Semana 3: bailando tango en el fango

(You can read in English Pak’s version of this week and see his wonderful photos at http://www.pakette.org)

Si no entiendes inglés, ya estás tardando en ponerte las pilas y aprender porque la narración es más detallada e interesante en http://www.pakette.org, ¡con fotos estupendas de Pak!

(Esta es una versión censurada y edulcorada de mi diario personal. It sucks, what did you expect?)

IMG_20180608_195657Ayer los músculos no me respondían y me ardía cada picadura de insecto, las viejas y las nuevas. También me dolían todos los músculos y sin embargo era imposible no admirar el camino, porque el Confederation Trail, por el antiguo trazado del tren, era bastante agradable y llano. Transcurrimos despacito entre bosques hasta que cometimos el error de intentar acelerar saliendo a la carretera, y empezó el carrusel cuesta arriba y cuesta abajo. Los conductores debían pensar que éramos gilipollas. Salir del carril bici para sufrir…

Setenta y pico km después llegamos, tarde y agotados (bueno, agotada yo), a un motel a 5 km de Charlottetown, y aún tuvimos el valor, muertos de hambre como estábamos, de ir en bici a cenar, Pak su ansiada langosta, yo unas verduritas salteadas.

Estaremos dos días más descansando en Charlottetown, en otro B&B más céntrico, y poniendo al día rutas y planes.

Estamos ahora escribiendo en la biblioteca municipal, sagrados y preciosos lugares, las bibliotecas, descanso del caminante, solaz de los apenados, ansiosos de olvido en la lectura.

IMG_20180608_233608Día 21, sábado 9 de junio. Aquí en el camping Yogi Bear de Jellystone podría haber rodado Hitchcock “Los Pájaros” porque menudo concierto mañanero. ¿Cuántas especies de aves habrá ahora piando y cantando al mismo tiempo? Yo he contado ya ocho, y dos de ellas no las había oído nunca.

…Se ve que les han “picado las orejas” y sabían que hablábamos de ellas porque me han dejado un regalito sobre el Humphrey Beggar.

Cuando ya nos íbamos nos han invitado los del camping a comer unos hot dogs por el día del padre y hemos salido tardísimo.

Día 20, viernes 8 de junio. Empiezo a poner los días de la semana para saber en qué día vivimos, porque es facilísimo perder la cuenta cuando se vive de esta manera.

Anoche dormimos poco porque estuvimos apalancados hasta tarde en la laundry room, la zona de lavandería del camping, donde había hilo musical (la radio), mesas y sillas… Y estábamos calentitos y leyendo a gusto. La lluvia empezó a las 5:30 pero ya habíamos decidido la noche antes no darnos la paliza desmontando antes de que lloviera: seguimos intentando dormir un poco más y el chaparrón se pasó pronto, así que cuando desmontamos la tienda a las 10, ya se había secado.

La idea de hoy era enfilar hacia Dorchester y luego Moncton, de hecho al final allí nos hubiera alojado una usuaria de WarmShowers. Pero al llegar a la autopista 16, y probar un tramito de rodada a favor del viento, Pak paró y me propuso que cambiáramos radicalmente de ruta y fuéramos a la IPE, la Isla Príncipe Alberto. Yo, como siempre, no tenía mucha información para saber si era o no buen destino, la IPE, pero me pareció cojonuda la idea de dejarnos empujar por el viento en vez de luchar constantemente contra él.

Hicimos unos 55 km deliciosos a velocidad endiablada, por una autopista que tenía arcén como para otro coche. Maravilloso, genial, así sí, claro, con el viento a favor y por una calzada excelente.

Llegamos a un puente impresionante para cruzar a la isla, el Confederation Bridge, de 13 km, y vimos que por seguridad los peatones y las bicis debían ir en una lanzadera que habilitan para ello. ¡Y sólo hay que pagarla a la vuelta! El conductor era un tipo majísimo y nos explicó lo mejor de la isla y nos dio un pin bien chulo.

Estoy en la TV Room del camping, Pak enfrente atareado con sus fotos y Chas, un ciclista canadiense que hemos conocido, un poco más allá, leyendo folletos que nos han dado y flipo, ¡Charlottetown es importantísima en la historia de Canadá y no sabíamos nada!! La isla pinta estupendamente.

Día 19, 7 de junio. Como todos los días, nos despertamos a las 6 pero no salimos hasta las 11 porque nos liamos con gestiones varias. El día empezó con calor y el sendero que tomamos ya no era Great Trail, era un ascazo de camino lleno de huellas de camión, con miles de cuestas para la que teníamos que bajarnos y empujar las bicis entre piedras y lodazales infestados de mosquitos.

Por suerte llevábamos las mosquiteras de cabeza pero en todo el resto del cuerpo se cebaron bien… Necesitaremos un repelente que combine bien con la crema solar.

Llegó un momento que salimos a una carreterilla y Pak sugirió que fuéramos a Amherst por carretera y pasáramos de ir a Baie Verte por el sendero infernal. Me pareció genial porque yo estaba ya desfallecida y muerta de calor y hastío por los bichos. Además me acordé de que en el mapa había visto un camping allí y efectivamente, lo comprobó Pak en el GPS y allá que fuimos. La carretera era una delicia a pesar del viento, y las cuestitas eran un divertido tiovivo arriba y abajo. Hace tres días hubiera echado pestes del viento y del pedalear cuesta arriba en el asfalto y hoy casi me bajo a besar la carretera, por permitirme salir del cochino lodo infecto.

Vimos una mapache muerta en la cuneta, grandes moscones en las tetillas. Qué lindo animalito y qué pena tener que verlo así. Más adelante también vimos un zorro atropellado, de bello pelaje rojizo.

El camping es caro pero hemos podido hacer colada y la duchita y el cocinar sentados en mesas no nos lo quita nadie… Hemos comprado comida para todo el día de mañana.

Apenas hicimos 40 km pero hoy me voy a dormir con la sensación de haber hecho 60 o más. Asco de sendero. Solo se salva por las mariposas amarillas que salieron volando a nuestro paso como en un episodio de Heidi, abuelito dime tú y esas cosas bucólicas que los urbanitas imaginan del entorno rural.

Día 18, 6 de junio. Hoy ha sido un día muy peculiarito, de nuevo duro pero muy agradable. Rodamos hasta Tatamagouche y paramos a tomar un segundo desayuno. ¡Y qué exitazo! Se nos puso a hablar medio pueblo y tenemos al menos 4 tarjetas de visita de gente que quiere seguirnos o incluso escribir sobre nosotros.

Luego rodamos tooodo el día por el Great Trail, caminito de tierra todo para nosotros, con una temperatura deliciosa. Vimos animalitos varios, sobre todo Pak, que iba primero.

Estamos en Oxford, muy diferente al británico, más agreste y salvaje y menos académico. Tiene su encanto también.

Ayer hicimos itv y limpieza de bicis.

Día 17, 5 de junio. Empezó a llover de madrugada y nosotros tan sequitos y calentitos en el salón de actos.

Nos quedamos, porque lloverá todo el día.

Día 16, 4 de junio. Hemos dormido poco, pero bastante bien en el B&B este lleno de mindfulness hasta en la jarra de agua de la habitación (más bien parecía moho, pero no sabemos muy bien lo que es el mindfulness así que podría ser).

Después de un English breakfast, con té y todo, salimos hacia Brule.

El primer tramo fue muy duro. Yo ya empecé rota por seguir el consejo de la dueña del B&B y salir por una zona con mucho tráfico y mucho estrés que me dejó exhausta y temblando ya en los primeros 10 minutos. Y luego, carreterillas tranquilas pero con muchas subidas en las que las capas de ropa se nos hacían insoportables (pero luego en las bajadas nos helábamos). A mí hoy los músculos no me querían trabajar, quizás por falta de descanso o de nutrientes.

Cuando llegamos al caminillo del Canada Trail Pak dijo que llevábamos 26 km solo, tras tres horas de penuria. Y yo dije: “O sea, que aún hay que hacer unos 45 km sin comer”. Entonces por fin accedió a que parásemos a comer y nos fuimos al Debb’s Hidden Café, donde vienen a libar colibríes… ¡Qué maravilla de criaturillas! La comida, ni fú ni fá pero barata, y el lugar pintoresco con sus jarritas de mermelada y pickles.

El segundo tramo, precioso, por el senderillo de grava del Canada Trail. Excepto en el último intento de atajo para llegar a Brule, donde nos comieron los mosquitos y llenamos las bicis de fango antes de rendirnos y retroceder 12 km para buscar una ruta alternativa.

Hemos llegado reventados (bueno, yo, reventada) tras 83 km (sumados a los 63 de ayer, doble reventada) al camping Sunset Watch de Brule Point y nos han recomendado montar la tienda en el salón de actos, dado el frío y viento que hacía (y mañana lluvia todo el día). Y sí, aquí a gustito y al lado de la cocina. El salmón no olió a podrido ni al pasar por la localidad de Denmark, y nos supo a gloria en la cena.

Día 15, 3 de junio. Empezar el día con una sesión de piano de Sylvia transmitida live por WhatsApp, eh, eh, eso motiva.

Remoloneamos un poco para levantarnos, ya que habíamos quedado en desayunar sobre las 10. El plan inicial de Matt era haber ido a las 7 a arreglarle la bici a Wayne y luego volver a desayunar con nosotros. Pero como oímos que estaban los tres trasteando por ahí, nos asomamos sobre las 8:30 y ya nos explicó que había decidido no hacer dos viajes, que ya nos llevaba a buscar nuestras bicis y se quedaba ahí reparando. Crêpes al estilo quebequois, con maple syrup, bayas y frambuesas, qué delicia…

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Comer como si no hubiera mañana

Vino Jack, un amigo holandés de ellos a saludar y poco después ya fuimos para la tienda. Matt nos hinchó las ruedas, me cambió la válvula doblada y nos regaló dos adaptadores para poder usar las bombas de aire en gasolineras. Salimos con buen ánimo, sabiendo (pues nos habían explicado bien el camino) que tras repostar en el manantial nos esperaba una carreterilla serpenteante, recta pero con subidas y bajadas sucesivas cual Loch Ness monster nadando alegre hacia el ocaso.

En las bajadas íbamos ateridos de frío y en las subidas nos moríamos de calor. Nevó y pegó a ratos un viento helador, por supuesto de cara (ya tenemos claro que es lo que nos toca, por haber elegido ir de este a oeste).

No hemos hecho acampada libre porque hacía un frío horroroso. Hemos llegado a las 5 y pico a un B&B de New Glasgow pero no hemos logrado entrar hasta las 8 y media porque los dueños, unos compiyoguis y másteres del universo en meditación estaban en su silent Sunday y no oyeron el timbre, ni nuestros e-mails, ni nuestras llamadas de teléfono, ni cuando Booking les confirmó que habíamos reservado, conectándonos desde un bar cercano, ya desesperados por obligarles a acogernos esa noche.

Pues gracias a su error de no cerrar las reservas en Booking, nos han tenido que aceptar en un día que no iban a aceptar a nadie… La doña, muy amable y correcta ella, nos ha dicho que era error suyo y que por supuesto éramos bienvenidos. Que disculpásemos la espera y hale, aquí no hay wifi ni que los aspen pero estamos cómodos, calentitos y tenemos un salmón pegado a la ventana rezando para no pudrirse de aquí a mañana.

Es un diario, así que las entradas más recientes aparecen en primer lugar, por si no te habías percatado. Yes, I know, it sucks.

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