Libertad es el nombre de una niña, un personaje creado por el genial Quino, con la que comparto muchos rasgos: pequeñaja, iracunda, sensible a la injusticia… Hacía tiempo que no me acordaba de este personajillo entrañable de las tiras de Mafalda.
En realidad el título de este post se refiere al alivio que vengo experimentando de un tiempo a esta parte a medida que me voy despojando de todos los bienes materiales e inmateriales que han invadido mi vida hasta ahora, como la mala hierba.
Deshacerse de todo exige, contra todo pronóstico, grandes dosis de egoísmo. Requiere olvidarse de los demás y pensar en lo que uno realmente necesita, a costa, si es preciso, de perder amistades y enemistarse con la familia.
Aquí. Ahora. El pasado no importa. El futuro no existe.
Me vienen en flashback recuerdos de pequeños momentos de libertad: nadar en pelotas en el mar, tirarse al vacío en paracaídas, acelerar al máximo un vehículo… Supone transgredir los límites de tu vergüenza, de tus miedos, del statu quo... Y hacer por una vez lo que te viene buenamente en gana. Subidón.
Os deseo sinceramente que, como yo, os liberéis un día de todo lo que os es tóxico. Que os salgáis de este grupo de WhatsApp estúpido, que bloqueéis a esa persona tóxica, que dejéis a esa pareja que no os ama como os merecéis, que botéis ese trabajo de mierda que no os gusta, que salgáis a la carretera y echéis a correr con el viento en la cara.
Es maravilloso empezar de cero o de casi cero. Yo no he acabado aún de hacer limpieza, estoy en pleno zafarrancho… Pero pronto llegará. Libertad.