We haven’t had good wifi connection for many days now, that’s why we’re a bit late for our next post in http://www.pakette.org. Sorry!
Continúa el “cortar y pegar” de mi diario personal…
Día 63 del viaje, sábado 21 de julio. Hoy dormí muy bien, me desperté sintiéndome agradecida de la vida, agradecida de tener a Pak a mi lado (qué más da dormir en el suelo con nuestras estupendas esterillas), agradecida de oír cerca, en las habitaciones contiguas de este piso mágico, los ronquidos de estos amigos que apenas hemos conocido pero con los que desearía conservar el contacto, por si se vuelven a cruzar nuestros derroteros.
Qué negativa soy, por lo general. Y qué bien sienta estar llena de optimismo para variar.
Hoy reparamos por fin los remaches de las dos alforjas negras chez le cordonnier, Eugénio, portugués de pro; también le arreglé a Louis el pantalón que le habían arruinado dos alemanes visitantes y acabé de preparar el regalito que queremos mandar a una amiga, collage incluido. Una mañana muy artística…
Quedamos en Ottawa con Louis y Fanny en un café-librería muy bohemio, el Black Squirrel, pero apenas llegar tenían encargos que hacer y Pak y yo nos fuimos a comer a un pub. Luego llegó Louis, nos reunimos con Fanny y fuimos a comprar y a preparar la cena a casa, gazpacho, ensalada y cerezas, fresquísimo y riquísimo todo.
Se han ido a un evento en un barco, tan jóvenes y guapos ellos, y nosotros nos quedamos a preparar las alforjas para mañana. Llevamos dos días sin wifi y sin duda los hemos vivido más intensamente. Hay que desconectar de vez en cuando…
Día 62 del viaje, viernes 20 de julio. Las últimas líneas de la entrada del jueves las escribí en un leve estado de embriaguez, en un pub en Ottawa, pero en los dos días que llevo sin escribir no ha cambiado mi opinión de estas dos ciudades. El jueves por la noche conocimos a Louis, uno de los anfitriones más encantadores que hemos encontrado en lo que llevamos de viaje. Menudito, lleno de vida, tan lindo, partiéndose de risa por todo, hablando con su español aprendido en América Latina…
Llegó agotado del trabajo pero compartimos nuestras cenas y cervezas, charlando como si ya nos conociéramos de antes. Esa noche fue algo incómoda porque estaba el habitáculo lleno de mosquitos y polillas, por haber estado charlando en la terraza con la puerta abierta. Recuerdo haber despertado una vez y ver una enorme polilla posada en mi brazo, pero la aparté como si nada y seguí durmiendo. Me he acostumbrado mucho a los bichos, y más que me tocará acostumbrarme… Al menos el cuerpo ya no se me llena de ronchas como antes: parece que ya no tengo las mismas reacciones alérgicas que me daban al principio.
La banda de música de Montreal que debía dormir anoche en el salón contiguo vino y se fue, o mejor dicho se fueron dos y dejaron durmiendo al batería. Con él charlamos largo y tendido en el desayuno, de sus varias bandas y de esta en particular, Pink Cocoon. Fue muy gracioso el momento en que vinieron los dos componentes melenudos que faltaban: Pak acababa de raparme y les ofrecimos pelarlos a ellos. Dijeron que nanay, claro…
Nos pasamos la mañana haciendo colada y limpieza, al fin y al cabo ya habíamos tenido bastante de visita turística y gastronómica la tarde anterior. Luego salimos a comprar comida con un calor horroroso, y a la noche nos reencontramos con Louis y su amiga gaspesienne Fanny, encantadora e inteligente (traductora tenía que ser ;-).
Comimos lasaña hecha por Louis, bien regada con cerveza y vino, y nos fuimos a la orilla del río a hacer una hoguera y bañarnos. A mí me entró una agradable, algo dolorosa nostalgia de juventud de mis cervezas junto al Rhin. Fue muy mágico, charlando en torno al fuego, Louis columpiándose en una rama, los demás recostados sobre la arena con el reflejo del fuego. Volvimos al piso, Pak abrazándome para que no pasara frío, qué bien sienta y que fácil es despistarse a veces de lo mucho que tiene una.
Oh, es cierto, ya no soy joven y muchas vivencias tienen algo de déjà-vu, pero soy muy afortunada de poder vivir esto, cada vez soy más consciente de que esta vida nómada es dura, pero te sume también en un estado de eterna juventud.
Día 61 del viaje, jueves 19 de julio. Hemos dormido genial y en silencio absoluto. Largo desayuno con Denis, Valérie, Raphaël, Manon y Lison y luego nos despedimos todos, también con la otra Manon, antes de rodar a Gatineau.
Fuimos los 30 km con la familia. Animalicos, pensaban que nosotros seríamos más rápidos y les adelantaríamos, pero yo iba fundidísima para no variar. Fundida pero contenta.
Gatineau es preciosa, ciclable, multikulti, maravillosa, y ya la he puesto como n° 1 en mi lista. Nos quedamos dos días encantados, aunque hoy haya que dormir en el balcón de Louis porque ya tiene otros invitados. Su piso me ha recordado 100% a mis tiempos de estudiante en Alemania, quizás haya influido eso en mi apreciación de esta ciudad alucinante.
… Hemos pasado un puente con vistas increíbles y ya estábamos en Ottawa. De una ciudad preciosa con idioma oficial francés a una ciudad vibrante con idioma oficial inglés en un puñado de metros. Estoy impresionada, enamorada, yo quiero vivir en Gatineau y trabajar cada día en Ottawa, y cruzar cada día ese puente en bicicleta aunque en invierno se me caigan los deos del frío. Me imagino patinando sobre hielo en el lago, Pak currando todo el año en camiseta, y en verano a torrarnos en las terracitas o paseando por el mercadillo. Si hay un lugar que lo tenga todo, ambos climas, vida urbanita, es aquí y ahora.
Día 60 del viaje, miércoles 18 de julio. Dormimos genial y nos despertamos en este camping paradisiaco, yo con ganas de bañarme de nuevo en el río y quedarme un día más, pero sabiendo que quizás nos responderían los siguientes WarmShowers y entonces habría que hacer más de 80 km, como así fue finalmente.
Pasamos por un pueblo precioso, Fesset, pero Pak me adelantó y salió disparado, así que ni hablar de parar a hacer fotos, ya buscaré alguna en internet… Comimos una ensaladaza en Montebello y ahí supimos que sí, había que llegar a Mannon-Angers, así que valor y al pedal…
No llegamos a entrar en el parque nacional porque el sendero tenía una pinta de angosto y mosquitoso de echarse a sudar y maldecir todos los muertos de los encargados de mantener el parque, así que fue todo carretera 148 p’alante y a las 5 ya estábamos sentados junto al laguito de Denis y Manon, vinito blanco y cervecita en mano. Al rato vino esta familia increíble de franceses con dos crías de 5 y 7 años a cuestas, olé su valor. Antes de tener las niñas ya hicieron viajes alucinantes por Asia y lo milagroso es que sobreviviesen a algunas de sus anécdotas de guerrillas, caciques y mafiosos varios.
Día 59 del viaje, martes 17 de julio. Dormimos reguleras porque el sofá-cama era muy blando, pero oye, encantados de estar en seco, muy agradecidos con Matt.
El mozo se fue a currar y nosotros esperamos hasta las 9, que dejó de llover. Hoy íbamos a hacer 80 km pero tras varias carreterillas y senderillos de carril bici, al pasar por una Marina preciosa, preguntamos si era camping y nos mandaron a la recepción, un poco más lejos… ¡Y por 11 $ nos dejan plantar la tienda junto a la playa y usar todas las instalaciones! El único requisito: no plantar la tienda hasta las 18 e irse antes de las 9.
Día 58 del viaje, lunes 16 de julio. Dormimos genial, al fin. Hicimos otra cincuentena de km por una carretera feísima, con mucho tráfico y calor. Yo iba tapada para no volverme a quemar sobre lo quemado, que tiene pinta de que se me va a pelar ya.
Llegamos a St-Jérôme y nos acomodamos en una mesa a la sombra fuera de la estación, a hacer tiempo mientras llegaba Matt, nuestro anfitrión, a su casa. Teníamos ingredientes de sobra para comer y pasamos un buen rato surfeando, comiendo wraps de ensalada y queso y bebiendo un refresco tras otro, porque estábamos muertitos de sed.
A las 4 enfilamos hacia Mirabel, no sin antes pasar por una fuente a calarme toa y refrescarme, porque aún rodaríamos 8 km por un delicioso carril bici hasta la casa de Matt. Muy majete, el muchacho, de unos 30 años; acababa de mudarse por un nuevo trabajo y tenía el piso manga por hombro pero nosotros estuvimos encantados de que no nos lloviera por la noche. Combinamos nuestra pasta con sus verduritas y maíz, regados con las cervecitas buenas que habíamos comprado. Hablamos de la ruta y no fue el primero ni el último en decirnos que nos vamos a cagar en las praderas, porque tendremos que recorrer cada día 100-200 km si no queremos dormir entre osos.
Día 57 del viaje, domingo 15 de julio. Ayer no tiraba nada bien el wifi del camping, a ver qué tal hoy… Dormí fatal por culpa de los borrachos, las ardillas ladronas y la tormentaza eléctrica.
Mucho calor hoy, he ido muy tapada para no quemarme de nuevo, sobre todo los labios, que me amanecieron pegados y no pude hablar un buen rato (Pak estaría aliviado :-). Tanto esas quemaduras como las de las piernas progresan adecuada, pero lentamente.
Hemos llegado a un camping regentado por unos jubilados, muy cuqui, con jardincillos por doquier, muy tranquilo… No tiene wifi y por no tener, no tiene ni papel H, pero hemos podido hacer colada y tiene pinta de que hoy sí podremos descansar.