Sororidad viene de “sore”

Pasó ya la semana de eventos en torno al Día Internacional de la mujer trabajadora y ya solo nos queda una leve resaca y los restos de la fiesta por barrer. Sí, seguramente sean mujeres quienes barran esos restos. Esto no va a cambiar de un día para otro, por desgracia.

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El Jueves, esta semana.

El debate entre los géneros y entre las generaciones ha estado bien servido, pero seguimos sin entendernos entre nosotras y tampoco acabamos de entendernos con ellos. Yo creo que “sororidad”, más del francés sœur (hermana) debería entenderse que viene del inglés sore, adjetivo que quiere decir, en ambos géneros puesto que en inglés no hay distinción, escocido/a, dolorido/a, magullado/a.  Y es que a todas nos une el dolor, el escocimiento, la magulladura de sabernos menospreciadas, ninguneadas y en ocasiones, maltratadas y abusadas, pero aparte de las desgracias y la discriminación, poco más nos une.

Las mujeres discrepamos, como cualquier persona, en asuntos de política, economía, feminismo y machismo, educación, religión, sexo, empleo, alimentación, ocio, transporte, crianza, decoración, deporte, moda y modos de vida. Rara vez encontrarás a dos mujeres que coincidan en casi todo. Yo no coincido, creo, con ninguna. Sí tengo amigas a las que comprendo y me comprenden, pero no estamos de acuerdo ni en un 60% de las cuestiones más esenciales de la vida.

Para decir que sororidad viene de sœur, tendríamos que entender que, en general, somos hermanas mal avenidas que solo se unen en la adversidad. Somos hermanas de esas que se llevan mal, que se odian a muerte, que se hacen perrerías y para colmo se echan el muerto la una a la otra, chivándose en falso a los padres. Mientras nos va bien, miramos por nuestro propio interés. Pero, ¡ay! Como a alguien se le ocurra atacar a mi hermana… Pobre de él (o ella). Porque mi hermana es mi hermana y, aunque no esté siempre de acuerdo con ella, la defenderé a tortazo limpio si hace falta y contra viento y marea.

Por eso yo prefiero decir que sororidad viene del inglés sore, porque compartimos escozores similares por el mero hecho de ser mujer, pero no de sœur porque de hermanas tenemos poco o nada.

 

Qué no es sororidad

Sororidad no es tener que apoyar incondicionalmente a una mujer por el hecho de serlo, ni tener que empatizar con otras mujeres por el hecho de compartir género. Hay mujeres que se ofenden terriblemente cuando otra mujer discrepa con ellas, les ataca o critica, y apelan a esa sororidad mal entendida según la cual una mujer no debería contradecir a otra mujer.  Sin embargo, para salir de la estructura paternalista de esta sociedad también hace falta adquirir la madurez de saber encajar los errores y los fallos; aceptar la crítica (siempre que sea constructiva) y estar también dispuesta a criticar.

 

Incluir a los hombres en el debate

A las mujeres nos falta hablar más entre nosotras, pero también nos falta tenerlos a ellos presentes en la conversación. Cuando las mujeres debatimos (si es que debatimos, porque algunas prefieren callarse y aguantarse) rara vez lo hacemos con los hombres delante, y así está el patio: que si no se enteran, que si no se implican, que si no comprenden.

Lo que pasa es que nadie nace con ciencia infusa. Vamos a empezar a hablar con ellos y a escucharles y a insistir en que entiendan qué es lo que nos tiene tan escocidas, tan sore, en nuestros quehaceres cotidianos. Y ellos tienen también que hacer un esfuerzo por sentarse con nosotras, escuchar activamente (y no con la cara de fastidio y condescendencia que ponen algunos) y explicarnos su visión del mundo y en qué discrepan con nosotras, para que les entendamos y cuadremos entre todos nuestros puntos de vista.

 

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