Semana 7: We all live in a yellow submarine

IMG_20180704_143326You’ll be able to read our next post soon, in English or most probably French this time, at http://www.pakette.org.

Estos son extractos de mi diario personalísimo. No pretenden ser literatura… Escribo generalmente por la noche, tras muchos kilómetros pedaleando. Recuerda: it sucks!

Día 49 del viaje, sábado 7 de julio. Pese a ser sábado y coincidir con nuestro noveno aniversario juntos, no hemos planeado nada especial y hemos hecho una larga jornada de 89 kilómetros, por suerte sin mucho calor ni grandes cuestas, aunque algunas rachas de viento rozaban los 30 km por hora. ¡Ya celebraremos en la ciudad de Quebec!

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Niemand da? Ja! Pasteles sí cayeron.

Un culotte hortera rosa, bastante malucho, que me costó baratejo en el Decatlón, merece la mención de honor como prenda deportiva de este año. Durante el Camino de Santiago no me convenció pero ahora que he adelgazado una talla, es el único que no me roza ni pliega la badana al más mínimo movimiento. Así que alternaré este y el largo hasta que encuentre algún otro decente. Nota mental: tengo que hacer una entrada monográfica sobre culottes y otras prendas que, o van bien, o son instrumentos de tortura.

Hoy un potencial anfitrión de WarmShower nos ofrecía ir a las fiestas de su pueblo (desviándonos 7 km al sur) y alojarnos allí, pero con el estado de mis partes, la incertidumbre de si podríamos ducharnos o si encima había que estar de juerga, por cortesía, hasta altas horas de la noche, me parecía poco conveniente. Estoy lejos de estar curada y esta abuela necesita dormir… Ya lo siento por Pak porque él está fresco como una rosa y lo hubiera pasado bien.

Hemos ido a un camping en Saint-Roch-Des-Aulnaies con una tarifa reducida para ciclistas, pero no sabemos de dónde sacan que merece 5 estrellas… Está petado a reventar de familias ruidosas y las instalaciones dejan bastante que desear.

Día 48 del viaje, viernes 6 de julio. Ruta muy relajante, día fresquito y pocas cuestas, menos de 50 km para que no sufrieran mucho mis partes después de la tortura de ayer de 70 km con calor horrible.

 

IMG_20180706_191050Dormí bien, me recuperé un poquito. Agradable desayuno con Denise y François. A ver si les encuentro alguna página sobre el Camino de Santiago en bici y se la mandamos.

Hemos llegado tempranito al camping de Rivière-Du-Loup y hemos ido a comer al lado, luego un helado, relajaditos, cambio de cadenas de las bicis (¡ya más de 2000 km!), colada, ordenar alforjas…

Yannick nos ha dejado un comentario estupendo en el perfil de Warmshowers. Qué maja pareja, qué gusto da cuando notas que hay conexión con otros ciclistas. Nos alegran el día, a mí me sacan de la miseria, estos encuentros y conversaciones.

 

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Día 47 del viaje, jueves 5 de julio. Lo más destacado del día es que tengo la vulva en carne viva, no puedo ni cerrar las piernas ni ponerme nada encima. Toda la zona, toda. Me he echado crema y estoy viendo las estrellas. Espero recuperarme durante la noche porque así no puede montarse en un sillín este chichi mío.

Voy a intentar narrar el día desde el comienzo.

No dormí muy bien a pesar de que la habitación que nos dejaron nuestros anfitriones Yannick y Pascale estaba genial. No sé si sería la tormenta en plena noche o el leve ruidillo de la habitación de al lado, o que Pak fue invadiendo mi lado de la cama.

El desayuno fue maravilloso. Hicimos tortilla francesa con nuestros huevos y ellos aportaron todos los demás ingredientes para un desayuno bien completo: fruta, su “nutella” casera que luego nos regalaron… Nos parecieron una pareja estupenda.

Al poco de salir se desprendió uno de los enganches de la alforja negra de Pak. Le propuse cambiar la mía por la suya y llevar yo delante su alforja, amarrada con cuerda y bridas, a ver qué tal aguanta. Si se me hubiera roto a mí a lo mejor me hubiera llevado bronca. O no, desde la conversación de ayer… Simplemente quiero destacar que yo enseguida ofrecí una solución y ningún reproche, y espero la misma actitud si soy yo la que tiene el problema.

Alucinante, el parque de Bic. Precioso paisaje y bonita rodada por la sombra. Pero tras una subida terrible en la que ha tenido que venir Pak a ayudarme a empujar, hemos pasado a la carretera 132 y nos ha aplastado el bochorno. El viento era lo único que nos impedía arder allí mismo.

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Un primor pese a la penosa jornada.

Me explotaba la cabeza de dolor y no podía con el roce en mis partes. Los lugareños se preguntaban seguramente por qué gritaba “cebolla” al pasar (yo decía “¡Coño!” y ellos entendían “Onion!”). Tengo que descartar totalmente mis dos culottes cortos nuevos. Me quedan grandes, se me plieglan donde no deben y me destrozan viva. Tengo unas llagas ahí abajo que no me atrevo ni a mirar.

Hemos comido ensalada en el restaurante D’amours, un helado…. Luego hemos comprado cervecilla para François y Denise y algunos ingredientes para desayuno.

Muy majetes, ellos. De más edad pero encantadores igualmente. Vistas alucinantes de la orilla desde su jardín y su balancín relajantísimo. Estamos en la habitación que nos han dejado, yo espatarrada bajo las sábanas a ver si este horror cicatriza.

Ayer estuve muy mal psicológicamente. Hoy estoy tan mal físicamente que no tengo tiempo de tener cuitas ni comerme el coco. Comprendo ahora por qué hay peña que le gusta sufrir con el deporte: luego ya no tienes el cuerpo, y de la mente ni hablemos, para estupideces metafísicas.

Día 46 del viaje, miércoles 4 de julio. Estuvo muy bien, la experiencia submarinil. El guía era muy salado, el interior impactante. Hubo información, entretenimiento… Lo que menos me gustó fue el test, la tick list. Comprendí a mis alumnos cuando se quedaban en blanco delante de la hoja de examen. Y el guía, el hombrito, el pobre preguntándome si es que había hablado muy rápido. Le dije que no, que yo había comprendido todo en el momento pero tengo dificultades para retener la información.

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Con todo, logré quitarme importancia a mi agobio y acabó bien la sesión, vídeo y cervecita, y dormí bastante bien pese a las estrecheces de los habitáculos submarineros. Ventajas de mi 1’60 m de estatura.

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La mañana comenzó muy bien, paisajito marítimo precioso, aves alucinantes, esa marea baja… Yendo despacio porque eran 9 km nada más a la ciudad.

La tarde se estropeó por una discusión estúpida en medio del tráfico, sobre ceder o no ceder el paso. Ya me agrió el humor varias horas hasta que hablamos por la noche de que no quiero broncas en mitad del tráfico: es peligroso.

Hemos ido a la biblioteca a hacer tiempo y yo he optado por quedarme en el jardín.

Y estando aquí, sentada en el césped, rumiando mis miserias, leyendo para espantarme los demonios, ha venido un hombrito a preguntar si una de las bicis es mía y era tan amable que le he tenido que contestar, contar nuestra historia, una vez más y por enésima vez. No me ha molestado. No me ha importado. La gente te agarra y te saca de la miseria cotidiana y cuando lo cuentas, el viaje parece una experiencia alucinante y sin duda lo es, a pesar de los claroscuros.

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… El día acabó genial. Yannick y Pascale son encantadores, nos hicieron sentir muy bienvenidos en su casa. Nos ofrecieron cervecita, el tartar de salmón que les había regalado de la vecina… Charlamos alegremente hasta que cayó la noche y nos devoraban los mosquitos.

Día 45 del viaje, martes 3 de julio. Hace tres días que no escribo, me da una pereza horrible. Pero me tengo que obligar porque luego es una pena que se me olviden las cosas.

He dormido como una tronca en la habitación fresquísima, maravillosa, que nos han brindado nuestros anfitriones de WarmShowers, Martina y Jose. Ninguna preocupación, ningún ruido han alterado mi sueño esta vez. No sé cuánto tiempo hacía que yo no dormía así.

Jose me prestó su libro Bike Nation y no llegué a acabar de leerlo, pero me parece fascinante, visionario; quiero leerlo y traducirlo y divulgarlo, y ya he escrito a la editorial Penguin y al autor, a ver si suena la flauta.

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Hoy tenemos mucho día libre… Solo tenemos que hacer una veintena de kilometrillos hasta el submarino donde dormiremos, cortesía de nuestra panda de amigos españoles en Bruselas…

Como teníamos tanto tiempo, hemos parado en el Camping Imperial de Mont Joli, no muy lejos de la casa de nuestros anfitriones, a hacer la colada. Les podríamos haber pedido a ellos usar la lavadora pero yo estuve tímida y a Pak ni se le ocurrió…

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Comimos en un restaurante mientras se acababa de secar la ropa y la camarera nos explicó, al pagar, en tono paternalista que en el Canadá hay que dejar el 15% de propina “si estás contento”, porque la propina la declaran y forma parte de su sueldo. Ok, ok, tomamos nota… Para la próxima.

Iremos por la Route Verte, que nos han dicho que es planita y muy agradable. Hace un calor pegajoso cuando no hace viento. Veremos…

Han sido 20 km preciosos por la costa… Pero había que luchar constantemente contra el viento y ha sido muy penoso. Literalmente el viento te obligaba a pararte a ver el paisaje a cada pedalada… Una clavada constante.

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Hemos llegado al submarino 4 horacas y media antes de la hora de entrada prevista. La zona es preciosa, así que hemos paseado despacito y hemos visto incluso a animalejos curiosos (¿un castor?). También hemos comprado algunos ingredientes para bocatas y cervezas y nos hemos sentado en las mesas de picnic frente al submarino. Sí, sí, podemos decir que hemos visto muy bien el submarino por fuera.

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Día 44 del viaje, lunes 2 de julio. Por la mañana nos despedimos de Anne, Francis y sus simpáticos hijuelos, Violette e Ian. Les dejé un par de chorradejas de souvenir, dos llaveros de la Comisión Europea, porque casi no me queda nada para dar a los nenes que nos vamos encontrando. Nos recomendaron evitar un tramo de la carretera 132 para sufrir menos el tráfico y fue genial, ese primer recorrido por carretera rural desierta, tempranito por la mañana.

Luego sí entramos en la carretera principal y empezó el calor húmedo y aplastante. Creo que apenas llegamos a los 30° C pero la sensación térmica era de más temperatura. Ha habido subidas chungas, y a mí me reventaba la cabeza del esfuerzo y del bochorno y me he bajado a empujar la bici varias veces. Sin embargo, he de reconocer que en algunos tramos el asfalto era suave como la seda (¡recién pavimentado!) y en algunas bajadas pillábamos una velocidad vertiginosa, deliciosa a la piel después de tanto calor.

Hemos llegado a Mont Joli, a casa de nuestros anfitriones de WarmShowers, y hemos flipado con su casa y la habitación fresquita que nos han ofrecido. Hemos estado largo tiempo de cháchara en la cocina, muy interesante sobre todo por sus sugerencias de rutas, pero yo estaba muriéndome por ducharme porque no me aguantaba mi propio olor. Supimos que éramos sus primeros huéspedes de WarmShowers y entonces comprendí. Es típico de anfitriones novatos: a nosotros también nos pasó eso de ponernos a hablar y olvidar que lo primero que necesita el ciclista es una buena ducha y luego ya es persona…

Tras la ansiada ducha estuvimos un rato descansando en la habitación y luego bajamos a la orilla del mar, a recomendación de esta pareja. La orilla estaba apenas unos 200 m cuesta abajo de la casa. El agua se veía preciosa en plena puesta de sol, pero entre los mosquitos y el dolor de cabeza que me quedaba de la insolación, no duramos mucho paseando por ahí.

Día 43 del viaje, domingo 1 de julio. El café nos supo bien rico por la mañana: lo había hecho Pak con el hornillo para variar y para gastar combustible, que lleva un par de días cargando con una lata llena.

La jornada transcurrió con calor y carreteras bastante factibles, con cuestas pero también tramos muy bien asfaltados. Yo iba muy fundida de nuevo. Necesitaría un buen bálsamo de Fierabrás que me quite de golpe los dolores, picaduras y me dé energía. No sé qué me podría tomar para darme fuelle, necesitaría un buen consejo profesional. Pak está siempre como nuevo. Yo estoy siempre destrozada, y él venga a protestar por mi pedaleo, por mi cadencia, por mis cambios de marcha, y yo me intento adaptar pero siempre hay nuevas quejas. Yo no puedo dar más de mí, y ojalá supiera explicar por qué, si es mi tensión baja o mi falta de vitaminas o qué. No lo sé.

Hemos llegado a la granja de Anne y Francis y nos han ubicado junto a la casa paterna y luego nos han invitado a cenar, benditos ellos.

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