó 6 km desde Quyon (bromistas catalanes abstenerse) y que nos dejó muy preocupadejos por su bienestar, y el camping gratuito en un parque en Shawville, ducha incluida en el parque infantil donde me partí de risa entre chorro y chorro; realmente me carcajeé como en la primera infancia.
