(Ok, ok, you’ve convinced me –I’ll publish parts of my diary in Spanish and you can still read us in English at http://www.pakette.org.
Esto es una versión muy, muy censurada, y algo edulcorada, de mi diario de viaje, and it sucks, what did you expect? Publicaré por semanas, si me da por ahí…)
Día 7 del viaje, 26 de mayo. Doce horacas de trayecto en bus hasta Port aux Basques, que no se hicieron tan largas porque los paisajes nevados eran impresionantes (no los disfruté más porque odio la nieve).
¡Se han portado genial! El conductor nos ha abierto un compartimentillo todo para nuestro equipaje, y ahí hubieran cabido las bicis perfectamente, sin desmontar las ruedas. Nos habíamos ceñido a la exigencia de desmontar la rueda delantera y los pedales y proteger con cartón las partes que pudieran manchar o arañar las maletas ajenas.
Yo me encuentro hoy menos enfebrecida que ayer. Dormimos de un tirón hasta las 5, hora en que yo me puse a toser como una descosida. Pak ya está casi recuperado del todo, lo que me permite estimar que a mí me quedan unos tres días de convalecencia, ajo mediante.
Día 6 del viaje, 25 de mayo. Tras pasar la noche los dos tosiendo como condenados, amanecí con una sensación angustiosa de ahogo (nariz y garganta taponadas) que se me fue pasando en cuanto me puse en vertical.
Anoche, tras ver el pronóstico del tiempo, ya decidimos salir de Terranova por patas y pasar al Canadá continental, donde sí es primavera. Estamos en un motel casi casi de road movie, y mañana nos esperan 12 horas de bus hasta el ferry (si nos acepta el conductor, que está por ver).
Me duele mucho la garganta. Me como un diente de ajo crudo a diario (so sorry, vampiros) y siento alivio inmediato pero la rodada de hoy de 40 km a temperatura invernal no ayuda… Caeré fundida en media hora y aquí no son ni las 20, pero es que mañana nos espera un día de aúpa, madrugón y estrés de cargar las bicis…
Día 5 del viaje, 24 de mayo. Por la noche cayó la de Noé pero nosotros estuvimos calenticos y secos; aún así nos pilló desprevenidos. Nunca mais, irse a dormir sin mirar el pronóstico del tiempo.
Amanecimos a las 6, como siempre, pero al ir a la gasolinera nos topamos con que no había nada abierto alrededor (la dueña del pub nos había dicho que sí) y habíamos cometido el error de no rellenar nuestros bidones, así que no teníamos nada para beber o hacernos café.
Comimos algo e hicimos tiempo desmontando la tienda. Perdimos una piqueta que no pudimos desclavar de una rama: dentro de unos miles de años alguien la encontrará y será una pieza de museo.
Arrancamos… Nos tuvimos que resignar a pedalear sin haber bebido nada, y no encontramos una cafetería sino dos colinas más arriba. Nos sentamos tras pedir solo café… ¡Y alguien nos invitó a un bocadillo! No sabemos si los leñadores de la otra mesa, tan simpáticos, o los mismos dueños. Qué gente más maja…
Y ahora la parte chunga. Rodada de apenas 20 km, pero se hizo eterna; el viento no nos daba tregua. En algunos tramos nos tuvimos que bajar y luchar contra cada ráfaga, avanzando pasito a pasito. Era huracanado, este viento de hoy. Lo de ayer fue una brisecilla, en comparación. Pienso que, de no ir aferrada yo a los 40 kg de mi bici + equipaje, yo o la bici hubieramos sido arrastrados a la cuneta.
…Y luego ese granizo fino como cuchillas que se clavaban en la piel. Me alegré de llevar gafas aunque no viera un carajo con las gotas. Tuvimos suerte de que hubiera tan poquísimo tráfico en la Trans Canada Highway.
Ahora tranquilos en el camping Blue Fin, en Holyrood. Estamos solos porque la gente aparca aquí sus caravanas como una segunda vivienda pero viene de higos a brevas… Hemos usado la cocina y la lavadora a nuestras anchas. A gustito…
Día 4 del viaje, 23 de mayo. Hemos llegado ya a Bay Bulls y estamos en el pub calibrando nuestras “chances”, como dicen acá por el sur del continente. Ha sido una tortura de pedalada, 30 km en todo momento contra el viento (incluso cuesta abajo, si no pedaleabas el viento te paraba en medio de la cuesta). Si son así los vientos en este país, no me extraña nada que el chamán de la película Hochelaga clamase por su benevolencia.
Hoy haremos acampada libre para ahorrar un poco, que estos días pasados ha sido una sangría de gastos. En esta localidad no hay alojamiento barato.
…¡Y la del pub irlandés nos ofreció su jardín para acampar!!! Encantados estamos… En agradecimiento nos tomamos otra cervecita y aprovechamos para preguntar por la historia del nombre de esta zona, Irish Loop, pero solo obtuvimos una vaga respuesta sobre asentamientos de colonos. Indagaremos…
Día 3 del viaje, 22 de mayo. Hoy ya por fin podremos comprar la pieza que se partió al montar la rueda delantera de Pak, y rodaremos por la costa sur de Saint John’s. Yo solo quiero hacer unos 40 km máximo porque estamos los dos tocados: Pak saliendo de su resfriado, y yo entrando en él.
Iremos a comprar la tija y los sacos de invierno que encargamos en su día, y echaremos a rodar.
…Pues ni 40 km, ni tan siquiera 5… Seguimos en Saint John’s, pero al menos ya en el camping Pippy Park, algo más salvaje que el hostal… Tuvimos que esperar a las 10 de la mañana para poder comprar la pieza que se había partido, y luego ir a comprar combustible, comida… Y las bicis no estaban ni bien regladas, así que tomamos la decisión de ir al camping, economizar cocinando nosotros y mañana salimos a las 6 para por fin rodar al sur. Aquí en el camping estamos rodeados de ardillas, perdices, liebres…
Es maravilloso, me he emocionado y todo cuando ha salido una ardilla a mi encuentro y se me ha encarado, toda chula. Seguramente me ha dicho: “¿Qué pasa, tronka? ¿Tienes algo para mí?” Y como me he quedado embobada y no le daba nada, se ha largado.
(Días después aún me acuerdo de la ardilla cuando salen otros animalillos a nuestro encuentro, y me viene a la memoria la letra de aquella canción de los Ilegales: “Hola mamoncete, ¿qué haces por aquí? ¿Buscas algo que comprar?”)
Día 2 del viaje, 21 de mayo. Hoy era festivo en Canadá y dimos un par de paseillos por la ciudad, intentando en vano encontrar alguna convenience store para comprar comida. Apenas había locales abiertos y desayunamos en una cafetería pija, mejor dicho pihippy donde aprendí que, en términos canadienses, un Caffè Latte grande es lo menos de medio litro. El Pak se pidió un scone de grosellas que estaba muy bueno, y yo un wrap de espinacas. Dimos un paseillo pero aparte del Manneken Pis gigante de una tienda de cervezas, y las casitas de colores alineadas en fila, poco llamaba la atención de la ciudad. ¡El sonido de los neumáticos! Los coches suenan diferentes, quizás porque llevan neumáticos de invierno.
Luego fue el zafarrancho de reorganizar el equipaje, cenamos en un fast food indio y volvimos al hotel. El día no es nada destacable, pero nos vino bien para organizarnos y secar todo lo que se nos caló ayer.
Porque ayer… Al final, menuda locura. Un montón de horas en el aeropuerto para montar las bicis, para que al final, por la tija que se partió, hubiera que empujarlas a pie, bajo la lluvia, hasta la siguiente parada del bus, que estaba lejísimos del aeropuerto. Las calles sobre el mapa parecían pequeńas, y sin embargo el camino era eterno; nos costó comprender que la escala del mapa que nos habían dado en Información del aeropuerto daba lugar a equívocos.
Con todo, acabó bien el día. El conductor del bus simpatiquísimo, la peculiaridad de los buses de este país (piden la parada tirando de un cable, y tienen delante del morro del bus una parrilla para llevar bicis) y luego la grata sorpresa del hostal y la cena estupenda del Fish Exchange. Dormimos genial por primera vez en no sé cuántos días.
Dia 1 del viaje, 20 de mayo. Me ha impresionado la película “Hochelaga, Land of Souls”, que estoy viendo en el avión. Un relato precioso, con paisajes alucinantes de Montreal, y mucho de su historia. Me han dado unas ganas enormes de recorrer Canadá.
Hoy sí que siento el gusanillo, hoy ya sí… ¡Y ahora mismo estamos sobrevolando Saint John’s!!!!!
Hoy es el día 0, 19 de mayo. Mañana comienza la otra cuenta, atrás o adelante, según se mire. Hemos llegado tan agotados a este día, que no hemos tenido tiempo de sentirnos de ninguna manera especial. Yo, al menos, no acabo de creerme que esto ya está en marcha. Solo tuve un momento de preocupación en el momento de aceptarnos el equipaje, de si nos pesarían o medirían con lupa cada paquete, pero nos tocó una novata que no pesó ni midió nada. Ley de Murphy… Llegamos a ser más descuidados y nos hubiera tocado un(a) petardo/a.
También es destacable el momento de alivio cuando ya, por fin, nos sentamos en el avión, que salió con retraso por un problema técnico. Nos deseamos buen viaje con un beso, y yo felicité a Pak por haberlo conseguido, por haberme arrastrado a este proyecto. No daba un duro, hace unos meses o incluso años, por que él lograra sentarme en este avión. Si hubiera apostado, habría perdido.
En mi última visita a Salamanca destruí las páginas de mi diario en papel. Una lástima, en parte, porque tenía dibujos y relatos curiosos. De la destrucción no sobrevivió ni el guión del cuento ilustrado de la leona e hipo, que ahora vuelve a estar ya solo en mi memoria. Pero tuve que romper todo, sin más selección y sin releer nada, porque entre joya y joya salía mi yo horrible, mi yo oscuro, y daban miedo esas páginas. Al final siempre destruyo todo lo que escribo. Así que léeme ahora que puedes…